Análisis

El tiempo de Zidane empieza a correr

Zinedine Zidane, trabajando en Valdebebas. /EP
Zinedine Zidane, trabajando en Valdebebas. / EP

El francés se la juega en la reconstrucción del Real Madrid tras un curso nefasto en el que no logró enderezar a un grupo desmotivado que se cayó a plomo

Óscar Bellot
ÓSCAR BELLOTMadrid

La maquinaria del Real Madrid trabaja a pleno rendimiento para sentar las bases de la reconstrucción tras un curso nefasto que deja registros negativos para la historia. La mayor desventaja (19 puntos) respecto al Barça desde que naciese la Liga, el número más elevado de derrotas (12) en el torneo doméstico del siglo XXI y la segunda cifra más alta (18) de su existencia entre todas las competiciones, igualada con la campaña 1995-1996 y superada únicamente por las 19 de la 1984-1985, el segundo campeonato con menos puntos en lo que va de milenio (68, dos más que en la temporada 2001-2002), la cantidad más abultada de goles encajados en Liga (46) en quince años y la más reducida de dianas anotadas contabilizando también las de Copa, Champions, Supercopa de Europa y Mundial de Clubes (108) desde las 92 que sumó hace una década un equipo que, como el de ahora, cerró ciclo con escarnio.

Aquel bochorno propició el regreso a la presidencia de Florentino Pérez, mientras que el de ahora precipitó la vuelta de Zinedine Zidane al banquillo. Retornos acompañados por una revolución materializada entonces con los fichajes de Cristiano Ronaldo, Kaká o Benzema, entre otros, mientras este verano se aguarda la llegada de Jovic, Hazard o Pogba. Incorporaciones que cuentan con el visto bueno del técnico que tras ofrecer al dirigente su figura como escudo ante la crisis institucional que se cernía, cuenta con grandes poderes.

Llega la hora de Zidane, que vio venir el hundimiento tras la final de Kiev y puso pies en polvorosa argumentando la necesidad de un cambio de discurso para revitalizar a la plantilla que no surtió efecto con Julen Lopetegui ni con Santiago Solari, lo que llevó al club a encomendarse de nuevo al mensaje del entrenador que amasó una triada de Champions que tampoco caló en un grupo empachado por el atracón de títulos, desmotivado ya sin objetivos cuando recuperó a su pretendido Mesías y que se cayó a plomo a la vera del galo, que sólo mejoró ligueramente los números del guipuzcoano y empeoró los del argentino mientras trataba de restañar las heridas abiertas por su predecesor y separaba supervivientes de condenados en un curso para olvidar.

Desgaste

Sale Zidane con más rasguños de los previstos cuando aceptó retomar el timón para convertirse en pararrayos de la directiva a cambio de moverse con libertad en el capítulo de altas y bajas. Es ahí donde expone el amplio crédito amasado encadenando 'orejonas'. La memoria de la hinchada, que despidió con espíritu levantisco a una generación dorada, queda subsumida en el amargo presente y ni una leyenda como Zizou está a salvo de la inmisericorde realidad numérica.

La portería provoca recelos. Keylor Navas se despidió entre aplausos al término del partido ante el Betis, dejando vía libre a Courtois tras una floja campaña del belga que no altera su consideración de guardameta de referencia. La salida del tico obligará a buscar un recambio de perfil bajo para evitar la siempre difícil convivencia entre arqueros de máximo nivel. La lógica invita a la vuelta de Lunin, que no ha jugado lo previsto en el Leganés, pero la defensa que hace Zidane de su hijo Luca lleva al club a caminar sobre arenas movedizas.

Eden Hazard, el gran deseado por Zidane para abanderar el nuevo proyecto.
Eden Hazard, el gran deseado por Zidane para abanderar el nuevo proyecto. / Will Oliver (Efe)

La mala temporada de Marcelo no ha alterado la fe de Zidane en un lateral con el que tiene una simbiosis especial. Defenestrado por Solari, que le convirtió en el decimosexto de la plantilla por número de minutos, volvió al primer plano con el marsellés, que le dio más rodaje que a nadie (810 minutos, el que más junto a Varane), y reta a sus críticos. «Aunque a algunos no les guste, voy a seguir», dijo tras la última jornada. La llegada de Militao, primer fichaje de la segunda era Zidane, reforzará una retaguardia de la que saldrán Vallejo y Reguilón en busca de minutos y que tiene en el alero a Nacho, que retrocedería en el escalafón con la incorporación del brasileño.

El triunvirato que operó como locomotora en el triplete de Champions consecutivas parece tener garantizada su continuidad con la renovación el lunes de Kroos. Zidane respalda al germano mientras la afición le señala y apuesta por Modric y Casemiro pese a que ninguno rindió a la altura. Pero ambiciona más pegada en el centro del campo, por lo que reclama a Pogba, su principal objeto de deseo junto a Hazard mientras el club duda del volante del Manchester United y preferiría a Eriksen para una zona en la que seguirá Valverde y que verá partir a Ceballos y Marcos Llorente.

Bale bromea con Isco y Kroos durante el partido ante el Betis.
Bale bromea con Isco y Kroos durante el partido ante el Betis. / Emilio Naranjo (Efe)

Benzema, único que sale fortalecido de un ejercicio en el que sus compañeros se han depreciado también a ojos de la afición, es intocable, con Jovic como recambio e incluso de acompañante una vez que el club oficialice un fichaje que parece atado, puesto que el 4-3-3 ya no es innegociable, si bien sigue siendo la fórmula más probable para articular un ataque que tendría a Hazard como vértice izquierdo y en el queda por resolver el derecho, con Marco Asensio, Rodrygo o un Vinicius que tendría menos salida a gol obligado a resolver con su pierna menos hábil como principales opositores mientras queda por resolver el futuro de Brahim, del gusto de Zidane pero precisado de horas de vuelo, Lucas Vázquez e Isco, al margen de la complicada venta de Bale, cuya desconexión terminó de crucificarle con el preparador y una parroquia iracunda que pide que rueden más cabezas de pesos pesados y desconfía de los primeros movimientos: el adiós del reconocido Keylor y la renovación del cuestionado Kroos.