Real Madrid

Isco abre el frente que le faltaba

Isco, durante el partido ante el CSKA. /Juan Medina (Reuters)
Isco, durante el partido ante el CSKA. / Juan Medina (Reuters)

El malagueño se enemista con un Bernabéu que siempre le tuvo entre sus predilectos, oscureciendo aún más su situación sin el favor de Solari ni suficiente respaldo de alguno de sus compañeros

Óscar Bellot
ÓSCAR BELLOTMadrid

Isco vivió un día de perros en el Santiago Bernabéu. El malagueño, que siempre gozó del beneplácito general en el coliseo de La Castellana, fue uno de los grandes señalados por la vergonzosa derrota ante el CSKA, histórica al suponer la mayor goleada europea encajada por los blancos en su feudo y porque cortó una racha de 44 partidos consecutivos viendo puerta como locales en la Liga de Campeones. Desde que sucumbiesen ante el Barcelona de Pep Guardiola en las semifinales de la campaña 2010-2011 por 0-2, los futbolistas del Real Madrid 'vacunaron' a cuanto visitante desfiló por su templo hasta que el miércoles asaltó el fortín del campeón de Europa el que fuera equipo del Ejército Rojo. Una herida autoinfligida con alevosía por una escuadra sin tensión competitiva ni hambre reivindicativa en un duelo que tuvo al andaluz como principal damnificado al abrir el único frente que parecía tener cerrado y enemistarse con el sector que siempre había sido su principal valedor, el público.

La brecha se abrió en el minuto 55 cuando el '22' no acertó a rubricar en forma de gol una meritoria acción de Vinícius. El público, que vibró con la electricidad del brasileño, se desesperó por la tardanza en el remate del virtuoso mediapunta y le reprochó lo que entendió como un excesivo gusto por el adorno superfluo. El disparo con la derecha se perdió a un mundo de la portería de Akinféev e Isco fue objeto de escarnio por parte de una hinchada desesperada al ver cómo el CSKA había gestado con un par de parpadeos la octava derrota en 24 partidos del Real Madrid en lo que va de curso sin que los blancos, una vez más, mostrasen capacidad de reacción. Los pitos tocaron el orgullo del internacional español, que se revolvió enrabietado contra la grada: «¿Qué queréis, qué queréis?».

El rifirrafe dejó secuelas. Los siguientes minutos se los pasó Isco escuchando silbidos cada vez que tocaba la pelota, diluidos más adelante por los aplausos de una parte del recinto que prefirió no echar más sal en la llaga El de Arroyo de la Miel no se escondió y siguió reclamando el esférico, aunque estuvo desafortunado. Cometió 22 pérdidas, el que más del partido, y se marchó desmoralizado de un encuentro irrelevante en términos clasificatorios pero trascendente en cuanto a sus consecuencias.

¿Desplante o compañerismo?

Porque el calvario de Isco no terminó con el final del partido. Lo agudizó Marcelo en zona mixta con unas palabras que dispararon las especulaciones sobre la dimensión del cabreo del andaluz. «He intentado dar el brazalete a Isco y me ha dicho que se lo tenía que dar a Carvajal, el porqué no lo sé», apuntó el brasileño cuando se le interrogó sobre el motivo por el que entregó la prenda al lateral en lugar de al centrocampista, que le adelanta en la línea sucesoria. Lo que podría constituir aparentemente un nuevo desplante respondería en realidad a un gesto solidario con su compañero. Isco, que ya lució el brazalete de capitán ante el Melilla, habría prometido dejárselo la siguiente oportunidad que tuviese al canterano, que puso la primera piedra de la Ciudad Deportiva de Valdebebas y que fue presentado en su retorno al club sólo dos días después que el malagueño.

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El parlamento de Marcelo evidenció, en cualquier caso, que Isco no puede contar con el escudo del vestuario. No forma parte de ningún grupo, aunque sí tiene más cercanía con algunos de sus compañeros en la selección española. El brasileño ya le dio un toque cuando Santiago Solari le dejó en la grada en el Olímpico de Roma. «Somos mayores, padres de familia, sabemos lo que tenemos que hacer. Todos los jugadores quieren jugar, pero toca trabajar. Eso lo han pasado todos los jugadores. Hay que trabajar. No digo que no trabaje pero el fútbol es así. Ver en lo que estás fallando y mejorar», dijo entonces el lateral izquierdo. «La afición tiene derecho de pitar cuando no está a gusto con alguien, a mí también me han pitado», apuntó tras los silbidos que escuchó el de Benalmádena ante el CSKA.

«La afición tiene derecho de pitar cuando no está a gusto con alguien, a mí también me han pitado»

«La afición tiene derecho de pitar cuando no está a gusto con alguien, a mí también me han pitado» Marcelo

Relegado a un papel secundario por Solari, que sólo le ha colocado como titular en los bolos con el Melilla y el CSKA y no tiene simpatía por su fútbol pinturero, puesto en evidencia por alguno de sus compañeros y sin la condición de pieza referencial para la directiva pese a la elevadísima cláusula de rescisión de 700 millones que le colocó el club en 2017 cuando firmó su renovación hasta 2022, Isco está más solo que nunca. Con Inter, Manchester City o Juventus atentos a su situación, su futuro de blanco se torna cada día más gris.

«Lo único que puedo decir de Isco es que llevo muchos años con él y que es un jugador valiente que cuando las cosas no van bien pide el balón y no desaparece»

«Lo único que puedo decir de Isco es que llevo muchos años con él y que es un jugador valiente que cuando las cosas no van bien pide el balón y no desaparece» Carvajal

«Lo de Isco y la afición no lo he visto», intentó atajar otra vez con tibieza Solari. «No he visto el gesto. Intuyo que reclama córner», aventuró Emilio Butragueño, que reclamó en cualquier caso unidad. «Pitar a un jugador nos debilita», dijo el director de Relaciones Institucionales del Real Madrid. Carvajal sí fue contundente en su defensa. «No he visto si se ha encarado o no. Pero lo único que puedo decir de Isco es que llevo muchos años con él y que es un jugador valiente que cuando las cosas no van bien pide el balón y no desaparece y eso hay que valorarlo también», adujo.

 

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