Mario Urrea: «Esto va más allá de una gota fría. No cometamos más errores; hay que analizar el desarrollo urbanístico»

Mario Urrea observa el cauce del río Segura a su paso por Murcia, junto a la pasarela de Manterola. / Guillermo Carrión / AGM
Mario Urrea observa el cauce del río Segura a su paso por Murcia, junto a la pasarela de Manterola. / Guillermo Carrión / AGM

El máximo responsable de la Confederación Hidrográfica del Segura relata los peores momentos vividos desde el puesto de mando que vigila toda la cuenca

Manuel Buitrago
MANUEL BUITRAGO

Desde el presidente hasta el guarda fluvial, los trabajadores de la Confederación Hidrográfica del Segura (CHS) se han enfrentado al desafío más duro de sus carreras para contener y amortiguar los efectos devastadores de la peor gota fría de la historia reciente. Un fenómeno inusual que el mundo científico ya ha bautizado como un 'huracán mediterráneo'. El máximo responsable de la Confederación, Mario Urrea, relata los peores momentos vividos desde el puesto de mando que vigila toda la cuenca. Subraya que el Ministerio no escatimará dinero para reparar daños y avanza que proyectan una gran canalización en la rambla del Albujón. Apuesta por una moratoria y por hacer compatible el desarrollo urbanístico con las condiciones de cada zona. Esta gota fría, que ha dejado un paisaje de barro y ruina, pero también de solidaridad, marca un antes y un después.

-¿Hay que cruzar los dedos, y hasta la próxima? Siguen pendientes grandes obras contra las avenidas, y necesitarán un tiempo para poner la cuenca en condiciones. Si aparece otra gota fría, algo que nadie desea, ¿la Región volverá a sufrir el mismo episodio?

-Evidentemente, lo que nosotros podemos hacer en el corto plazo es dejar la cuenca no solo como estaba, sino un poquito mejor, en lo que se refiere al dominio público hidráulico y a las estructuras dañadas. Los otros proyectos necesitan un periodo más largo de tramitación.

-¿Qué prioridad le ha dado el Ministerio a la cuenca del Segura? ¿Tienen un cheque en blanco?

-He obtenido un apoyo presupuestario total de la Dirección General del Agua y de la Secretaría de Estado. En principio, nuestras necesidades van a quedar cubiertas. Hay unas partidas reservadas; ahora no le puedo decir cuánto, pero es una cifra importante. Estamos en fase de valoración de daños, con los ingenieros recorriendo la cuenca. Hay que reparar los desperfectos y reponer el río y las ramblas a su estado anterior. El Postrasvase también está muy afectado.

-¿Cómo funcionaron los mecanismos de alerta ante la magnitud de lo que se avecinaba?

-El sistema de prevención, protección y reacción ha sido muchísimo más que aceptable. El aviso de la Aemet fue determinante, alertando de que venía algo que no era habitual. En la primera reunión de coordinación de las administraciones, teníamos identificados los sitios en los que iba a haber problemas. Tampoco hay que ser muy adivino. Por lo tanto, ya se estaba en una situación de 'aquí puede pasar algo'. Eso fue determinante, por ejemplo, en la evacuación del Siscar. Estábamos muy en alerta, y el control de la presa se hizo de una manera muy exhaustiva.

-Una presa que ha estado ahí hasta ahora... con poco caudal.

-Es una presa que, en un día, ha hecho su trabajo. Ha estado años con unos caudales muy livianos, pero una presa se calcula para un periodo de retorno muy amplio en función de las estadísticas. Afortunadamente, la presa de Santomera estaba construida.

-Si no hubiera estado esa presa, ¿qué habría ocurrido?

-Un desastre. Íbamos controlando la presa a un ritmo de llenado importante, pero con una curva suave. Nos quedaban dos días de hueco, con lo cual pensamos que no iba mal. Pero, en la mañana del viernes, entró por la rambla de Abanilla una punta que se comió día y medio en 6 horas, hasta almacenar 20 hectómetros. Creo que ese fue el peor momento. Cuando llegó, dimos instrucciones inmediatas a Protección Civil de que había que evacuar a la población.

-También tuvieron una situación difícil en Murcia. ¿Cómo controlaron el cauce para que no hubiera desbordamientos?

-Fue en la presa del Azud de Ojós. El momento más crítico de una presa es cuando se llena y el agua salta por encima de los aliviaderos. Allí hubo un momento en que podía haber saltado. No se temió por la estructura, pero, desde el punto de vista del protocolo, fue una situación extraordinaria. El Azud de Ojós retuvo lo que retuvo y, luego, el encauzamiento en Murcia tiene una capacidad importante, que le ha permitido cierto resguardo.

Dos pasadas del temporal

-Este episodio se achaca al cambio climático, aunque la cuenca del Segura siempre ha sufrido gotas frías, riadas e inundaciones recurrentes. ¿Por qué este caso se considera especial?

-No soy experto en meteorología. Me está llegando que en el ámbito científico piensan que, ahora sí, por efecto del cambio climático, se está generando en el Mediterráneo un fenómeno que hasta ahora no sucedía, fruto del calentamiento, y que han bautizado así como una especie de 'huracán mediterráneo'. Lo importante es que en el mundo científico hay alguien que ya está pensando que esto no es una simple gota fría.

-¿O sea, que nos vamos a convertir en una Florida?

-El cambio climático ya nos decía que las sequías e inundaciones van a ser cada vez más frecuentes e intensas... No creo que sea ese el titular, pero hemos tenido algo muy, muy extraordinario. Más allá de la gota fría. Como sabe, (el temporal) dio dos pasadas: entró por el norte, bajó al Mediterráneo y, en vez de salir, volvió a subir. Nos pegó dos pasadas... Supongo que los meteorólogos lo estudiarán, pero desde el punto de vista de la lluvia caída ha sido una cosa impresionante.

-Lo nunca visto...

-Para mí ha sido lo nunca visto, y llevo 30 años en el Ministerio. Me gustaría destacar el esfuerzo de todos los trabajadores de esta casa, el centro de control, que se han volcado mañana, tarde y noche. Ha sido muy duro. Si esto ha salido medio bien es porque la gente ha ido más allá de lo que está obligada a hacer. Y con un mínimo de herramientas, porque el caos se produjo cuando se dejaron de suministrar a la calle los datos del SAIH (sistema que informa en tiempo real sobre el estado de la cuenca). El SAIH tuvo tal avalancha de consultas que se caía. El servidor no tenía capacidad de atenderlas y se podía caer incluso para nosotros. Por eso cortamos la salida.

Al detalle

La clave
«El peor momento fue el control de la presa de Santomera; se evitó un desastre»
Cambio climático
«En el ámbito científico ya han bautizado este episodio como un 'huracán mediterráneo'»
Obras de calado
«Proyectamos encauzar la rambla del Albujón, y se construirán las tres presas del Guadalentín»
Datos en tiempo real
«El centro SAIH de la Confederación fue la única luz en esa noche de oscuridad»
Dedicación
«Esto ha salido medio bien gracias a los trabajadores de la Confederación»
Trasvases
«No contemplo el escenario de que no baje agua del Tajo para regar»

-¿Se pudo quedar a ciegas?

-Nunca se quedó a ciegas porque tomamos la decisión apropiada. Esto nos ha demostrado que tenemos que hacer un sistema más robusto, porque, al final, es lo que la gente mira. Ve en tiempo real cómo va subiendo el agua. Arbitramos un procedimiento para que el SAIH quedara para uso restringido de la Confederación, dando accesos puntuales a las administraciones y organismos que nos lo solicitaban, como Protección Civil y la UME. Pero la sociedad lo perdió de vista y eso puso nerviosa a la gente. No volverá a pasar a la siguiente, porque ya estamos cambiando servidores.

-Es duro vivir con miedo en las zonas afectadas... como sucedió.

-Como digo yo, el SAIH era la única luz en esa noche de oscuridad. Todo el mundo quería saber qué venía, por dónde iba la onda de avenida, cuando le llegaría, qué altura llevaba el cauce, si se desbordaba o no...

-¿Qué hemos aprendido y qué hay que corregir?

-Hemos aprendido que estamos bien para un fenómeno de esta naturaleza; pero podemos estar mejor. Evidentemente, existen poblaciones muy afectadas. Hay sitios en los que habrá que dedicar un tiempo a la ingeniería para mejorar la situación.

-Como principal autoridad de la cuenca, ¿qué mensaje le enviaría a los vecinos de Los Alcázares, machacados una y otra vez?

-Les puedo trasladar el compromiso de este presidente de hacer todo lo que esté en su mano, no sé si es mucho o poco, para intentar articular soluciones que en el medio plazo les deje en una mejor situación frente a estos fenómenos.

-¿Qué le parece la propuesta del alcalde de Torre Pacheco de construir un gran cauce en la zona, como el que se hizo en el río Turia?

-Nosotros ya tenemos redactado un encauzamiento de la rambla del Albujón. Es curioso, pero cuando salió a información pública, el propio territorio no lo veía muy bien porque había que expropiar mucho terreno del sector agrícola. Creo que ha llegado el momento en el que hay que imponer de alguna manera el interés general y ciertas prioridades a un tema que, en último caso, podía ser objeto de expropiación.

-¿De qué dimensiones será ese encauzamiento?

-Será más ancho que la rambla del Albujón. El problema está en la desembocadura, que tiene la dificultad hidráulica de una curva y una contra curva. Además, se tocará la autopista y la carretera. Hay que mejorarla en planta y en capacidad. Será una obra muy importante. Cuanto menos rugosidad tenga el cauce, habrá más velocidad y caudal. Hormigonarlo todo con un cauce artificial... quizás tampoco sea la solución. Tal vez haya que crear una zona mixta. Tendrán que decirlo los técnicos. Habrá un programa de actuación en toda la rambla. Incluso estudiamos la posibilidad de sacar la rambla de la Maraña a otra del Albujón, para que las dos vayan al Mar Menor.

Tensiones urbanísticas

-Volviendo a lo que se ha aprendido con esta gota fría, ¿hay que hacer cirugía urbanística con urgencia en esta zona?

-Hay fenómenos que se deben corregir. Evidentemente, la lección aprendida es que no cometamos más errores. Es decir, una moratoria de algún tipo para evitar que esto vaya a más, porque, en principio, sabemos que se va a repetir. Hay que analizar qué tipo de desarrollo urbano es más compatible con el riesgo que existe.

-Si es zona inundable, como otras muchas, ¿por qué los ayuntamientos permiten edificar?

-La obligación de la Confederación es informar a la Administración. Es un tema de competencias. El dominio público hidráulico es nuestro ámbito sagrado, pero cuando se trata de la ordenación del territorio, advertimos de los riesgos de inundación y comunicamos cuáles son los usos permitidos. Ellos son los que tienen que cumplirlos. Si no los cumplen... Todos los planeamientos son informados por la Confederación y crean tensiones muy fuertes. Señalamos que deben existir actuaciones de protección y, claro, se encarece muchísimo el desarrollo urbano y nos genera esas tensiones. No solo sucede con las grandes urbanizaciones, sino que hay municipios donde el centro de turno se ubica normalmente en un sitio donde el terreno no vale mucho y que suele ser colindante a zonas inundables o dentro de esas mismas zonas.

-Las motas del río se rompieron en el Raal y Almoradí. ¿Son seguras?

-En El Raal hay una población importante y una rotura de la mota crea alarma, pero si se piensa en la gran envergadura de este fenómeno, creo que las motas se han comportado razonablemente bien. Vamos a realizar una inspección total y se trabajará en aquellas que se han visto comprometidas.

-En la desembocadura también hubo problemas. Allí se construyó un nuevo cauce, con un puerto deportivo. ¿Cómo se pudo hacer eso?

-El problema es el perfil longitudinal del río. Hasta Murcia, circula el agua con una cierta velocidad, tiene pendiente. Pero aguas abajo de Orihuela existe una contra pendiente. Con lo cual, la evacuación del agua es mucho más lenta. Y, al final, lo que manda es el mar. Cuando el río alcanza la cota del mar, el desagüe es imposible. Muy lento. En la desembocadura tuvimos que romper la mota en dos sitios, porque en el cauce viejo se estaba produciendo el retorno del agua, que entró en los azarbes e inundó los huertos.

-¿Cuánto recogieron los embalses? Llovió menos en la cabecera.

-Poco. Del orden de 80 hectómetros. Es una cantidad ridícula en comparación con los 2.800 hectómetros que han caído. Lamentablemente, no pasó por la cabecera con la intensidad que nos hubiera gustado, en el sentido de poder almacenar agua. Vamos a ver cómo discurre octubre.

-¿Se dará más prisa ahora el Gobierno central en construir las obras y presas pendientes del llamado segundo plan contra las avenidas?

-El Gobierno central está mentalizado de que hay que activar las presas de Nogalte, Béjar y la Torrecilla en la zona del Guadalentín. De hecho, autorizó la redacción de los proyectos y en ello estamos. Esas tres presas tendrán sus proyectos en unos meses. Nosotros no tenemos ni la capacidad financiera ni la autonomía para acometer esas obras. Es el Ministerio el que decide construirlas y financiarlas.

-¿Y el gran colector de Murcia?

-También lo tramitamos desde hace un año. Lo que pasa es que tenemos que ver el río Segura en su conjunto. Es decir, no podemos salvar una población si no protegemos también a la de abajo. De lo contrario, sería un efecto dominó: 'Murcia se salva, pero se lo mando (el problema) a Orihuela. En Orihuela puedo hacer un baipás, y entonces lo mando a Almoradí y a Rojales...'. Tenemos que gestionarlos como un conjunto. Entiendo que cada municipio quiere salvarse él, por así decirlo, pero desde la Confederación tenemos que ver que lo que hacemos no supone un riesgo añadido para los de abajo.

-¿Cuánto tiempo estará cerrado el canal del acueducto?

-La rotura está extendida. Esperamos que pueda recuperar su operatividad antes de un mes. En Los Valientes hacemos una obra provisional para pasar el agua, tanto para la Mancomunidad como para una zona de riego inmediata. Si se actúa en el plazo previsto, la incidencia será mínima para los abastecimientos.

-¿Sabe cuándo se publicarán los caudales ecológicos del nuevo plan de cuenca del Tajo ? ¿Conoce el documento y la incidencia que tendrá en el Segura?

-Se dijo que este mes saldrían todos los planes, no solo el del Tajo. Nosotros evaluamos las repercusiones que puede tener aquí. Calculamos el impacto en función de varios escenarios; el agua que dejaría de bajar en el caso de que se fije un caudal u otro, sin conocer de antemano cuál va a ser. Porque tampoco sé si lo que puedo perder por un lado, me lo pueden dar por otro.

-Si no baja agua para regar, ¿cuál sería el impacto?

-No. Ese es un escenario que no contemplo; que no baje agua para regar. Lo dijeron la ministra y el secretario de Estado. El Tajo sufrirá una modificación en su explotación derivada del cambio hidrológico. Si hay menos agua en Entrepeñas y Buendía, las reglas funcionarán y dirán lo que hay que enviar.

-¿No cree que se fijen unos caudales ecológicos que hagan imposible derivar agua al Segura?

-¿Imposible? No. Algo más restrictivo, sí. Hay una sentencia del Tribunal Supremo que cumplir.

-Pero no establece el volumen...

-No. La sentencia dice que se fijen los caudales ecológicos. Y también señala algo muy importante: que se midan los impactos socieconómicos que se derivan de esa modificación. Creo que el Supremo ha dicho 'sea usted sensato'. Ya veremos por dónde sale el Tajo.

-Pero el mensaje que sale del Ministerio es que hay que cambiar las reglas de explotación y la legislación relativa al Trasvase.

-El cuerpo jurídico del Trasvase es amplio y de muy alto nivel. Hay leyes, y las leyes solo se cambian en el Congreso de los Diputados. Hay que convencer a muchos parlamentarios para realizar una modificación de calado. Lo otro es lo que está en el ámbito del Tajo. Y lo que salga ahora será un documento de debate. Lo que importa es lo que apruebe el Gobierno dentro de un año, y qué equilibrio encuentra entre unos y otros territorios.