¡Malditos móviles, Carmen Maura!

Carmen Maura y Féix Gómez, en 'La golondrina'. / javier nadal
Carmen Maura y Féix Gómez, en 'La golondrina'. / javier nadal

La emocionante representación de 'La golondrina' en el Nuevo Teatro Circo de Cartagena quedó deslucida por el comportamiento de algunos espectadores

Antonio Arco
ANTONIO ARCO

Por qué no interrumpió Carmen Maura la representación de 'La golondrina', el viernes por la noche en el Nuevo Teatro Circo de Cartagena, para pedir respeto, para protestar con toda la razón de su parte, e incluso para mandar a freír monas de Pascua en patinete eléctrico a algunos de los espectadores presentes -por desgracia para nosotros, por suerte para sus familias- en la sala, es algo que solo sabe ella. Fue una función que debió convertirse en un sufrimiento tanto para ella como para Félix Gómez -por cierto, sin duda en su trabajo más logrado y admirable de los últimos años-, y que nos puso de los nervios a la inmensa mayoría de las quinientas personas civilizadas que allí estábamos, intentando disfrutar del enorme privilegio y la gran ocasión que se nos ofrecía: frente a nosotros, en escena, Carmen Maura. A estas alturas, creo que con decir su nombre ya está todo dicho.

Así fue

Obra
'La golondrina'
Autor
Guillem Clua
Intérpretes
Carmen Maura y Félix Gómez
Escenografía
Alessio Meloni
Iluminación
Juan Gómez-Cornejo
Música
Iñaki Salvador
Dirección
Josep María Mestres
Representación
Nuevo Teatro Circo de Cartagena, viernes 18 de enero de 2019
Calificación
Muy interesante

Pero no pudo ser, no hubo manera: nada más empezar la representación de esta obra escrita por Guillem Clua, cuyos noventa minutos de duración pasan en un vuelo, te tienen sin pestañear y terminan por conmover, todo ello utilizando un lenguaje normal y corriente, sin la poesía excepcional de Wajdi Mouawad, ni la desbordante originalidad dramatúrgica de Sergio Blanco, ni la profundidad matemática de Juan Mayorga, se escuchó la primera de las muchas toses que se prodigaron sin piedad en la sala. Pues bien, no fueron éstas lo peor, porque, increíblemente, a lo largo de toda la representación, que por su temática y su emotividad requiere de un silencio sepulcral para su disfrute, no dejaron de sonar los móviles. Y sí, era posible que todo empeorase y empeoró: hubo varios homínidos a los que, por lo visto, les debió parecer de muy mala educación no responder a las llamadas, por lo cual se pusieron a hablar tranquilamente como si estuviesen en el patio de su casa, que debe ser particular cuando se moja, como el de los demás, y en el que debieron haberse quedado tocándose las narices en lugar de ir al teatro a fastidiarnos a todos.

Hay que decir también que, ya de por sí, costaba mucho trabajo escuchar nítidamente a los actores, si bien de no haber sido por tanta pésima mala educación junta a lo mejor lo habríamos logrado. La voz de Carmen es inconfundible, como lo es su capacidad camaleónica para conseguir que su rostro se convierta en un mapa en el que tienen cabida todos los sentimientos: de la tristeza que consigue derrotarte, a la alegría que ilumina balcones, jardines y refrescantes fuentes a tu paso. En 'Las golondrinas', una obra que decidió finalmente interpretar porque creyó que esta historia merecía ser contada, como en efecto así es, la multipremiada actriz da vida a Amelia, una profesora de canto cuyo único hijo, Dani, fue una de las víctimas mortales que una masacre a tiros provocada por un terrorista causó en un local gay. Una tarde, un joven llamado Ramón acude a pedirle que acepte ayudarle a mejorar su técnica vocal con la intención de poder interpretar la canción 'La golondrina' en un próximo memorial dedicado a su madre. Desde que ambos cruzan sus primeras palabras, embarcados ya en un mano a mano de emociones, sorpresas, remordimientos, reproches, soledad, amor, desesperanza, fragilidad, miedo y la certeza, por parte de ella, de que su hijo ha fallecido con la inmensa pena de no sentirse aceptado por su madre, la función transcurre como un tiro: certera, palpable, verdadera. Y no seré yo quien desvele los secretos de impacto de esta obra.

«Volvería a ver encantado, feliz, expectante, a Carmen Maura y a Félix Gómez interpretando esta función, aunque fuese sin escenografía ni iluminación alguna. Por el puro placer de escucharles»

Hágase la luz

Y eso que, lamentablemente, en esta ocasión no han estado nada atinados ni el siempre interesante escenógrafo Alessio Meloni, que casi roza el ridículo con ese aparatoso cielo que envuelve todo el decorado, ni el maestro de la iluminación Juan Gómez-Cornejo, que aquí firma uno de sus peores y más confusos trabajos, nada que ver con la excelente iluminación que creó para 'Todas las noches de un día', de la que se benefician Carmelo Gómez y Ana Torrent. En cuanto al trabajo de dirección, surge una pregunta que no puedes dejar de hacerte: ¿A qué viene ese final tan pastelero e impostado, tan rematadamente cursi, en el que solo parece faltar que descuelguen del techo a Heidi toda vestida de blanco? La música de la canción 'La golondrina', cuya letra ya tiene un trago, es también de no levantar cabeza del sonrojo.

De verdad, creo que un montaje con Carmen Maura requería de un mayor esfuerzo artístico, no sé, un poco en la línea de la entrega con la que los escenógrafos Alejandro Andújar y Gerardo Vera, el iluminador Juanjo Llorens y el videoartista Álvaro Luna arroparon a Concha Velasco en 'Reina Juana'. Pese a todo, volvería a ver encantado, feliz, expectante, a Carmen Maura y a Félix Gómez interpretando esta función, aunque fuese sin escenografía y sin iluminación alguna. Por el puro placer de escucharles. Como sería también una gozada, pensando en una versión en inglés, ver y escuchar a Meryl Streep y a Ben Whishaw.