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'Shinrin-Yoku' en El Valle

Un 'baño de bosque' en el parque regional murciano para cargar pilas y tomar el pulso a la naturaleza

La senda del castillo del Puerto, en el Parque Regional El Valle-Carrascoy./M. A. R.
La senda del castillo del Puerto, en el Parque Regional El Valle-Carrascoy. / M. A. R.
Miguel Ángel Ruiz
MIGUEL ÁNGEL RUIZ

Nos ha dado por comer sushi y carne de buey de Kobe (quien se la pueda permitir), en más de una ocasión nos haríamos el harakiri y a veces hemos sido un poco kamikazes. Así que ahora, siendo coherentes con la querencia occidental por todo lo 'japo', llamamos Shinrin-Yoku a dar una vuelta por el monte. Este vocablo, puesto en circulación por el Gobierno de Japón en 1982 para referirse a los beneficios para la salud de los 'baños de bosque', es ahora una tendencia en el ámbito del 'wellness'. Quizá es algo que usted haya practicado toda la vida, pero debe saber que en estos momentos está de moda.

La Agencia Forestal de Japón cuenta con 48 centros oficiales a los que acuden cada año entre 2,5 y 5 millones de personas para someterse a terapias de 'baños de bosque'. Tres sesiones semanales de una hora de duración reducen la presión sanguínea, alivian el estrés y a medio plazo rebajan la incidencia de infartos en un 5,8%, según los estudios científicos que manejan las autoridades sanitarias del país del Sol Naciente. El inmunólogo Qing Li recomienda «absorber el bosque a través de los cinco sentidos» para una vida sana y plena.

Encuentro estos datos en internet después de disfrutar, esta misma mañana, de una estupenda sesión de Shinrin-Yoku en el Parque Regional El Valle-Carrascoy (Murcia). Un paseo por el monte de los de toda la vida por una de las sendas más bonitas de este espacio natural, la que sube desde la rambla del Puerto hasta el castillo del Portazgo, donde el bosque literalmente te abraza en la húmeda ladera norte de la montaña.

Dos horas inmerso en el cálido otoño murciano entre pinos, cipreses y mantos de musgo, brincando entre las pozas del curso de agua que baja paralelo a la autovía de Cartagena y adivinando entre la pinaza la presencia de hongos como níscalos, bojines y rúsulas. Es la primera y la última vez que denomino Shinrin-Yoku a una de estas escapadas rápidas y terapéuticas a la naturaleza, pero reconozco que el 'baño de bosque' me ha sentado muy bien. Os lo receto.

 

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