La otra plantilla de Riquelme

Carlos Rebollo con algunos ejemplares de su colección. En su mano derecha, un escarabajo rinoceronte. / Mª J. PEÑAS
Carlos Rebollo con algunos ejemplares de su colección. En su mano derecha, un escarabajo rinoceronte. / Mª J. PEÑAS

La colección que atesora el 'greenkeeper' Carlos Rebollo da cuenta de la rica diversidad animal de este ecosistema

MARÍA JESÚS PEÑASMURCIA.

Diez personas configuran el equipo de mantenimiento del campo de Hacienda Riquelme (Sucina, Murcia). El que dirige en su condición de 'greenkeeper' (intendente) Carlos Rebollo Agulló (Orihuela, 1981). Un alicantino que desde pequeño manifestó una clara inclinación por la naturaleza. Por los animales que podía observar en la localidad de su infancia, Bigastro. Enfrente de su casa estaba La Loma, «un monte lleno de ellos», asegura. Los curioseaba; los observaba. «¡No se me escapaba ninguno!», dice sonriente. El amor por las plantas le viene por vía paterna. De su tío Agulló Velasco, conocido como 'El hacedor de Atocha' por la ejecución del Jardín de la ferroviaria Estación de Atocha de Madrid, además de por otros trabajos con plantas ornamentales, y por su estancia en Orihuela, el segundo destino donde Rebollo se crió. Allí, un huerto de naranjos y rodeado de los animales de su abuela hicieron el resto.

Y aunque sus primeros pasos en el mundo laboral tomaron otra dirección, no tardaría mucho en reconducir su destino. Y tras concluir sus estudios de técnico en floristería y jardinería, y de trabajar en la Floristería Hilario de Torre Pacheco, Rebollo entra en contacto con la empresa de mantenimiento de los antiguos campos Polaris World (hoy GNK). Allí comenzó su idilio con las cespitosas y el ecosistema que atesora un campo de golf. Eso sin robarle horas a su 'hobby' desde los 18 años: el mundo de los bonsais. «Tengo alrededor de 51 ejemplares».

«Algo estamos haciendo bien cuando hay tanta riqueza animal»

Lo que 'esconde' el campo

La jornada de Rebollo comienza de madrugada. A las cinco menos cuarto se levanta camino a la diversidad que ofrece el alargado y triangular campo de Hacienda Riquelme y sus humedales. Estos últimos, producto de los cinco lagos con los que cuenta el recorrido asentado en una finca de recreo con antecedentes romanos y musulmanes, propiedad antaño de la familia Riquelme y Fontes. Su recuperada construcción principal, un palacete denominado el Casón de Riquelme, se mandó edificar probablemente a finales del siglo XVIII o principios del XIX. Hoy acoge las instalaciones que dan servicio a los muchos jugadores de golf que transitan por el campo. Un recorrido que Rebollo conoce bien. Lo ha pisado centímetro a centímetro. La única manera, dice, de poder conocer toda la vida animal que esconde. La que no se deja ver a simple vista. Son los grandes desconocidos para el golfista, pero toda una maquinaria natural de mantenimiento y de información. Una especie de segunda plantilla de trabajo de Rebollo. «Todo es una cadena y todo eslabón es necesario para que el ecosistema funcione. Me enorgullezco de que usemos productos ecológicos respetuosos con el medio ambiente y con la vida de las especies que aquí viven, y que la propiedad haya apoyado que esto sea así», destaca el 'greenkeeper'. Y continúa diciendo: «Hace unos días vi un lagarto ocelado»; un ejemplar más de una amplia variedad de vida animal que forma parte de un todo. Como la culebra de escalera o la viperina, los búhos... «Si mantienes los ojos abiertos te das cuentas de que no estás solo. Hay una vida animal 'oculta'».

Me enorgullezco de que usemos productos ecológicos respetuosos con el medio ambiente»

De toda esta vida Rebollo se documenta; «me gusta rascar hasta el final», asegura. Un muestrario de unas 80 a 100 muestras de plantas avalan esta afirmación a la que sumar su colección de 'bichos', en diferentes botes. Algunos ejemplares de la significativa vida animal que le rodea. Caso del escarabajo rinoceronte o de la avispa 'Megastonia maculata'. Concienzudo, metódico, curioso, perfeccionista -como buen cuidador de bonsais-, entiende precisamente al campo de golf como otro tipo de bonsai. «Sabes que no lo terminas mañana, sabes que lleva su tiempo. Es un ser vivo. Un proyecto que no se resuelve de hoy para mañana».

Todos cumplen una función

En Riquelme «algo estamos haciendo bien cuando hay tanta riqueza animal. Si los estás respetando, los sigues viendo», afirma Rebollo. Aunque para ver a alguno de ellos hay que estar a la hora adecuada. De madrugada Rebollo coincide con el sapo común que se deja ver en los hoyos 13, 8 y 9. También es el momento de actividad de los búhos en los 'tees' del 9. «Si uno se fija, puede coincidir con la culebra de escalera o el escarabajo rinoceronte (...). Y todos ellos cumplen su función». «Reptiles inofensivos para el ser humano» -como puntualiza Rebollo- como la culebra escalera que tiene en su dieta los gazapos de conejos. «No olvidemos que estos mamíferos son grandes devoradores de césped; la culebra viperina controla la población de ranas». Los sapos la de lombrices. «Hay todo un ciclo natural que funciona». Este alicantino está convencido de que en estos años ha crecido la diversidad y riqueza de la fauna de este paraje. Hay un montón de ánades, garcetas blancas y hasta un cisne negro que ha fijado su residencia en el hoyo 4 o 7 de Riquelme (según le venga mejor) y que ha sido bautizado con el mismo nombre que Rebollo, 'Carlos'. Hay estorninos que se alimentan de rosquillas negras (gusanos comedores de césped), grillos topo -en la zona de las cascadas- y larvas de mariquita, «la de 7 puntas», que es uno de los aliados de este jefe de mantenimiento contra el pulgón, junto con una pequeña avispilla denominada aphidius ervi. Y desde hace poco tiempo se han vuelto a ver erizos.

«Los lagos, por ley, deben tener un 10% de zona de anidación. En Riquelme está entre el 40% y 50%»

La presencia de un animal también es una fuente de información. El billbug, «una larva jodida para el césped, te avisa de que hay un problema de estrés hídrico en el suelo». «Hay todo un ciclo natural que funciona». Y GNK pone de su parte. «Los lagos por ley deben tener al menos un 10% de zona de anidación. En Riquelme está entre 40% y 50%. La propiedad se ha tomado muy en serio que las aves aniden en entre las cañas de los lagos». Rebollo insiste: «Hay que tomar conciencia de que estás en medio, no por encima del ecosistema. Hay que entenderlo, observarlo y no dañarlo». Así que hace un llamamiento a los jugadores. Si se topan con un animal (caso de las culebras), que su primera reacción no sea matarlo. A este intendente solo le despiertan las alarmas la presencia del picudo rojo. «Con él soy tajante. Ese sí tiene que morir. Es invasor y dañino. Si no lo matas se llevará todo por delante (...). No debe estar aquí. Es un intruso como lo es la avispa asiática o la tortuga californiana».

Rebollo termina su jornada feliz. Sabe que al día siguiente le espera de nuevo un trabajo que le apasiona. Volverá a su gran verde oficina, mientras que en casa le espera su mejor creación como 'cuidador'. Su hija Alexandra, que este 21 de septiembre cumple dos añitos.

Temas

Sucina, Golf