«Los móviles de los delincuentes se convierten en chivatos policiales»

Alfonso Egea. / lv
Alfonso Egea. / lv

Alfonso Egea, periodista y colaborador de televisión, presenta '29 balas y una nota de amor', su último libro

MINERVA PIÑERO

Alfonso Egea (Murcia, 1976) sitúa a su lector en el minuto cero de una investigación policial. En '29 balas y una nota de amor', el último libro que publica, «todo lo que pasa parece más ficción que realidad», asegura el periodista, quien en sus páginas ha inmortalizado un crimen que ocurrió en el seno de la Guardia Urbana de Barcelona y que acabó con el encarcelamiento de Rosa Peral y Albert López, detenidos como sospechosos del homicidio de Pedro Rodríguez. En esta historia, las balas son literales. «Todo es real», añade el autor, colaborador habitual del programa de televisión 'Espejo Público', que presenta de lunes a viernes Susanna Griso en Antena 3.

-¿Los cadáveres hablan?

-Sí. Aunque en este caso habla, más bien, lo poquito que queda del cadáver de Pedro. Eso lanza un mensaje clarísimo a los investigadores. Él o los autores de su asesinato querían reducirlo a la mínima expresión, que no quedase prácticamente nada. En ese intento de no querer dar información nos estaban dando más de la que creían. El cuerpo de Pedro fue manipulado para poder creer que fue asesinado de una manera diferente a la que se hizo. No hay nada más osado o peligroso que pensar que puedes engañar a los investigadores, a los Mossos d'Esquadra, en este caso. Esa primera gran mentira, el estado de Pedro, fue lo que permitió enfocar la investigación desde el primer momento.

-¿Qué papel jugaron los teléfonos móviles en este caso?

-Uno muy importante. En las investigaciones podemos ver que los teléfonos móviles ya son auténticos ayudantes de la Policía. Dicen dónde has o no estado, qué has escrito, quién lo ha utilizado... Normalmente, en nuestra cultura asumimos que el 95% de las veces el móvil está donde se encuentra su propietario. Los móviles de los delincuentes se convierten inmediatamente en chivatos policiales.

-¿Qué ingrediente de este crimen destacaría?

-Que las personas implicadas son absolutamente normales. Creo que en el mundo de la crónica negra la gente debería aprender que los tipos realmente peligrosos no son los que tienen mal aspecto, sino todo lo contrario. Nunca sabes quién está dispuesto a protagonizar un crimen, quién está preparado o es más proclive. En este caso, nos encontramos con policías que, encima, son buenos en lo suyo. Rosa, por ejemplo, es madre de dos niños, joven, con un futuro por delante. En esta historia real, en la que los protagonistas son tres policías, el hecho de la normalidad fue lo que más me llamó la atención.

-¿Y cómo era la víctima, Pedro Rodríguez?

-Un tipo absolutamente normal, una persona que, como cualquiera, tenía sus virtudes y defectos. En ese momento estaba tremendamente enamorado de Rosa y tenía una relación realmente buena con las hijas de ella. De repente, se vio enmarañado en una relación supertormentosa. En este caso, incluso se propusieron planes de paternidad y maternidad.

-¿En qué se parece a Albert, el tercer policía implicado?

-Es su antagonista, Albert es un tipo con antecedentes de violencia, soltero con todo lo que implica: no le gusta mucho el compromiso permanente o, al menos, no con las niñas que tiene Rosa, de quien está absolutamente enganchado. Creo que son dos tipos que comparten el amor al que aspiran, el de Rosa, pero son tremendamente diferentes. No debemos olvidar que Albert ayudó a Rosa a deshacerse del cuerpo de su novio. Eso dice mucho de esta persona.

-¿Cuál fue la motivación del crimen?

-Siempre digo lo mismo: no sé por qué mataron a Pedro. Lo que sé es que el motivo para hacerlo nació de las tripas; es un crimen en el que el término apasionado gana todo su sentido. Pero no hay que confundir este término con pasional. Apasionado no es solo el hecho de querer, sino de desear matar a la otra persona. Y creo que en este caso se cumple esa máxima.

-¿Qué echa de menos de Murcia?

-Muchas cosas, pero, por encima de todo, los pasteles de carne (Risas). El carácter murciano, la gastronomía, la cultura, los paisajes... Es un sitio excepcional. Después de vivir durante más de quince años en Madrid, he visto cómo ha crecido Murcia, una ciudad que desde mi punto de vista ya tiene el tamaño para ser medianamente importante.

 

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