Oreja para el valor de Ureña y puerta grande para El Juli

Paco Ureña, este domingo, durante la corrida./Teseo Comunicación
Paco Ureña, este domingo, durante la corrida. / Teseo Comunicación

El madrileño aprovechó un gran toro, el de Lorca se impuso a un lote deslucido y Morante puso la inspiración

FRANCISCO OJADOS

Cartel de expectación era el de este domingo en Alicante. En otras circunstancias hubiera sido de lleno absoluto, pero el fútbol y en concreto el Hércules que se jugaba el ascenso a la misma hora quitó gente a los toros, pese a lo que la plaza presentó buen ambiente.

Prueba de ello fue la acogida del público al ramillete de verónicas con el que saludó Morante al toro que abrió plaza, rematadas con una preciosa media hundido el torero en el albero. Le faltó fuerza a un toro de infinita nobleza. Con pases rodilla en tierra y barrocos recortes sacó a las afueras el de la Puebla del Río al burel, y con su peculiar personalidad ligó una tanda diestra y otra al natural que tuvieron empaque. Pinchó y Morante recibió entrebarreras la ovación del público. Sorprendió por faroles Morante en el saludo al cuarto, al que luego toreó a la verónica con inspiración y providencial estuvo en un quite de peligro realizado a su banderillero cuando toda la plaza ya lo veía cogido. Brindó a Esplá y dibujó una faena que tuvo momentos de gran belleza, desde una primera serie diestra, muy encajada, a otras a pies juntos etéreas. Los ayudados, por su grácil composición, los remates, por la originalidad, y el broche de los muletazos rodilla en tierra auguraban puerta grande, pero Morante pinchó y mató de un bajonazo. Esta vez sí saludó una gran ovación.

El festejo

Plaza de toros de Alicante
Tercera corrida de abono de la Feria de Hogueras de San Juan. Dos tercios de entrada -buena entrada en la sombra y peor en el sol-.
Seis toros de Garcigrande,
excelente el quinto, premiado con la vuelta al ruedo, bueno el cuarto, nobles y flojos los dos primeros, deslucidos tercero y sexto.
Morante de la Puebla,
de azul pavo y oro, ovación y ovación con saludos tras aviso.
El Juli,
de burdeos y oro, ovación con saludos desde el tercio tras aviso y dos orejas tras aviso.
Paco Ureña,
de blanco y oro, ovación con saludos desde el tercio tras aviso y oreja tras aviso.

Descolgó muy pronto el segundo de la tarde, al que Juli ganó terreno a la verónica. El madrileño cuidó al astado en varas ante de un quite por chicuelinas de manos bajas, rematado por cordobinas. Brindó al respetable, y fue exigiendo cada más un astado que sacó buen fondo en un poderosos trasteo. Se entregó el público al final, en dos circulares encadenados y un cambio de mano inacabable. Pinchó y su premio quedó en una ovación. Un dije fue Diablito, gran toro. Romaneó y empujo al caballo en un gran puyazo y Juli lo vio pronto, hasta el punto de rescatar las lopecinas en el quite. En la muleta e Garcigrande fue pronto, repetidor, con recorrido y embestida enclasada y humillada. Lo toreó a placer Julián en una faena larguísima, que tuvo series con media muleta arrastrando el albero de mucha transmisión, y un cierre toreando sin espada que encandiló. Esta vez la estocada fue certera y a manos de el Juli fueron las dos orejas y para el toro la vuelta al ruedo en el arrastre.

Escurrido de carnes fue el colorado que hizo tercero. Embistió dormido al capote que manejó con hondura y pureza Ureña a la verónica. Perdió las manos el de Garcigrande tras su encuentro con el piquero y se defendió después y resultó ser el de peor condición del encierro. Muy irregular en sus embestidas, se salía de la suerte y acabó por mansear. Lo mantuvo en las telas el torero de Lorca, en una laboriosa y larga faena que brindó al público, con el mérito de dibujar a base de colocación y firmeza varios naturales impecables y una magnifica trincherilla. Pinchó antes de una estocada entera y la posible oreja quedó en ovación. Le costó tomar la pañosa, especialmente por el pitón izquierdo al último de Garcigrande. Lo toreó bien a la verónica Ureña, que luego con la muleta firmó una faena de valor seco, sobreponiéndose a las condiciones del toro hasta arrancarle una oreja. Para ello tuvo que exponer, con buena colocación y tirar del animal para ligar las series y cuando ya no hubo más meterse entre los pitones y aguantar con gallardía los parones de la res. Mató de estocada perpendicular que necesito de descabello y con lo poco que ofreció su lote demostró el Ureña su buen momento.