Victoria Cava: «Es necesario conocer la oscuridad»

Victoria Cava, en el patio árabe del Real Casino de Murcia. / Tomás iniesta
Victoria Cava, en el patio árabe del Real Casino de Murcia. / Tomás iniesta

La cantaora ceheginera interpreta este miércoles en el patio del Claustro de La Merced un concierto flamenco en varias lenguas con el que celebra su vuelta a la vida

Manuel Madrid
MANUEL MADRID

Volvió a la vida después de estar clínicamente muerta, y eso le ha dado a Victoria Cava (Cehegín, 1986) una fuerza sobrenatural. Ella es la protagonista de uno de los conciertos más esperados del Festival Murcia Tres Culturas, que tendrá lugar este miércoles, en el patio del Claustro de la Merced, con un recital flamenco con ritmos, melodías y letras populares sefardíes, hebreas, arameas, moriscas, sufíes, islámicas y romaníes. Cava es puro tesón. Tiene, además, una faceta investigadora que la llevó en 2017 a doctorarse en la Universidad de Murcia con una tesis sobre 'Flamenco, comunicación y educación', sus tres pasiones. El encuentro se produce en la plaza de Belluga. Victoria, última Favorita de la kábila Almorávides en las fiestas de Moros y Cristianos de Caravaca de la Cruz, aparece con una sonrisa amplia. Mirada limpia y culta.

Cuándo:
Miércoles 22 de abril, a las 21.30 horas.
Dónde:
Claustro de la Merced. Murcia. Festival Murcia Tres Culturas. Victoria Cava (voz y guitarra), Raúl Castro (guitarra y mandola), Alberto Núñez (violín), Carmen Cava (palmas, coros y jaleos) y Pepe Abellán (percusión).

-¿Qué repertorio tiene preparado para el concierto del miércoles?

-Al principio voy a hacer un canto que se llama 'Gelem gelem', el himno internacional gitano, en romaní, que habla de la muerte de los gitanos en los campos de exterminio nazi, pero del odio y del rencor tratan de sacar una parte buena. Cantaré en romaní. Luego haré 'La llave de Sefarad', una canción sefardí, en ladino, y aquí hablo de la expulsión de los judíos de la Península. Vamos pasando del odio al rencor hasta llegar a la luz. Tiene su simbología. En el escenario cambio de vestuario, pasando del negro al blanco. Luego abro otra puerta, cantando el Padre Nuestro en arameo, para hablar del amor, la fe y la esperanza. A continuación haré el 'Canto Nero', una canción en hebreo, una oración a Dios, y después de ese amor ya se produce una especie de canto de tú a tú con la divinidad, es bastante fuerte, con violín, teclado, batería... Luego habrá un intermedio musical, que simbolizará la luz, después de pasar por el dolor, la pérdida, la expulsión, el rencor, de creer en algo y hablar con la divinidad. Después retomaremos, volviendo a la tierra, con una granaína flamenca, más moderna, al compás de siete, que se utiliza en música árabe y étnica, que habla de Granada y de la añoranza. Finalmente haremos cantos morunos, con la llamada a la oración islámica, con total respeto, enlazando con unos tangos morunos, y 'partecicas' en árabe y flamenco, terminando con mucho ritmo. Queremos que el espectáculo nazca y muera en esta ocasión. Será única.

«Gracias a los gitanos el flamenco se conserva. Pero no es solo de ellos, sino de la unión de las culturas»

-¿Cómo surge ese interés en cantar en estas lenguas tan diversas?

-Siempre he sido cantaora de flamenco, y he tenido una voz muy grande hacia el mundo árabe y hebreo. Tuve una experiencia cercana a la muerte, una septicemia, y estuve muy grave, hace tres años, y cuando salí de aquello, porque tuve suerte de salir con vida, regresé con la idea de hacer lo que ya hacía, pero aplicándolo al mundo. La música une a las culturas y a los pueblos, y elimina todas las barreras, porque es un lenguaje universal. Volví con una facilidad grande para cantar en todos esos idiomas. A nivel musical ya lo hacía, pero no sabía lo que quería. Sentía la música, pero esa experiencia que tuve quizás me ayudó a abrirme desde el punto de vista emocional, espiritual o mental, y era necesaria, quizás. De esa experiencia cercana a la muerte he sacado algo bueno. Y siempre que interpreto algo de dolor o de odio acabo intentando transmitir una esperanza. Porque todo sirve, y es necesario conocer la oscuridad para llegar a la luz.

-Compagina el flamenco con el magisterio musical. Además, es licenciada en Periodismo por la UMU, tiene dos máster (Comunicación y Educación en Museos), y un doctorado, del que se siente especialmente orgullosa por los resultados.

-Después de la septicemia retomé la tesis, la tenía esbozada, era sobre el flamenco y las coplas, lo que transmiten. Estudié todo: el amor, el odio, la muerte, el azar... todo ese mundo de la copla. Y lo apliqué a la educación especial. Estuve cinco meses en un colegio especial, el Pilar Soubrier de Lorca, y conseguimos grandes cosas. Hablamos de niños autistas, niños con síndrome de down y otras plurideficiencias, rasgos psicópatas... Mejoró todo el colegio, había niños que no hablaban nada y llegaron a cantar. El flamenco es una música humana totalmente, nacida del pueblo, del sufrimiento, del grito y del llanto. La temática de sus letras cubre todos los aspectos de la vida. Es una música que llega. Además, la música flamenca está compuesta por trozos de cánticos hebreos, sefardíes, bizantinos, árabes... es un puzle con piezas de cada cultura que se unieron, y que condensan toda esa riqueza. Los gitanos han sido fundamentales en el flamenco, gracias a ellos se ha conservado. Personas que aman sus tradiciones y su cultura, y que han ido evolucionando, pero conservando. El flamenco no es solo de los gitanos, sino de la unión de todas las culturas.

«Morente estaba muy orgulloso de que hubiera seguido sus consejos»

-La Región de Murcia tiene grandes festivales de flamenco, ¿cuándo la veremos en la Catedral del Cante o en las tablas de Lo Ferro?

-Todo se andará... Yo lo que he hecho es, a través de mi trabajo como maestra, llevar el flamenco a los niños, para hacer aficionados, y que luego ellos elijan lo que quieran. Pero tienen que saber que España tiene entre sus tradiciones y que en su cultura está el flamenco. La tesis se puede consultar en Teseo; he participado también en varios congresos, estuve en el de Enfermedades Raras con la Reina Letizia, di una conferencia en el ciclo 'Alados Diálogos' del Real Casino de Murcia sobre el flamenco como terapia para la educación especial. También en la UCAM. Y en un congreso internacional sobre la muerte en Guimarães (Portugal).

-Enrique Morente fue fundamental en su vida. ¿Qué consejos le dio?

-Mis padres me han dado facilidades para cantar y estudiar. Mi padre es profesor y cantaba, y ya que él no pudo dedicarse por completo intentó que yo lo hiciera bien. Me llevó a Granada a que me diera clases Alfredo Arrebola, me llevó a Cartagena para clases con los Piñana, a La Unión con Antonio Fernández. Estuve en Sevilla con los hijos de Naranjito de Triana. Y Enrique Morente, todo lo que me dijo que hiciera, lo cumplí. Mis padres me llevaron a ver al maestro muy pequeñilla. Estuvimos en su casa, le canté, y me dijo que un boom una niña pequeña lo podía dar, pero me animó a seguir estudiando y fue lo que hice. Me dijo que sería bueno ir a clases con Naranjito, ir a la escuela de los Piñana, ir a ver a Antonio Fernández, y hacer una carrera universitaria. ¡He cumplido todo con creces! Me he dedicado a estudiar y a cantar. Antes de morir, Morente fue a verme cantar en Granada con su mujer, Aurora, y me dijo que estaba muy orgulloso de mí.