«Escuché disparos y una explosión; no quería salir a trabajar»

Los cuerpos de algunas de las víctimas del atentado en Nairobi./Efe / Daniel Iringu
Los cuerpos de algunas de las víctimas del atentado en Nairobi. / Efe / Daniel Iringu

Una murciana residente en Nairobi relata cómo vivió el atentado que dejó el martes 15 muertos en la capital keniata

Pedro Navarro
PEDRO NAVARRO

«La verdad es que últimamente no vivo muy tranquila». Así, con un tono medio en broma, medio en serio, se confesaba este miércoles Larisa Morenilla, tras vivir relativamente cerca el atentado perpetrado este martes contra un complejo hotelero y de oficinas en Nairobi, capital de Kenia.

Esta molinense, de 33 años, convive desde más de cinco con la inseguridad propia de residir en una megaurbe centroafricana. Pero una cosa son los riesgos del día a día, que se solventan observando ciertas precauciones básicas, y otra es la posibilidad palpable de enfrentarse a un ataque terrorista, con asaltantes suicidas incluidos.

Larisa, en una excursión al lago Naivasha, en Kenia.
Larisa, en una excursión al lago Naivasha, en Kenia. / LV

Este podría parecer un peligro remoto en una ciudad de más de tres millones de habitantes. Sin embargo, no hay que olvidar que este es el tercer gran atentado que sufre el país desde 2013 a manos de Al Shabab, grupo yihadista adherido a Al Qaeda. En total, las víctimas de las masacres de estos últimos años superan ya los 230 muertos.

En esta ocasión el ataque se prolongó durante más de 12 horas y costó la vida al menos a 15 personas. Los incidentes se produjeron apenas a 300 metros de la casa de Larisa, que trabaja como óptica y optometrista en Nairobi. «Me enteré de lo que estaba pasando mientras me encontraba en la tienda, por gente que me preguntaba desde España. A partir de ahí, cerramos media hora antes, porque comenzó a correrse el rumor de que el centro comercial podría ser un nuevo objetivo», relata.

Entonces, Larisa tuvo que armarse de valor para dirigirse a su domicilio, al que le fue imposible acceder, dado el perímetro de seguridad impuesto por el ejército. Finalmente pasó la noche a poco más de 500 metros de este baño de sangre, gracias a un amigo que se ofreció a acogerla. «La única información más o menos directa que tenía hasta ese momento procedía de la televisión; sin embargo, entrada la madrugada empecé a escuchar disparos y una explosión», continúa narrando. «No quería ir a trabajar al día siguiente, pero finalmente me planté allí con la misma ropa. Por suerte era un establecimiento distinto», bromea.

Pese a sus problemas de violencia cotidiana, Kenia es un país que sigue fascinando a esta murciana, aunque episodios de terror como este le hacen cuestionarse sus planes. «He firmado dos años más de contrato, pero me lo voy a ir replanteando...».

Más información