Letanú acaba con el whisky

El argentino Alfredo Letanú encara a Peruena, defensa uruguayo del Oviedo, en un partido jugado en El Almarjal el 3 de octubre de 1982. / archivo la verdad
El argentino Alfredo Letanú encara a Peruena, defensa uruguayo del Oviedo, en un partido jugado en El Almarjal el 3 de octubre de 1982. / archivo la verdad

El argentino, tras ser expulsado en Riazor en un partido que terminó 5-0, liquidó todas las existencias del bar en el tren Coruña-Madrid, en octubre de 1982

Francisco J. Moya
FRANCISCO J. MOYA

Pocos jugadores en la historia del Efesé crearon tantos problemas extradeportivos en tan poco tiempo como el delantero argentino Alfredo Raúl Letanú (Mendoza, 1952). Solo estuvo seis meses en el Cartagena, entre septiembre de 1982 y enero de 1983, el tiempo suficiente -no obstante- para montar mil líos de todo tipo y condición. La gota que colmó el vaso llegó cuando su esposa se presentó en las oficinas del club y pidió al presidente, Andrés Martínez, que le pagara el sueldo de su marido directamente a ella, ya que llevaba tres meses sin ver una peseta y no tenía para alimentar a sus hijos. Letanú cogía la nómina a principio de mes y se la fundía rápidamente en sus diferentes vicios. Nada llevaba a casa.

Sus indisciplinas eran constantes y casi diarias. Por ejemplo, se pasaba la mayor parte de los entrenamientos físicos escondido entre los árboles de la subida a Tentegorra. Cada día, el entrenador Gustavo Silva obligaba a sus futbolistas a subir y bajar corriendo cuatro veces seguidas desde el Hospital Naval hasta el parque de los Canales del Taibilla. Letanú, en el primer trayecto y cuando los demás se despistaban, se escondía detrás de un árbol y se quedaba allí sentado a la sombra y fumándose unos cigarrillos. «Ché, dejarme tranquilo, que yo ya no estoy para correr tanto. El domingo me dan la pelota y yo la meteré en el arco», decía el argentino con tono despreocupado cuando sus compañeros le regañaban por no entrenarse.

No arrancó mal Letanú en el Efesé. Suyo fue el primer gol en Segunda tras el ascenso de Torrejón de Ardoz y marcó en los dos primeros partidos en El Almarjal, saldados con victoria ante Xerez y Linares. Pero todo empezó a torcerse en la jornada 7 de aquella Liga 82-83, la primera de los albinegros en Segunda tras 19 años en Segunda B, Tercera o Preferente. El Cartagena cayó con estrépito en su primera visita en décadas a Riazor. 5-0 ante un Deportivo de La Coruña entrenado por Arsenio Iglesias. Los gallegos ya ganaban 4-0 en el minuto 20 y los albinegros, con Letanú en la punta del ataque, hicieron un partido lamentable.

«En el primer tiempo, el conjunto blanquinegro fue poco más que un grupo de amigos», destacó 'La Verdad' en su crónica de un partido jugado el 17 de octubre de 1982 en Riazor, ante 8.000 espectadores y bajo un diluvio que dejó el campo completamente encharcado en el segundo tiempo. Letanú vio dos amarillas y fue expulsado en el tramo final del encuentro. Así, el Cartagena, que solo había encajado cuatro goles en las seis primeras jornadas, se volvía de La Coruña con una manita.

Fiesta y broma pesada

El largo viaje de regreso de la expedición albinegra, que se hizo en tren, tuvo su miga. Letanú y su compatriota Cantarutti -según contaron varios de sus compañeros al llegar a Cartagena- se pasaron toda la noche en el bar del tren que cubría el trayecto Coruña-Madrid. Tanto tiempo estuvieron allí que agotaron las existencias de whisky. Cantarutti se fue a dormir y Letanú, que ya tenía 30 años y no era ningún niño, decidió prolongar la juerga. A su manera. Ya de madrugada, se coló en el vagón de «un matrimonio mayor» y les gastó «una broma pesada, más propia de un alumno de los últimos cursos de EGB que de un jugador profesional», contaba Guillermo Jiménez en este periódico en la edición del jueves 21 de octubre de 1982.

Letanú, al que poco le importaba el 5-0 y su expulsión en Riazor, fue llamado al orden por la directiva nada más llegar a Cartagena. Gustavo Silva y Andrés Martínez se encerraron con él en el vestuario y le informaron de que por su «mal comportamiento» en el tren se quedaba sin la prima que se repartió entre los jugadores por la victoria de la semana anterior en Córdoba. Y el argentino montó en cólera. «Con mi dinero no se juega. O me pagan o me voy», amenazó un furioso Letanú. Al final, no cobró esa prima y su relación con Gustavo Silva, quien lo trajo a Cartagena porque lo conocía de sus años en la Primera División argentina, se resquebrajó completamente. Siguió siendo titular y marcó dos goles más, al Elche y al Murcia, pero a finales de enero pidió la baja y, tras jugar 15 partidos y marcar 4 goles con el Cartagena, volvió a su país.

En sus inicios, había pasado por Boca Juniors y Gimnasia y Esgrima. Fue en Estudiantes de la Plata donde explotó, al anotar 38 goles entre 1976 y 1978. Tras jugar en Racing y San Lorenzo, bajó a Primera B, al Villa Dálmine. Cuando fichó por el Efesé, su balance era de 65 goles en casi 200 partidos en su país. Pero ya estaba en decadencia. Denunció públicamente que los agentes que lo trajeron a Cartagena le engañaron y se quedaron con casi todo lo que el Efesé prometió pagarle. En cualquier caso, esas palabras fueron puestas en duda por casi todo el mundo desde el primer momento.