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Al cangrejo azul solo se le combate comiéndoselo

Un cangrejo azul recién pescado. / J. J. Guillén / EFE
Un cangrejo azul recién pescado. / J. J. Guillén / EFE

Los expertos consideran «inviable» la erradicación de este gran crustáceo invasor, que ya ha colonizado el Mar Menor

Miguel Ángel Ruiz
MIGUEL ÁNGEL RUIZ

Es grande y resistente, y además un ávido devorador que se reproduce y se desplaza con gran rapidez, incluso con incursiones sin complejos en el agua dulce. El enorme cangrejo azul ha llegado a la costa española para quedarse puesto que, después de una expansión que se inició hace siete años en el Delta del Ebro (Tarragona) y también ha alcanzado de lleno al Mar Menor, los expertos consideran que su erradicación es ya «inviable». Así opina el profesor de la Universidad de Murcia Francisco J. Oliva, coordinador del Proyecto Life Invasaqua, que tiene como objetivo establecer protocolos de alerta e información ante la presencia de especies invasoras en el medio acuático.

¿Qué hacer? Por rudimentaria que parezca la medida, no queda otra alternativa para combatirlo que... comérselo. Según Oliva, la actividad pesquera profesional juega un papel muy importante para «mitigar los efectos» en la biodiversidad autóctona del voraz 'Callinectes sapidus', un crustáceo con un potencial reproductor de hasta dos millones de crías por hembra que solo tiene un depredador conocido: el pulpo.

Porque el cangrejo azul, o jaiba, no solo es comestible sino que es un bocado apreciado en sus países de origen, especialmente Estados Unidos y Canadá. En la Región de Murcia aún no es un producto popular de consumo, aunque ya se vende en algunas pescaderías a un precio de entre seis y siete euros el kilo. Los pescadores del Mar Menor capturaron el año pasado en la laguna 4.562 kilos. En 2017, solo 622, lo que da una idea de su fuerza invasora.

Los pescadores de la laguna capturaron el año pasado más de 4.500 kilos de jaibas

En el Delta del Ebro la situación en más preocupante: la cofradía de San Carlos de la Rápita (Tarragona) subastó en 2018 60.000 kilos; en los tres primeros meses de 2019 ya había contabilizado 55.000.

Debido a lo reciente de su presencia en España, esta especie aún no está incluida en el catálogo de exóticas invasoras ni figura como prioritaria en la normativa europea para su control, aunque sí está en la lista de las que tienen interés comercial.

La comunidad científica alerta del «riesgo notable» de considerar a esta especie como naturalizada y no como invasora, informa Efe, y advierte de que la rápida expansión del cangrejo azul por el Levante peninsular tiene «importantes impactos ecológicos y socioeconómicos».

Para Francisco J. Oliva, «una gestión integral de la especie obliga a la obtención de datos demográficos y ecológicos, la evaluación cuantificada y exhaustiva de sus impactos sobre el medio y sobre otros sectores socioeconómicos, como la acuicultura y la pesca artesanal, y la evaluación de métodos de captura y zonas prioritarias de control».

También es necesaria, según Oliva, «una red de puntos de alerta temprana con planes de seguimiento para detectar rápidamente nuevas invasiones, además de campañas de información y sensibilización sobre las actividades que puedan ser vectores de su dispersión».