Bob Dylan en Murcia: todavía sin respuesta, pero con música

Aspecto que presentaba la Condomina al inicio del concierto de Bob Dylan./LV
Aspecto que presentaba la Condomina al inicio del concierto de Bob Dylan. / LV

El artista cerró con 'It takes a lot to laugh, It takes a train to cry' un notable concierto en Murcia

JAM ALBARRACÍN

Un día, hace más de medio siglo, cantó aquello de que los tiempos están cambiando. Y este domingo en la plaza de toros de Murcia abrió su concierto con 'Things have changed', la canción que le valió el Oscar para la película 'Jóvenes prodigiosos'. Nada deja de cambiar para en el fondo seguir siendo igual, pero a veces es importante tomar consciencia de dónde se encuentra uno, ser capaz de vivir el momento. Y ese señor con aire enfadado que se encontraba junto a su teclado, ese tipo que variaba cada melodía hasta hacer difícilmente reconocibles las canciones, ese señor era una de las piezas angulares en la historia, no ya solo del rock y el folk, sino de la música popular. Que cambie lo que quiera o que cante con tono arenoso y enfurruñado: ese ser enjuto con chaqueta blanca al frente de su banda trajeada en rojo, que dentro de unos días cumplirá los 78, se llama Bob Dylan. Y sin él, la música hubiera sido de otra forma.

El astro de Minnesota ofreció un concierto tan caro en su precio como generoso en su devenir, con un repertorio en torno a las 20 canciones. Con unos brillantes Charlie Sexton a la guitarra y Donnie Herron al teclado, Bob Dylan ofreció un variado muestrario de su obra, con piezas más remotas como ese 'It ain't me, babe' de sus inicios, pasando por su etapa reivindicativa ('Pay in blood'), el rock ('Love sick'), el blues ('Early roman kings') o algunas de sus títulos más codiciados: 'Don't think twice it's allright', 'Simple twist of fate', 'Highway 61 revisited' y sí, también 'Like a rolling stone'.

Otra cuestión es cuándo uno se daba cuenta de que era esta y no otra la canción interpretada, debido a los continuos cambios de melodía con que argumenta sus canciones, algo habitual desde siempre en sus directos. En el caso de 'Like a rolling stone' resultó más sencillo, dado su inconfundible fraseo de órgano. El público la hizo suya con una emoción ya nada contenida. Como volver a recibir en casa al hijo largamente ausente. El poder de la música, de alguna música como la de Dylan, es infinito.

También hubo espacio en su concierto para piezas más ocultas de su discografía o para el country, que ocupó una de sus etapas destacadas en el periodo entre décadas 60-70, hizo acto de presencia en algunas piezas como 'When I paint my masterpiece', una canción que escribiera para The Band interpretada con esa manera tan peculiar suya de alargar las frases, o 'Thunder on the mountain', esta en continuo coqueteo con el rock and roll. Country y rock and roll a la Dylan, claro. Aunque en realidad todos los estilos de los que se sirve para narrar su extraordinarias historias están siempre matizados por su fortísima personalidad. Una difícilmente reconocible, pero estupenda, 'Don't think twice, It's all right' fue otro de los momentos más evocadores de un concierto tan vivo como cargado de 'túneles proustianos': canciones que te transportan a otro tiempo, a otro lugar.

Cuando se despidió tras una irreconocible versión de 'Blowin' in the wind' conducida por el violín ya en el bis, seguida de 'It takes a lot to laugh, It takes a train to cry', la sensación era intensa, extraña, singular. Una notable banda muy atemperada para dejar todo el protagonismo al astro interpretando unas canciones inmortales. Una ocasión especial, un artista inevitablemente alejado de su mejor forma pero aún bien y de voz mejorada. Y sobre todo haber estado allí, frente a la misma historia viva de la música popular.