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Barra libre en Cope-Calnegre

Desidia en el parque regional: los coches aparcan sobre las dunas en varias playas porque no se reponen los postes de madera arrancados

Playa del Charco, el pasado fin de semana, con varios coches aparcados sobre la arena y un vehículo atravesando el hueco dejado por la ausencia de dos bolardos./M. A. R.
Playa del Charco, el pasado fin de semana, con varios coches aparcados sobre la arena y un vehículo atravesando el hueco dejado por la ausencia de dos bolardos. / M. A. R.
Miguel Ángel Ruiz
MIGUEL ÁNGEL RUIZ

Más allá de las joyas de la corona de los espacios protegidos de la Región de Murcia, como Sierra Espuña y Calblanque, hay otros enclaves con la misma categoría legal (parques regionales, nada menos) donde la gestión es deficiente o apenas existe. Un caso claro es Cabo Cope-Calnegre, donde, más allá de unos cuantos carteles informativos y los bolardos que se colocaron hace un par de veranos en varias playas y tramos de costa para proteger arenales y dunas fósiles, poco más se ha hecho desde su protección administrativa hace... ¡27 años! (ley 4/92). Pero ni siquiera se mantienen las mínimas medidas de conservación de estos frágiles hábitats litorales.

Por ejemplo: los coches están aparcando sobre la arena en la playa del Charco (Águilas) durante todo el verano después de que fueran arrancados dos de los bolardos que delimitan la zona de estacionamiento. Estoy seguro de que casi todos los usuarios de la playa piensan que es legal atravesar ese paso franco hacia las dunas. El hueco entre postes supone algo parecido a una bienvenida.

Lo mismo ocurre en Cala Blanca (Lorca), donde los tres bolardos que impedían el acceso de los vehículos fueron saboteados ya ni se sabe cuándo. Coches y caravanas ocupan irregularmente a diario esta playa, una de las más valiosas del parque regional, sin restricción alguna.

Acceso a Cala Blanca. En rojo, los puntos donde han sido arrancados los postes de madera.
Acceso a Cala Blanca. En rojo, los puntos donde han sido arrancados los postes de madera. / M. A. R.

Advertí de esta situación el día 21 de agosto en la red social Twitter, y desde la cuenta oficial del parque se me contestó, dos días después, que los bolardos de la playa del Charco se han repuesto en varias ocasiones, y que se repararían enseguida. Ninguna información sobre los de Cala Blanca. Este fin de semana, más de diez días después, los postes de madera seguían sin colocar en los accesos a ambas playas.

¿A qué están esperando? ¿A que termine el periodo vacacional y ya no sea necesario hacer la vista gorda, no vaya a ser que alguien se moleste? Estos son los hechos, detrás de los cuales asoma una incomprensible desidia administrativa.

Que unos cuantos coches aparquen en zonas prohibidas no es el principal problema de este espacio protegido, cuyos valores naturales menguan día a día ante el avance imparable de la agricultura intensiva y sus daños colaterales. Pero es un detalle significativo, y ya se sabe que el demonio está en los detalles (dicho popular anglosajón).