La violencia racista compromete a Trump

El autor de la masacre de El Paso, seguidor del presidente, dejó un manifiesto contra los hispanos

MERCEDES GALLEGOCorresponsal en Nueva York

Después de cada mascare sin sentido, la angustiosa pregunta del por qué. Esta vez no hará falta. El autor del tiroteo de ayer en El Paso (Texas), que dejó al menos 21 muertos y 25 heridos, colgó en una web de supremacistas blancos un manifiesto de cuatro páginas en el que desgranaba su odio contra los hispanos y otros inmigrantes. Si aún quedan preguntas, él mismo podrá contestarlas, porque está vivo y en custodia policial.

«¡Ay, Dios mío!», se escucha suspirar en español a una mujer tras la traca de disparos, grabada en un teléfono desde el suelo. No es casualidad que entre los fallecidos haya al menos tres ciudadanos mexicanos, además de seis heridos, entre ellos una niña de diez años. El joven de 21 cuya última dirección conocida se halla en un suburbio de Dallas, a casi mil kilómetros de distancia, eligió El Paso porque tiene casi un 80% de hispanos. Los odia porque «tomarán el control del gobierno local y estatal de mi amado Texas», escribió. «La abundante población hispana en Texas nos convertirá en un bastión del Partido Demócrata».

Dos días antes el senador Ted Cruz había advertido en una entrevista que su partido no puede dar por hecha la victoria en Texas, sin la cual se desmoronaría la reelección de Donald Trump. La prensa recordaba que desde el último censo del año 2000 el estado tiene casi dos millones más de habitantes, y más de la mitad de estos son hispanos. ¿Lo leyó el pistolero cuyo nombre no vale la pena repetir para no contribuir a la gloria que buscaba? En su manifiesto racista titulado como el documental de Al Gore, 'Una verdad inconveniente', dice que no lo planeó mucho: «Tenía que hacerlo antes de que perdiera los nervios».

Tampoco le dio mucha oportunidad a la policía para interceptarlo. El primer intento de colgar el documento en la página de 8chan fue apenas 24 minutos antes de que llegara la primera llamada al número de emergencias, lo que hace pensar que lo hizo desde su coche. Eligió un hipermercado de la cadena Walmart, demonizada por los amantes de las armas desde que subiera la edad legal de 18 a 21 para comprar rifles automáticos en sus establecimientos. Este fin de semana, además, Texas incentiva las compras eliminando el impuesto equivalente al IVA. Los mexicanos de Ciudad Juárez, al otro lado de la frontera, aprovechan rutinariamente la oferta para hacer las compras de la vuelta al cole, que en Texas empieza a mitad de agosto. El centro comercial de Cielo Vista esta lleno.

El aviso, escrito como si el tiroteo ya hubiera ocurrido, no decía en qué ciudad. Para la policía hubiera sido imposible impedir la masacre a ciegas y en 24 minutos, pese a que las alertas saltaron de inmediato en el FBI, al estar mencionado en el documento que los administradores de la página retiraron «casi de inmediato», observó la web de investigación Belingcat. Aún así, tres personas alcanzaron a escribir comentarios, algunos pidiendo que lo repitiera «cada shabbat», o sea, cada semana, y muchos cumplieron con la encomienda de repostearlo. «Haced vuestra parte y difundid esto, hermanos», les pidió. Fue a regañadientes, y no por escrúpulos ante la sangre que iba a derramar, sino por «el cero esfuerzo» con que estaba escrito. «Aquí esta», dijo uno al adjuntar el PDF. «Es un manifiesto de mierda y el tipo probablemente sea un marica pero aún así puede ser útil para la posteridad».

Dentro del centro comercial todavía no sabían que estaban a punto de morir. El chico con pantalón de fatiga que captaron las cámaras de seguridad al entrar se puso unos cascos para protegerse los oídos del sonido de sus disparos y unas gafas de plástico, como si fuera a hacer prácticas de tiro. Cruzó la puerta y empezó a disparar aleatoriamente contra las alegres familias que se movían entre los percheros de ropa, mientras todos corrían a esconderse. Pop... pop... pop... POP-POP-POP. «¡Ay Dios mío!», suspiraba la mujer escondida debajo de un banco.

Imágenes del día de la masacre. / Agencias

La policía tardó seis minutos en acudir y 25 en detenerle desde que se realizó la primera llamada de auxilio. Había dicho que «probablemente» moriría, pero no opuso resistencia. «Un marica», habían dicho sus compañeros racistas, insatisfechos con lo mal que argumentaba su odio contra «las mezclas raciales», y mala copia del tiroteo de Nueva Zelanda de marzo contra dos mezquitas que le inspiró, junto con los libros que leía Timothy McVeigh, antes de atentar en 1995 contra el edificio del FBI en Oklahoma. «Pensábamos que internet iba a ser la última maravilla para la democratización y resulta que ha servido para conectar a todos estos terroristas e inspirar a otros muchos», se lamentó el ex comisionado de policía de Nueva York Bill Bratton. «¿Cómo se previene esto?».

Desde su campo de golf de Bedminster, Donald Trump acudió raudo a las redes para distanciarse de lo que lleva su nombre grabado por todos lados. El asesino había tuiteado una foto con armas que formaban el apellido Trump y se había sumado a las campañas de #BuildTheWall. «Fue un acto de cobardía», le condenó su ídolo para evitar la responsabilidad. «Sé que estoy con todo el país al condenar este acto de odio».

El presidente aseguró que «no hay lugar para el odio» en Estados Unidos pero atribuyó los hechos violentos a «problemas mentales». «El odio no tiene cabida en nuestro país», afirmó Trump a los periodistas antes de embarcar en el avión presidencial rumbo a Washington tras pasar el fin de semana en su club de golf de Nueva Jersey, Bedminster.

Trump ha comentado que solicitará al fiscal general de EE UU, William Barr, medidas para detener la violencia por arma de fuego tras las masacres ocurridas en El Paso (Texas) y Dayton (Ohio).

Dos de los candidatos demócratas que aspiran a enfrentarse a él en la reelección son de Texas, el ex alcalde de San Antonio Julián Castro y el exconcejal y ex cogresista de El Paso Beto O'Rourke. Consternado por la tragedia de su ciudad, una de las más seguras del país pese a estar en la frontera y tener casi 700.000 habitantes, O'Rourke no le dejó escapar. «Cada año desde que tenemos a un presidente que llama a los ciudadanos mexicanos violadores y criminales los crímenes de odio aumentan más», dijo a las cámaras, en inglés y en español. «Ha intentado que nos asusten. Es un racista y ha avivado el racismo en nuestro país», le acusó sin remilgos.

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