«Quiero cambiar la sensación negativa que producen los funerales»

Mónica Martínez. / lv
Mónica Martínez. / lv

La arquitecta Mónica Martínez Vicente participará mañana en el simposio internacional 'Culturas funerarias en Europa'

MINERVA PIÑERO

Aunar la técnica y la creatividad. Este era el sueño de Mónica Martínez (Las Palmas de Gran Canaria, 1979); la misión que ahora cumple en Memoory, su proyecto. Licenciada por la Universidad Politécnica de Valencia, la arquitecta, quien explica que «los recursos de la naturaleza, introducidos en la arquitectura, mejoran las capacidades cognitivas de las personas», participará mañana en el simposio internacional 'Culturas funerarias en Europa', donde expondrá 'Arquitectura emocional. Una mirada al futuro próximo en la transformación de cementerios', su conferencia. El encuentro comenzará a las 17.00 en el Edificio Moneo, donde será la cuarta ponente.

-¿En qué consiste Memoory?

-En rediseñar el final de las personas para que sea más acorde a los gustos y anécdotas de quien fallece. En lugar de dejarme llevar por lo estipulado, traslado los conceptos de la arquitectura emocional a la arquitectura funeraria. En nuestra cultura, el funeral es un tema muy tabú, produce rechazo, negatividad y pesimismo. A través de elementos muy sencillos de la arquitectura pretendo, poco a poco, cambiar esa sensación negativa, dramática y oscura que producen los funerales. Se trata de diseñar el final de las personas desde tres perspectivas: la física, la emocional y la social.

-¿Cuáles son las características de la arquitectura emocional?

-Los espacios, por sus colores, alturas y texturas, pueden crear unas u otras connotaciones. Por una combinación de parámetros, pueden hacer que te sientas tranquilo, agobiado, triste, alegre... La arquitectura emocional es aquella que, a través del espacio, puede cambiar las emociones y sentimientos de una persona. En las colas de los aeropuertos, por ejemplo, cuando vas a facturar la maleta, la gente suele agobiarse. Si estos espacios tuvieran vistas a jardines o a árboles, con agua cerca, se reduciría la sensación de agobio. Los elementos de la naturaleza harían que estas colas se percibieran de forma diferente. Así nos afecta la arquitectura emocional.

-¿Cuál es el origen de ese término?

-Nació a finales del siglo XX, cuando un arquitecto mexicano creó el Museo Experimental El Eco, un edificio que ahora es considerado el manifiesto de la arquitectura emocional. Allí se realizó un estudio sobre el color, las geometrías y los espacios; se estudió cómo se configuraban los lugares, cómo se integraron en su interior los espejos, la luz y los techos altos, cómo ese espacio modificaba la sensación de quienes visitaban el edificio.

-¿Qué cementerios llaman su atención?

-A mí me encanta uno que hay en Estocolmo, conocido como el cementerio del bosque. Surgió en un concurso de arquitectura, a principios del siglo XX. Es artificial, pero parece natural. Los ciudadanos lo utilizan como un espacio para pasear, ya que no tienen la sensación de que sea un cementerio. Es, de hecho, un sitio muy visitado. En Inglaterra, por ejemplo, a veces estás paseando por una zona que crees que es un jardín, pero de repente te das cuenta de que también es un cementerio. Y en París las parejas acuden a estos lugares a darse el primer beso, a leer un libro... Aquí, eso es impensable.

-¿Qué temas abordará mañana en su conferencia en el Edificio Moneo?

-Las nuevas necesidades que están surgiendo, las nuevas formas de enterrar, plantearé hacia dónde avanzan los cambios tecnológicos... Creo que se pueden hacer cosas más poéticas que las que encontramos hasta ahora, crear espacios que conecten más con las personas, con la naturaleza y lo ecológico.

-¿Cómo son los murcianos en este campo?

-Aquí la mentalidad es más clásica y tradicional, de momento. Fuera, en cambio, me está costando menos dar a conocer el proyecto. En otras comunidades situadas más al norte, como Barcelona, Asturias y Galicia, la gente me pregunta sus dudas con más naturalidad.

-¿Alguna vez imaginó que se dedicaría a crear cementerios?

-Nunca. Empecé con el diseño de lápidas, ya que tuve que crear la tumba de un familiar, y a partir de ese momento comencé a investigar.

-¿Cómo acabó en Murcia?

-Nací en Las Palmas, pero mi madre era murciana y mi padre de Granada. Nos mudamos cuando era muy pequeña porque ellos echaban de menos la Península.

 

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