El arte de dibujar la moda

Ilustración de Laura Gulshani. /
Ilustración de Laura Gulshani.

La función que antaño realizaban las editoriales de las revistas la lleva a cabo en la actualidad Instagram, trampolín de los talentos emergentes y sustento de los consagrados

Gloria Salgado
GLORIA SALGADOMadrid

Sin filtros ni autofotos, la ilustración de moda está viviendo una época dorada gracias a las redes sociales. Un sector que, al margen de la dictadura de la fotografía y el narcisismo del selfi, ha conseguido que las marcas hayan vuelto a confiar en ellos para firmar sus campañas, como lo hicieron en el pasado Marcel Vertes, Kenneth Paul Block o Andy Warhol.

Hoy, muchos coleccionistas de arte contemporáneo buscan obras originales de estos creadores, a la vez que surgen galerías de arte especializadas. Es el momento para reivindicar la ilustración de moda como una forma de arte en si misma. Una interesante etapa que ha aprovechado el Museo ABC para dar forma a una exposición muy buscada, #FINAESTAMPA. Una suerte de radiografía del presente de una disciplina que, desde sus orígenes, se traduce en el reflejo de una época y que se podrá disfrutar desde el 15 de enero hasta el 19 de mayo de 2019.

«Instagram es el portfolio de hoy en día. Las webs se han quedado obsoletas» jordi labanda

Los 22 artistas -la mayoría mujeres- que componen la excepcional muestra «han borrado la frontera entre el arte y la ilustración», explica el periodista y diseñador Jesús Cano, comisario de la exposición. La elección de las piezas originales, realizada por cada artista, «no son meras estampas que acompañen a un texto». No necesitan aderezos. Para Cano, lo más importante es que son dibujos que «insinúan más que enseñan y eso los hace más interesantes porque han perdido el componente comercial» existente en el siglo XX. Sin embargo, hay una excepción que se agradece, «un intruso», como se define Jordi Labanda (Mercedes, Uruguay, 1968).

«Yo me considero un artista comercial. No tengo ningún remordimiento por ello», afirma Labanda, sin pelos en la lengua, a este periódico. «Mi prioridad son los encargos -asegura-, no vendo por mi cuenta, me da pereza». Un ilustrador todoterreno que utiliza la moda lateralmente, como una herramienta más. «La uso como medio no como el fin». Su inspiración no está definida. Será por eso que nunca en 25 años se ha quedado en blanco. «La realidad te da más información de la que necesitas», argulle la 'rock star' de la ilustración en nuestro país.

El trampolín de Instagram

Es obvio que la función que antaño realizaban las editoriales de las revistas la lleva a cabo en la actualidad Instagram, trampolín de los talentos emergentes y sustento de los consagrados. «Es el portfolio de hoy en día. Las webs se han quedado obsoletas», argumenta Labanda. Quizá tanto como su móvil, muy lejos de la generación de smartphones, por eso otra persona se encarga de gestionar su cuenta . Una 'revista' que ojean más de 100.000 personas.

«Lo bueno de los famosos con respecto a la gente anónima es que están acostumbrados a que se les esté observando» David Downton

La muestra del poder de las redes sociales es la audaz y extravagante estadounidense Blair Breitenstein (Mercer Island, EE UU, 1989) logró su primer trabajo profesional -ni más ni menos que con Óscar de la Renta gracias al buen uso de los 'hashtags'. Otros, como el maestro David Downton (Kent, Reino Unido, 1959), se resistieron hasta que un becario les abrió los ojos. Eso sí, tiene tres normas básicas para los gestores de su red social: «Prohibidas las fotos de comida, pies en la playa o las tomadas desde un avión».

El británico es el mejor ejemplo de la evolución de los ilustradores de moda. Downton hizo desde un manual de sexo a libros de recetas, hasta que en el 96, cuando no había visto ni un solo desfile, se centró en exclusiva en la Alta Costura. Desde su primer trabajo con Naomi Campbell, Kate Moss y Linda Evangelista -su favorita «por su profesionalidad»- han pasado 22 años «recreando sueños, no vendiendo» y, tambien, «conociendo ídolos». A algunos, confiesa, se lo ha rogado él, con otros el cara a cara ha surgido por petición de revistas para las que trabaja, como Vanity Fair. «Lo bueno de los famosos con respecto a la gente anónima es que están acostumbrados a que se les esté observando».

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