Valverde sufre, pero sigue segundo

Rafal Majka cruza la línea de meta. /
Rafal Majka cruza la línea de meta.

El polaco Majka gana en Risoul después de estar 160 kilómetros metido en una escapada

BENITO URRABURURisoul (Francia)

El polaco Rafal Majka logró este sábado la victoria de etapa en la décimo cuarta etapa del Tour de Francia en la estación de Risoul, de primera categoría, por delante del maillot amarillo, el italiano Vincenzo Nibali, que afianzó su liderato.

Valverde:«Ha sido una pena»

El español Alejandro Valverde, segundo clasificado del Tour, (Movistar) lamentó en meta una avería mecánica que le obligó a hacer la última subida "en plato", lo que le hizo perder un minuto con el líder, el italiano Vincenzo Nibali. "Ha sido una pena, he tenido que subir con el plato porque Pinot me ha tocado la bicicleta y me ha roto el cambio", explicó el ciclista murciano.

Después de mantener el segundo puesto de la general por 13 segundos respecto al francés Romain Bardet, Valverde admitió haber tenido un mal día. "Sí, no ha sido un buen día, el cambio no funcionaba y además los franceses han estado muy bien, pero queda mucho Tour y hay que seguir", dijo.

A Valverde se le fundieron los plomos en los kilómetros finales de la etapa, cuando no pudo responder a un ataque de Vincenzo Nibali a 3,6 kilómetros de la llegada. Un ataque que le supuso perder un minuto con el líder y 34 segundos respecto a Pinot y Bardet.

Un tiempo precioso que comprime todavía más los dos puestos del podio que quedan libres en una llegada en la que Nairo Quintana ganó en el Tour del Porvenir en 2010 y en la que también venció Alessandro De Marchi en el Dauphiné del año pasado, con Chris Froome en segunda posición.

Una subida larga, sin grandes porcentajes, en la que Vincenzo Nibali se manejó con soltura, con tanta que volvió a ganar tiempo con todos los corredores que le siguen en la clasificación general. Se quejó Valverde de un problema mecánico que le surgió cuando Pinot le tocó la rueda, lo que le afectó al cambio y le obligó a subir en plato. Ese problema acentuó más su pérdida de tiempo.

Valverde y Movistar deben pensar más en asegurar el segundo puesto que en mirar hacia arriba, donde Nibali se va agrandando como líder según pasan las etapas. Cada día aumenta la ventaja que tiene respecto a todos.

En Risoul vencía Rafal Majka, un polaco de 24 años que llegaba al Tour después de hacer sexto en el Giro y que no se presentó en Inglaterra con muchas ganas de disputar la ronda gala.

Lo que dicen que dijo cuando le obligaron a estar en el Tour es: «Juegan con mi salud llevándome al Tour después de correr el Giro. Soy muy joven». Lo que dice él que dijo es: «Hablé con Rijs y me comentó que estuviese tranquilo la primera semana de la carrera y luego estuviese dispuesto a trabajar en los Alpes. Yo no dije que no quería correr el Tour».

Cuando se cayó Contador continuó en carrera y el premio le llegó con un triunfo muy trabajado, que comenzó a gestarse a 160 kilómetros de la meta, al meterse en una escapada en la que había nombres importantes como Peter Sagan, Mikel Nieve, Geraint Thomas, Simon Yates, Taaramae, Serpa, Nicolás Roche, José Herrada o Purito Rodríguez, entre otros.

Una fuga que terminó por madurar en el Izoard y finalmente se decidió en Risoul. Majka no se acordó en esta estación alpina del cansancio, ni del Giro, ni de su salud. En septiembre cumplirá los 25 años y sus pensamientos están en trabajar más para él que para cualquier líder.

¿Qué se puede decir de Nibali? Lo que hace en la carretera queda reflejado en la clasificación. Está en otro Tour. Sin estridencias, sin levantar la voz, pero con una minutada importante a su favor. Como tácticamente lo borda, sus rivales se le van quedando atrás y no muestra signos de debilidad, donde le están intentando minar el apartado mental es en las ruedas de prensa.

Tuvo que responder a lo que había dicho Oleg Tinkov, el millonario que patrocina el equipo del mismo nombre, que comentó que si Contador estuviese todavía en carrera sería el líder. Ni se inmutó Nibali: «Quiero recordar que antes de que Alberto sufriese una caída ya estaba de líder y le había sacado tiempo en Arenberg. No sé si Alberto sería líder. Tuvo una caída, una desgracia que nos puede pasar a cualquiera». Cada vez que Oleg Tinkoff habla suelta alguna perla.

Aquí manda Nibali

Otro tema que siempre da juego es el dopaje. Le preguntaron por su presunta relación con Michele Ferrari: «Es algo que viene de hace cinco años. Es una cuestión que sacó un periodista, Ivano Fanini, que yo llevé a juicio y que gané. Nunca trabajé con él».

Como en la carretera no hay forma de que cometa un error, a Nibali le queda después de cada etapa una carrerita, la de la rueda de prensa. ¡No levanta nada la voz! Modula perfectamente sus respuestas y sólo queda una explicación: o le han preparado para todo lo que le pregunten o, además de piernas, la cabeza también le funciona estupendamente, que es lo que parece. Es como lanzar pelotas a un frontón.

Lo devuelve todo este italiano que está haciendo soñar a un país y que ve cómo pasa los días vestido de amarillo sin que nadie le haga sufrir. Porque momentos malos no ha tenido, no al menos que se hayan podido ver. Ni con las caídas, ni con el viento, ni con el pavés, ni con la lluvia, ni con los Alpes. Puede con todo.

Y si él o su equipo no pudiesen, ya se encargan de poner anzuelos en los que siempre pica alguien y se pone a trabajar, como sucedió con la escapada de este sábado. No fue Astana quien la tumbó.

Se limitaron a tenerla a un tiempo prudencial y luego llegarían otros equipos como Netapp y Ag2r para acercarle a una fuga que era un rosario de ciclistas.

En cuanto vio que Valverde no iba bien le atacó. Entre unas cosas y otras, al líder de Movistar siempre le pasa algo. El problema mecánico influyó en su pérdida de tiempo y también que no tuvo un buen día.

Los Pirineos han sido normalmente para él mejor que los Alpes. A eso se tendrá que agarrar el corredor murciano para asegurar el segundo puesto intentando seguir a Nibali, una rueda que garantiza coger ventaja y dejar a Bardet, Pinot y Van Garderen un poco más lejos.

Porque no son sólo los Pirineos. También está la contrarreloj de 54 kilómetros y al paso que lleva el Tour, cuando lleguemos a esos momentos, la carrera puede estar todavía más desparramada. En este Tour el que manda es Nibali como en otros fueron Froome, Wiggins o Contador, por citar lo más cercanos.

Y él seguirá moviendo una manija que no deja de proporcionarle segundos de ventaja, minutos de tranquilidad y un amarillo sosegado. Como dicen los franceses, Vincenzo Nibali se ha convertido en el patrón del Tour.