«Hay que ser muy minuciosos ya que no descartamos encontrar más arte rupestre»

Una de las pinturas paleolíticas descubiertas en un abrigo. / G. CARRIÓN
Una de las pinturas paleolíticas descubiertas en un abrigo. / G. CARRIÓN

Pepa García
PEPA GARCÍA

Ni un terrón de tierra se escapa al cuidadoso escrutinio de los 15 integrantes del equipo de la Cueva del Arco, supervisados en todo momento por el codirector Ignacio Martín Lerma. El hecho de que la Cueva del Arco, en el Cañón de Almadenes (Cieza), cuente con las pinturas paleolíticas más antiguas de la Región y sea un enclave tan monumental, al tiempo que difícil de encontrar si no se conoce, unido a la calidad excepcional de las herramientas y a la ausencia del habitual material de desecho que generaba la talla, convence a los investigadores de que este yacimiento «no era solo un refugio, sino un sitio muy importante para ellos».

Ahora, que las paredes de las galerías se multiplican, Martín Lerma asegura que «debemos ser muy minuciosos durante las tareas de excavación, ya que no descartamos la posibilidad de encontrar más arte rupestre pintado». Por eso revisan cada palmo de pared que la excavación va dejando al aire. Además, han firmado un acuerdo con Taruga Creaciones para, «bajo el lema 'Arte para siempre', acercar al gran público las obras que nos esperan en el interior de las cuevas. Y, sería un sueño, «encontrar un enterramiento asociado a ese arte, pero eso es un deseo», concluye.