Las autónomas murcianas crecen a un ritmo que duplica al de los hombres

La arquitecta autónoma Laura López en su despacho desde casa. /Edu Botella / AGM
La arquitecta autónoma Laura López en su despacho desde casa. / Edu Botella / AGM

Las mujeres de entre 40 y 59 años protagonizan casi el 80% de altas nuevas en los últimos cinco años

Marta Semitiel
MARTA SEMITIELMurcia

Las cifras han hablado. Las mujeres siguen siendo minoría en el sistema de trabajadores autónomos, pero crecen a un ritmo casi dos veces más rápido que sus homólogos hombres. Así lo demuestran los últimos datos recogidos por la Consejería de Empleo, que cifraban en marzo de este año a las mujeres autónomas en 34.991 y a los hombres en 63.599. Aunque ambos sexos aumentan casi a la par, 4.890 hombres y 4.729 mujeres más que hace cinco años, ellas son ahora un 15,62% más que en 2013, mientras que el aumento de ellos se mantiene constante en torno al 8% respecto a su volumen.

Para la Asociación de Trabajadores Autónomos de Murcia (ATA), este incremento de la mujer emprendedora responde a «la necesidad de trabajar» de muchas de ellas, «pero cuando te das de alta no hay una casilla que ponga 'me doy de alta porque nadie me contrata por si me quedo embarazada'. Cuando decides crear tu propio negocio son muy distintas las razones que te llevan a ello. Lo que sí sabemos es que las mujeres que se autoemplean se dan cuenta de que así es realmente como quieren trabajar. Quieren organizar su tiempo, quieren desarrollar sus proyectos, quieren poner su esfuerzo, ingenio y formación al servicio de un único fin: ellas», asegura Yolanda Paredes, presidenta de ATA.

La experiencia de María Dolores Mateo suscribe cada una de las palabras de Paredes. Hace menos de dos años que esta murciana, diplomada en Relaciones Laborales, con un master en Gestión y Planificación del Desarrollo Local y del Empleo, especialista en 'coaching' e inteligencia emocional, se dio de alta como autónoma «porque no tuve más remedio. Estaba en todas las bolsas y me presentaba a todas las convocatorias, públicas y privadas, pero no me llamaban de ningún sitio, principalmente por mi edad. Así que como no tenía cabida en el mercado laboral, me puse por mi cuenta, porque a mis 47 años fue la única opción que tenía para trabajar».

Mayores de 50

Los cursos de formación son la especialidad de esta murciana, cuyos ingresos mensuales oscilan entre los 100 y los 2.000 euros. Para ella, la incertidumbre salarial que conlleva el autoempleo es algo soportable «gracias a la nómina constante de mi marido, porque sé que si un mes yo no cobro suficiente, el dinero en casa no va a faltar». Exceptuando las cuestión de los ingresos variables, Mateo ha descubierto que el autoempleo tiene muchas más ventajas de las que ella creía: «Tener la libertad de poder decidir cuándo trabajas, para quién y cómo te organizas es algo que ya no cambiaría por nada. Aunque es cierto que me hice autónoma porque no tenía otra opción, ahora me encanta ser mi propia jefa».

Como ella, 726 mujeres de entre 45 y 49 años se han sumado al RETA desde 2013. Aunque las cifras de nuevas autónomas empiezan a crecer a partir de los 35 años, los mayores aumentos por edad se producen entre los 40 y los 59 años, una veintena en la que se han registrado 3.767 emprendedoras más que en 2013. Entre ellas, protagonizan el mayor aumento las mujeres de entre 50 y 54 años, con 1.364 más entre sus filas.

Ha cambiado el perfil de la mujer emprendedora, o al menos eso dicen los datos. En 2013, el 45% de ellas tenía entre 35 y 49 años. En 2018, las nuevas incorporaciones han aumentado la edad media, situando al 45,8% de las autónomas entre los 40 y los 54 años. Entre las profesiones más frecuentes, las autónomas se dedican al comercio, la hostelería, actividades profesionales científicas y técnicas, educación y actividades sanitarias, según un informe de ATA.

El fracaso de la cuota cero

Son las menores de 35 años las que se han bajado del carro del emprendimiento en estos últimos cinco años. A pesar de las medidas puestas en marcha por la administración para incentivar el autoempleo juvenil entre las mujeres, las autónomas de entre 16 y 34 años son ahora un 3,5% menos que en 2013, cuando suponían un 22% del total. En concreto hay 125 emprendedoras menos de entre 20 y 24 años y 99 menos de entre 30 y 34. A contracorriente de los datos juveniles, las mayores de 60 protagonizan otro aumento destacable: las mujeres en edad de prejubilación han pasado del 9,7% en 2013 a ser más de un 11% en 2018.

Tan solo 29 mujeres de entre 25 y 29 años han engrosado las filas del trabajo autónomo desde 2013. La arquitecta ciezana Laura López es una de ellas. Al igual que María Dolores, ella también se hizo autónoma hace un par de años «porque fue la mejor opción de acceder al mercado laboral, dadas las condiciones que este tenía». Sin embargo, mientras que Mateo es su propia jefa, Laura se reconoce como «autónoma dependiente»: trabaja 24 horas a la semana para un estudio de arquitectos del que cobra unos 600 euros.

Ella es el claro ejemplo de una falsa autónoma, una trabajadora por cuenta propia que atiende de forma exclusiva a una única empresa. En la media jornada que le queda libre «podría ponerme a doblar camisetas, pero no quiero hacerlo, porque entonces sería mucho más consciente de lo precaria que es mi situación y me desilusionaría. Me frustraría mucho», confiesa.

Sin estabilidad ni derechos

Para la arquitecta, lo más duro de ser autónoma «es no tener estabilidad ni derechos, porque cuando estás en esta situación, tienes las obligaciones y los deberes de un trabajador contratado, pero no tienes los derechos. No tienes la seguridad de un contrato, que aunque sea temporal, te permite hacer ciertos planes sin el miedo de que quizá mañana no tengas trabajo para poder comer. A mí cualquier día me pueden despedir, y así es muy difícil hacer planes de cualquier tipo o plantearte formar una familia».

Si ella pudiera, le pediría dos cosas a las administraciones públicas. Por un lado, «que regulasen las cuotas de autónomos de otra forma, porque no es justo que una empresa con un montón de empleados pague lo mismo que un autónomo sin ingresos», y por otro, legislación: «Creo que la figura de autónomo dependiente es cada vez un recurso más utilizado por las empresas y que los gobiernos deberían hacer algo al respecto, para no permitir ciertas situaciones».

A pesar de su relato, Laura asegura que se considera afortunada «porque tengo la suerte de estar trabajando en lo que estudié y en mi comunidad autónoma, no me he tenido que ir fuera como muchas de mis compañeras de carrera».