Bela Guttman y la maldición del Benfica

Eusebio y Bela Guttman, en una imagen de archivo/
Eusebio y Bela Guttman, en una imagen de archivo

Desde que el húngaro dijera que «en los próximos cien años, el Benfica no volverá a ser campeón europeo», los lisboetas han perdido las siete finales en competiciones europeas que han disputado desde 1962

ISAAC ASENJOMadrid

Anoche, el Benfica, se clasificó por segundo año consecutivo para la final de la Liga Europa, que disputará ante el Sevilla en Turín. Además de ganar un título, el conjunto de Lisboa se enfrentará a una de las más famosas maldiciones de la historia del fútbol mundial. La maldición de Bela Guttmann (Budapest,1900 - Viena,1981) .

«En los próximos cien años, el Benfica no volverá a ser campeón europeo». Estas fueron las declaraciones del entrenador húngaro de origen judío cuando fue destituido por la directiva del Benfica en 1962. Desde entonces siete finales en competiciones europeas y siete derrotas hacen que esta sentencia pasara de una mera anécdota a una losa insalvable para el equipo de Lisboa.

El conjunto lisboeta ha caído desde entonces en las finales de Copa de Europa de 1963 y 1990 (contra el Milan), 1965 (Inter), 1968 (United), 1988 (PSV), la final de la UEFA del 83 ante el Anderlecht y la final de la Liga Europa ante el Chelsea (2013). El maleficio europeo se alarga ya en 52 años. Incluso el mismo Guttmann fue víctima de esa maldición cuando regresó al club en la temporada 65-66 y el equipo cayó en cuartos de final.

De Guttmann se dice que fue quien llevó a Brasil el 4-2-4, disposición en el campo que copiaría la selección brasileña que ganó el Mundial del 58. Ese año, precisamente, llegó a Portugal, donde se consagró como entrenador. Llegó al Oporto e hizo a Os Dragoes campeones de Liga. Y el Benfica se lo llevó la temporada siguiente. Y con él la gloria. Parte de ese éxito radicó también en la presencia en el equipo lisboeta de Eusebio, fallecido el pasado mes de enero a los 71 años.

La leyenda dice que Guttmann, estando en una peluquería, escuchó hablar de un chico de Mozambique que despuntaba y que estaba a punto de fichar por el Sporting de Lisboa. Guttmann investigó y se llevó a Eusebio a su equipo antes que el rival. Su paso por el Benfica fue revolucionario. Despidió a una veintena de futbolistas y contrató a otros tantos jóvenes. Llevó al equipo a ganar dos Copas de Europa consecutivas (1961 y 1962), ante Barcelona y Real Madrid.

El húngaro pensaba que la tercera temporada era la más difícil para un entrenador, así que pidió un aumento de sueldo. Las negociaciones entre técnico y directiva no llegaron a buen puerto, hubo mucha tensión y el club decidió destituir a Bela Guttmann. Tras su marcha, el húngaro profirió la ya histórica y lapidaria frase.

El 14 de mayo en Turín la historia se vuelve a repetir y el Benfica tendrá una nueva oportunidad de romper la maldición de Guttman. La final promete ser apasionante.

Cabe recordar que este mismo año el club lisboeta le ha dedicado al exentrenador una estatua en el estadio Da Luz el día que el club cumplió 110 años de existencia. Una efigie en bronce fundido alusiva a una fotografía en la que está Guttmann retratado con las dos únicas Copas de Europa (1961 y 1962) del Benfica adorna la puerta 18 del coliseo encarnado.