«La iglesia tiene que ser más abierta y más dedicada a anunciar el evangelio»

El sacerdote José Gómez García. / Picasa
El sacerdote José Gómez García. / Picasa

José Gómez García es sacerdote

«Estoy muy contento de que el Señor me haya colocado en este lugar y seguir trabajando donde estoy». Son palabras de José Gómez García (Ricote, 1938), que está celebrando en la Región y en Honduras sus bodas de oro como sacerdote, pues fue ordenado el 4 de junio de 1969 en la iglesia de San Bartolomé, en Murcia. Diez años estuvo en tres parroquias de la Diócesis de Cartagena y, desde 1969, permanece en la parroquia de La Lima, en Honduras. Hace unos días fue recibido por el Obispo Lorca Planes y ha oficiado misas en Abarán, Jumilla y Lorca.

-¿De qué manera surgió su inquietud por ser sacerdote?

-Desde pequeño, yo siempre fui monaguillo en mi pueblo, Ricote, y allí descubrí mi vocación por ser sacerdote. Pero tuve que esperar cierto tiempo, al sufrir una parálisis en una pierna. A los veinte años, me aceptaron en el seminario diocesano y, finalmente, logré hacer realidad mi vocación.

-¿Cómo vivió toda su familia su vocación?

-Con apoyo. Fueron animándome en lo que les planteé que quería ser, sacerdote. Y, aunque no teníamos muchos recursos, siempre me apoyaron, tanto mi padre, Pedro, como mi madre, Carmen. Y también tuve la ayuda de mis hermanos y mis hermanas.

-¿Cuál es la parte que más le apasiona del sacerdocio?

-Lo que más me apasiona es poder servir a la gente, evangelizar y darles a conocer quién es Jesús, quién es Cristo, y como lo tenemos que aceptar en nuestras vidas y dar testimonio de él.

-¿Cómo es un día en Honduras?

-No es fácil responder a esta pregunta porque tenemos una parroquia que, cuando aquí, como en Abarán, hay dos parroquias para 12.000 habitantes, allí hay que cubrir en la misma parroquia a 120.000 personas. Son muchas las que tenemos que atender en diferentes comunidades, por tanto, el servicio no es tan sencillo como aquí, pues hay que predicar en iglesias extendidas por un gran territorio y con muchísimos fieles y es bastante complicado.

-¿Cómo le han tratado los fieles en sus parroquias?

-Solo he estado en tres parroquias. En Jumilla, desde 1969 a 1973. Más tarde, cinco años en la parroquia de San Pedro Apóstol, en Lorca, una zona muy pobre y necesitada, y el resto en La Lima. En general, siempre me han tratado bien.

-¿Cuáles son las principales necesidades que padecen los vecinos de Honduras?

-Son muchas. En cuarenta años hemos construido un Hogar de Ancianos al que no me gusta llamar asilo. En él hay de 20 a 30 ancianos que no tienen recursos ni posibilidades y la parroquia los atiende de la mejor manera posible. Tenemos unos comedores para niños en aldeas para poder alimentarles a diario; tenemos dos dispensarios para agente que tiene necesidades de medicinas básicas; y otro tipo de proyectos de acción social que la parroquia ha atendido desde que estamos allí.

-¿Cómo se imagina el futuro de la Iglesia?

-Siempre tengo esperanza y confianza en que las cosas cambiarán. Veo una Iglesia que tiene tendencia un poquito tradicional, como que quiere volver al pasado y no mirar más al futuro. A pesar de que tengo ochenta años, pienso que la Iglesia tiene que ser más abierta y más dedicada a anunciar el Evangelio en beneficio de las personas y de los cristianos.

-¿Cómo definiría la labor que está ejerciendo el Papa Francisco?

-Fue el antiguo Papa Pablo VI quién intentó hacer una renovación fuerte en la Iglesia y, posteriormente, Juan Pablo II tuvo acercamientos con el mundo y la sociedad, pero en el aspecto teológico ha habido un parón. Ahora, el Papa Francisco está siendo un Papa mucho más cercano a la gente y la posición que está teniendo está dando un valor y una renovación que, al final, dará sus frutos.

-¿A qué se debe la falta de vocaciones en el ejercicio sacerdotal?

-Estamos pasando por una crisis social mundial concreta, una crisis de valores, tanto en España como en Honduras, que hace que no se entienda el gran servicio que podemos hacer los sacerdotes a la sociedad, entregar nuestra vida al servicio del Evangelio. Creo que tendrá que cambiar la situación, pero actualmente no lo veo con gran sentido y con gran esperanza. Espero que cambie en el futuro.

-¿Se quedará en Honduras o regresará definitivamente a su pueblo?

-Ahí Jesús, no sabemos dónde vamos a terminar. Mientras pueda me gustaría seguir evangelizando y estaré donde el Señor me pida.