«Valor es lo que hace falta para vivir»

La edil Lola Sánchez, en el burladero de la Policía Local, con José María Caballero y el jefe Mainar (d). /GUILLERMO CARRIÓN / AGM
La edil Lola Sánchez, en el burladero de la Policía Local, con José María Caballero y el jefe Mainar (d). / GUILLERMO CARRIÓN / AGM

La tarde de Ureña concitó a la 'crème de la crème' de la política regional, eufórica por el contacto con la muchedumbre; «Yo no siento miedo a nada, lo doy todo para cuajar grandes faenas», asegura Cachá

MANUEL MADRID Murcia

¿Para qué se necesita valor en la vida? Esta era la pregunta gancho el lunes y, como en el ruedo, en qué se vio más de uno para salir airoso. El delegado del Gobierno y secretario general del PSRM, Diego Conesa, dejó caer -con su serenidad habitual y esa sonrisa de fascinación de alguien todavía sin malvar-, que «en la cárcel y con miedo no se puede estar». El presidente del Gobierno regional, Fernando López Miras, era un lorquino más entre lorquinos, llevado -como todo paladín- por un largo número de subalternos. Qué felicidad se respira en la Feria, donde la clase política gusta de meterse en las aglomeraciones para contagiarse de la excitación. La consejera de Educación, Adela Martínez-Cachá, entre directores de colegios e institutos, es una mujer con arrojo. «No siento en esta vida miedo a nada. Siempre he tenido valor para tomar decisiones, tanto en lo profesional y en lo personal, y lo doy todo para cuajar grandes faenas», vino a decir. Lo de menos es arramblar con el máximo trofeo, pero orejas, si fuera la vara de medir, tiene unas cuantas. Por cierto, con Miguel Sánchez, líder de Ciudadanos, la consejera tiene una relación excelente.

La corrida del lunes concitó a los rectores de la UMU, José Luján, y de la UPCT, Alejandro Díaz Morcillo, con el presidente del Consejo Económico y Social (CES), José Cobacho, «la voz de la sociedad ante el Gobierno», la prudencia personificada. Los rectores respondieron lo mismo al unísono, como gemelos, a la pregunta: «Valor es lo que hace falta para vivir la vida». Rafaelillo volvió a La Condomina con un sol dibujado en su rostro; feliz era decir poco para el murciano de grana y oro que regresó el domingo a su plaza con puerta grande por la mínima -dos orejas de tres toros-. Pepe Soler volvió con el exalcalde de Becerril de la Sierra, Joaquín Montalbo. Cirilo Durán, pura simpatía -todo es quitarse el uniforme y desprenderse de ese aire de gendarmería-, tenía como compañero de andanzas al Almirante de Acción Marítima Manuel de la Puente. El encargado de ejecutar las misiones relacionadas con la seguridad y la protección de espacios marítimos de interés nacional desde la Capitanía General de Cartagena es natural de Cádiz, que tiene en común con la antigua Carthago Nova la necesidad de una plaza de toros. Allí se conforman con la de San Fernando. Iba con ellos Juan Antonio Campillo, empresario de La Unión. No faltó a la corrida de Ureña otro clásico, el floristero del Barrio del Progreso, Ángel Serrano, y su peña. Ni José María Mainar, jefe de la Policía Local de Murcia, acompañado por la concejal Lola Sánchez, José María Caballero y el doctorMartín Gil.

El profesor de Derecho Constitucional de la UMU Germán Teruel, «amante de la vida y ciudadano comprometido», espera que tarde mucho en plantearse la prohibición de la fiesta de los toros: «Lo que falta son aficionados que sepan transmitir lo que significa este arte y gente que venga a corridas, pero constitucionalmente todo es planteable». Asentía su mujer, la cordobesa-sevillana Lourdes García y el abogado y coordinador de la sección de Extranjería y Asilo del Colegio de Abogados de Murcia, Jawad Romaili.

Pensamientos de Ballesta

El alcalde de Murcia, José Ballesta, eligió como compadres de burladero a las regidoras de Archena, Patricia Fernández-a cordialidad no le gana nadie-, y Blanca, Esther Hortelano, y a su homólogo lorquino, Fulgencio Gil, que no podía faltar con Ureña con letras grandes en el cartel. Decía Ballesta que nunca se le ocurriría ponerse delante de un morlaco, «porque uno es consciente de sus limitaciones y alardes los justos». Entró meditando sobre la línea quebrada «entre la insensatez y la valentía», y tuvo que fijarse en el respingo que dio el presidente de la corrida cuando pidieron oreja al primero de El Juli, que no dio ni la vuelta al ruedo. El segundo salió despistado, algo que no esperaba la peña de El Chapi de La Arboleja. Hombres hambrientos, capaces de jalarse esa pata de jamón -auténtico sabor español- que traían empezada y lista para cortar «en chullas». Decía Benito Noguera: «¡Vive la vida! Y, por Dios, ¡que no me quiten esto!». Manzanares tardó en echarse con el capote para su primero, observó Gregorio González, vicepresidente de los sardineros, encantado con sus socios de Palas Atenea. Dentro no pitan, se reservan para el Entierro. Y aviso: en 2019 habrá desfile también el miércoles, así que más fiesta que nunca los días de primavera.

Ángel Orengo, padre del percusionista Miguel Ángel Orengo, traía a su hijo de pequeño a la plaza y lo entretenía comprándole tentes, bloques de plástico similares a los Lego, «y allí tranquilo los montaba». Ahora con los años, incluso fuera de estos días de feria, tararea pasodobles como 'España cañí', 'Gato montés' o 'Suspiros de España', símbolo fetichista en 'Soldados de Salamina'. La copla, dice Orengo, «es uno de los géneros musicales españoles más difíciles y Paco de Lucía y su disco póstumo es la mejor manera de reivindicarlo». Sofía Cebrián, decoradora e interiorista con prisas, musa del diseñador Javier Mármol, que el 20 de septiembre volverá a mostrar colección, estaba «divina» con un look folk pop.

Flamenco en La Condomina

Estaban también en la plaza el ganador de 'Ven a cenar conmigo', el concurso de televisión, Miguel Sánchez, un sevillano en el comité ejecutivo de la agrupación sardinera. Y Pedro 'El Lechero' y su troupe, dedicados «al servicio público», vamos, policías de toda la vida. El arquitecto Raúl Torres no había entrado nunca al coso diseñado por Justo Millán, donde en los 60 había, como recordaba Juan Antonio Ruiz, un ciclo de conciertos flamencos, de La Niña de la Puebla, Antonio Molina, Farinas, Valderrama y Porrinas de Badajoz, «pero se han muerto todos». Los fotógrafos Luis Godínez de Cartagena y Franco de Murcia hablaban de lo difícil que son «las ráfagas», los disparos consecutivos: «Lo mejor es tirar bien a una foto. Y lo peor, ¡tengo que decirlo!, es que Cartagena no tenga una plaza. ¡Es que no hay ni una plaza de las portátiles!». Pues eso. Que parece mentira.

«¡Ponte de pie!», gritaban a Ureña, descalzo y vendido, con una insuperable gracia. Una figura para esculpir.

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