Quevedo en Cartagena y el Teatro Romano

JOSÉ MARÍA POZUELO YVANCOS

La reciente inauguración del Teatro Romano de Cartagena, va a constituir no sin motivo un lugar de referencia inexcusable en el conjunto de edificios civiles que quedan en Europa y medio Oriente de la gran época de Augusto. Mirado ahora, tras la remodelación que ha llevado a cabo Rafael Moneo, con el concurso de Sebastián Ramallo, catedrático de la Universidad de Murcia, especialista en Arqueología Romana, queda uno maravillado de que el tiempo haya hurtado durante siglos tamaña maravilla. Mirado históricamente fue la edificación del barrio chino y las casa baratas que se construyeron sobre la llamada Morería, la que preservó el teatro con tanta pureza y, en términos relativos, excelente conservación. Esa circunstancia ha movido en mi una reflexión, y el recuerdo de un poema de Quevedo escrito en Cartagena.

La reflexión es ¿Cuánto queda enterrado todavía en el subsuelo de esta ciudad? Y de ella se sigue otra ¿Qué enclave seria Cartagena si una política y una cultura diferentes hubieran conservado junto al teatro, el anfiteatro, casas de al época, las necrópolis, las termas etc.? Seguramente Cartagena seria lugar turístico todavía mayor del que este descubrimiento puede convertirla, si se siguen haciendo las cosas bien.

El pensamiento sobre qué hay debajo de Cartagena no esta hecho en el vacío, sino a partir del otro motivo de mi articulo, el soneto de Quevedo que con el título 'Moralidad útil contra los que hacen adorno propio de la ajena desnudez' editó el albacea literario y amigo de Quevedo, González de Salas en el folio 68 de El parnaso español (1648) que reúne buena parte de las poesías de Quevedo. La recoge con el numero 58 la edición de la Obra poética de este autor hecha por José Manuel Blecua. Dice así:

Desabrigan en altos monumentos

cenizas generosas, por crecerte,

y altas rüinas de que te haces fuerte

más te son amenazas que cimientos.

De venganzas del tiempo, de escarmientos,

de olvidos y desprecios de la muerte,

de túmulo funesto, osas hacerte,

árbitro de los mares y los vientos.

Recuerdos y no alcázares fabricas;

otro vendrá después que de sus torres

alce en tus huesos fábricas más ricas.

De ajenas desnudeces te socorres,

Y procesos de mármol multiplicas,

Temo que con tu llanto el suyo borres.

Para comprender bien el soneto y saber que fué escrito en Cartagena es preciso conocer la nota que González de Salas, el albacea literario de Quevedo, escribió junto al poema al editarlo en 1648: 'Estudia esta enseñanza en la fabrica del castillo de Cartagena, que para edificarle deshicieron unos sepulcros de romanos'. Blecua añade en su edición de Poesía original de Quevedo (1968): «Quizá de abril de 1616, en que don Francisco embarcó en Cartagena rumbo a Nápoles» (p.54).

No puedo extenderme en el comentario de un soneto muy rico que para ser bien entendido precisa esta circunstancia: en el primer cuarteto Quevedo advierte al soberbio castillo que a él le va a ocurrir un día futuro lo mismo que él esta haciendo con los sepulcros (cenizas) sobre los que se hace fuerte, por eso las ruinas (lo sepulcros romanos) «mas son amenazas que cimientos». En el segundo cuarteto, el castillo, con su osada ubicación que le hace «arbitro de los mares los vientos» (excelente verso), se está construyendo sobre venganzas del tiempo y escarmientos (tal cosa son los sepulcros romanos) y supone olvidos y desprecios de la muerte. Por eso añade en el primer terceto que el castillo en vez de fabricar alcázares esta fabricando recuerdos (porque un dia él mismo será solo un recuerdo), y eso verá cuando alguien que venga después construya sobre él fábricas mas ricas para las que sus altas torres habrán sido huesos (como los huesos romanos lo están siendo para el castillo). Acaba el soneto lamentando que de edifique sobra la desnudez ajena y que el llanto del castillo seguirá la de las ruinas romanas (uno borrará al otro).

Excelente soneto moral. Y que a la luz de lo que supone Cartagena edificada sobre ruinas de otras civilizaciones, cobra todo su sentido, mucho más cuando sabemos que Quevedo lo escribió por ella y a la vista de las ruinas romanas que su castillo enterró.