«Me sorprendió la hospitalidad de la gente de Irán»

Julián Rey Chico. / lv
Julián Rey Chico. / lv

El fotógrafo murciano, Julián Rey Chico, presenta 'Retratos de un nómada', su primer libro

MINERVA PIÑERO

Nepal, Israel, Kazajistán, Rusia, Etiopía, Bangladés y hasta noventa países más, repartidos en los cinco continentes. Este es el número de destinos que ha visitado Julián Rey (Murcia, 1993) durante los últimos ocho años; lugares que ha fotografiado y que comparte en 'Retratos de un nómada', su primer libro, compuesto por trescientas imágenes. Después de trabajar como auxiliar de vuelo durante tres años, ha decidido retomar Derecho en la UMU, «la carrera que dejé a medias», explica el joven, quien añade que «el portal de viajes Nomad Manía dice que soy la persona menor de 30 años que más ha viajado de España».

-¿Qué país le ha sorprendido?

-Irán. Desde Occidente, es un sitio al que vamos con algunos prejuicios metidos en la cabeza. A mí me sorprendió la hospitalidad y la mentalidad de la gente, la población es mucho más tolerante y abierta de lo que nos imaginamos.

-¿Dónde se ha sentido más inseguro?

-En algunos países africanos, sobre todo. De hecho, en la capital de Etiopía, en Adís Abeba, intentaron robarme: un grupo de cuatro personas me atracó en el aeropuerto. En estos países, como no hay prácticamente personas blancas, te ven llegar y automáticamente piensan que eres rico, que tienes dinero.

-¿Cómo escapó?

-Tuve que subirme a un taxi que estaba ya en marcha; me lo iban a quitar todo. Río de Janeiro también me impactó. Allí estuve viviendo en una favela. Por el día, la situación era sostenible. Por la noche, en cambio, había tiroteos, la Policía llegaba para detener a narcotraficantes...

-¿A qué cultura le costó acostumbrarse?

-A la de la India. Es un país muy complicado y superpoblado, donde las condiciones higiénicas muchas veces son mínimas. Hay que tener mucho cuidado con la comida y la bebida. En Nepal también me encontré con situaciones que me chocaron bastante. Recuerdo visitar un templo en Katmandú, donde había un río. Y en el mismo río te encontrabas a niños bañándose, a gente bebiendo agua, a otras personas que cremaban a los muertos... Cuesta bastante asimilarlo.

-¿Cuál es el transporte que más ha utilizado?

-El tren, seguramente. Es un medio que prácticamente se encuentra en todos los países y que me gusta bastante. En este transporte, además, puedes ver cómo son las personas de cada sitio, entrar en contacto con ellas, disfrutar del paisaje y contar con más comodidades que en un autobús.

-¿Y el lugar más insólito en el que haya dormido?

-El templo de Pashupatinath, en Katmandú, la capital de Nepal. Los monjes que van a ese templo, que está lleno de toros, monos y vacas, viven en unas cuevas; son personas que han pasado toda su vida allí. Para ellos, cada animal tiene una acepción, una misión. Los monos, por ejemplo, son los encargados de ahuyentar a los espíritus. Pasar un día con ellos fue una experiencia única. Saber que estos monjes nunca han salido de allí me impactó bastante.

-¿Cómo ha podido financiarse tantos viajes?

-Bueno, al principio viajaba de una forma bastante precaria; lo más complicado era buscar viajes muy baratos. Pero conseguí hacerme experto en eso. Dormía en hostales, albergues, estaciones de tren y de autobús. Con el tiempo, aprendes a economizar al máximo. Además, hay países más baratos que cualquier sitio europeo, donde se puede subsistir con cuatro o cinco euros al día. Ocurre, por ejemplo, en África, en el sureste de Asia, en Suramérica... He aprendido a no necesitar mucho dinero para viajar.

-¿Qué más ha aprendido?

-Que en el fondo todos somos mucho más parecidos de lo que creemos. Incluso en la isla más remota del Pacífico te encuentras con gente que piensa, siente y ve la vida de la misma forma que tú. También he aprendidoa valorar las cosas que no solemos apreciar, como tener a la familia y amigos cerca, como poder dar una vuelta por tu ciudad con tu gente. Aunque estés a miles de kilómetros en una playa espectacular, si no están las personas que aprecias a tu lado, no la disfrutas por completo.

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