Paco López Mengual: «La literatura me ha tocado fuerte, ya es casi un vicio»

Paco López Mengual (Molina, 1962), ayer, en la mercería Las Marujas, donde atiende. / VICENTE VICÉNS / agm
Paco López Mengual (Molina, 1962), ayer, en la mercería Las Marujas, donde atiende. / VICENTE VICÉNS / agm

El molinense cree que hay que hacer «un esfuerzo» por contar bien la historia y en su nueva obra aborda los deseos de cambiar el mundo en los años 70

Manuel Madrid
MANUEL MADRID

Las señas conducen a la calle Mayor de Molina de Segura. Al número 85: Las Marujas. Una mercería, perfumería y tienda de regalos atendida por dos hermanos, Mari Nieves y Paco López Mengual. Entra y sale gente, un goteo que les mantiene ágiles y, sobre todo, en alerta. Porque nunca saben qué les van a pedir. Cada cliente tiene un halo de personaje de ficción y Paco, que además de mercero es novelista, lo tiene en cuenta. Es un hombre al servicio de la sociedad. Los molinenses son los que más abusan de su buen nombre como contador de historias, y eso a él no le preocupa. Al contrario, lo hace encantado. ¿Servicial? Eso y mucho más. ¿Afable? Es poco decir. ¿Feliz? Hace lo que le apasiona y, además, lo transmite de maravilla. Por si fuera poco, acaba de volver de Sudáfrica, Zambia y Zimbabue, donde ha seguido los pasos de Livingstone. Su decimosegunda obra, 'Ejecutar a Otto Maier' (La Fea Burguesía, 2018), dedicada a sus padres, Fulgencia y Bautista, «porque las historias que me contaron viven en mí», llega ahora a las librerías. Un trabajo en el que López Mengual muestra «la parte más sucia» de la Transición.

-En esta nueva novela nos propone un salto en el tiempo, a 1974, con Franco en las últimas. El fervor revolucionario empujará a Leandro a liderar una acción subversiva que será crucial en el devenir de la obra. ¿Por qué ubica siempre en la Región de Murcia la trama de sus novelas?

-La mayoría están ambientadas aquí, sí, pero eso es peligroso. Por las acusaciones de localismo. En cambio, yo no lo veo así. A mí, por ejemplo, me gustan mucho los autores gallegos, Cunqueiro y Wenceslao Fernández Flórez, gente que siempre ambienta sus historias en pequeñas aldeas de Galicia. O Manuel Rivas. Y nunca los veo como localistas. Y yo pienso que un gallego no me verá como localista. Pero el murciano tiene un complejo.

«La mayoría de mis obras están ambientadas en la Región. Y es peligroso. Por la acusación de localismo. Aunque yo no lo vea así»

-Thomas Deveny, profesor de español y literatura comparada en la Universidad McDaniel, en el estado de Maryland, Estados Unidos, estudioso de su producción literaria, no encuentra nada localista sus novelas.

-Efectivamente. Lo mismo da que una obra esté ambientada en Murcia que en Guadalajara. En cambio, nosotros tenemos este complejo, y por eso me gusta mucho el éxito que está teniendo Miguel Ángel Hernández con su novela 'El dolor de los demás'. Es espectacular. Ha conseguido emocionar y enganchar con un tema que sabes que no se va a resolver desde el principio. Se ha desnudado demasiado. Al espectador le gusta el morbo.

-¿Cree que 'Ejecutar a Otto Maier' puede ser acusado de localista por elegir el Noroeste como escenario?

-Espero que en Murcia se vea de forma distinta, precisamente por estar ambientada aquí, y por ese complejo que tenemos. El trasfondo son los nazis refugiados de la Segunda Guerra Mundial, y la Transición española, el sueño que había por un mundo mejor entre los jóvenes del año 74. La novela es un retrato generacional de esos jóvenes que tenían 18 o 20 años, que están hoy en los sesenta y algo, y que escuchaban entonces a Víctor Jara y Paco Ibáñez, y tenían el póster del Che Guevara, y soñaban con una España que después no fue. Para mí la Transición abarca desde la muerte de Franco en el 75 hasta la victoria de los socialistas en 1982, siete años en los que pasan muchísimas cosas. Fueron los años del cine y del teatro comprometido, de las librerías. Entonces se vendía mucho ensayo, más que novela. La gente se reunía en cafés y había multitud de grupúsculos políticos diferenciados apenas por matices.

-¿Cómo son los jóvenes de la obra?

-Pertenecían a la Liga Comunista Revolucionaria, que no sé si ha desaparecido, pero también estaba la Liga Comunista, que era una escisión. Entonces estaba el MC, la ORT, el PT... guevaristas, trotskistas, maoístas... Me recordaba a la película 'La vida de Brian', donde vemos al Frente Popular de Judea, y la escisión era el Frente Judaico Popular. Y decían: «Los romanos son unos cabrones, pero más cabrones son los del Frente Judaico».

«He descubierto que parte de 'El conde Lucanor' se escribió en Molina»

-Y de todo eso al bipartidismo, y al surgimiento de nuevos partidos.

-Aquella vorágine de pequeños grupos quedó unificada en el PSOE, como partido mayoritario de la izquierda, y el PSOE arrasó, dejando al PC solo con cuatro diputados. Y ahora ha vuelto a romperse el bipartidismo con cuatro grandes partidos, pero no es el puzle que había entonces en la Transición.

-¿Por qué es usted «muy antiguo»?

-Porque tengo una profesión como la de mercero, y porque no utilizo teléfono móvil [además, lleva un manojo de llaves colgado en el cinturón, y no tiene agenda electrónica: lleva un papel a modo de calendario en el que escribe a bolígrafo todas sus citas]. No sé ambientar las novelas en la actualidad rabiosa, y eso hace que mis historias tengan que pasar una especie de filtro del tiempo. Hace ya casi 40 años de la Transición, y yo ya le veo molla literaria e histórica para ambientar una novela en esta época. Aunque para la generación actual pueda ser la historia del abuelo cebolleta.

-¿De qué punto concreto parte esa necesidad de volver a esta época?

-Cuando muere Franco yo tenía 13 años, y yo, aunque nacido en el 62, me considero hijo del mayo del 68, porque me moví por esos ambientes trotskistas y maoístas cuando tenía 18 años. Conozco muchas leyendas e historias de la época, el miedo a los infiltrados, pues había que llevar cuidado en los bares a la hora de hablar, pero era una paranoia. En ese momento estaba interesado por la política.

-En 'Ejecutar a Otto Maier' tenemos a Leandro, un librero recién salido de la Prisión Provincial tras una condena por un asunto político, y a Otto Maier, identidad falsa de un nazi oculto en la Región.

-Son personajes de ficción. Tras la Segunda Guerra Mundial muchos militares nazis vienen a España. Tenían una red importante. Manuel Moyano me dijo el otro día que visitó un hotel en Denia donde hasta el año 65, vestidos de nazis, celebraban el cumpleaños de Hitler. En Málaga, en Marbella y en Murcia había nazis. En la zona de La Sagra había familias alemanas, nadie sabe por qué, que aparecen tras la guerra, y es un poco sospechoso, e incluso un restaurante, 'Los alemanes'. Otto Maier es un nazi con identidad falsa, y un grupo de jóvenes radicalizados va a intentar atentar contra él. Con esos elementos cuento cosas verdaderas, como que el conde de Arguillo, consuegro de Franco y padre del marqués de Villaverde, tenía muchos intereses y, en realidad, era testaferro de muchos de los nazis que vivían en la Costa del Sol. España se vio obligada a devolver dinero de estas empresas a Bélgica y Austria, se descubrió que era dinero esquilmado.

-¿Se ha acostumbrado ya a ser un autor considerado por los lectores?

-A eso nunca se acostumbra uno, yo tengo mucho respeto a los lectores. No solo porque se vayan a gastar 10 euros en la novela, sino porque van a dedicar horas importantes de su vida a la lectura. Eso me merece mucho respeto. Ahora mismo estoy nervioso, porque acaba de salir y quiero conocer el parecer de todos esos lectores. Son semanas de bastantes nervios, a pesar de que es mi libro número doce. Empecé a escribir con 40 años cumplidos. Tenía facilidad para redactar pero no me había atrevido antes. Era lector y oyente de buenas historias. Yo creo que esta novela está muy influenciada por el lenguaje cinematográfico. De hecho, en su estructura tiene elementos del cine clásico norteamericano, esas crestas en los guiones para captar el interés del espectador lo utilizo como técnica narrativa.

-¿Estará en la Feria del Libro?

-En la Feria del Libro con 'La fea burguesía', y en la Semana Internacional de las Letras se presentará el día 25 de septiembre en El Corte Inglés.

-Sus paseos literarios por Molina y Murcia son un éxito de público.

-Cuento historias locales, que escuchábamos en las puertas de las casas en las noches de verano cuando éramos niños. Me impresionaron tanto que ahora las cuento in situ. Yo vivía en el casco antiguo de Molina, y estoy muy contento con el resultado. Las hice el año pasado en el cementerio de Molina, donde están todos los grandes conserveros de la época dorada, e incluso puedes contar la Guerra Civil. Hay que hacer un esfuerzo en contar bien la historia, y en hacerla atractiva a las nuevas generaciones. Si sabes darle un hilo narrativo, y no cargarlo mucho de fechas, es muy agradable.

-Lleva 13 años publicando libros ('La memoria del barro', 'El mapa de un crimen', 'El último barco a América'...). ¿Qué es lo que le sorprende?

-Cuando escribí el primero ['La memoria del barro', 2005] pensé en siete u ocho amigos que lo leyeran, pero tuvo tres ediciones y me dio alas para pensar en otra cosa. Porque ves que lo que escribes gusta a los lectores. He tenido bastante suerte. Dicen que nadie es profeta en su tierra, pero yo siento que en Molina lo soy. Además, soy un autor muy accesible, la gente se acerca para contarme historias o para que le recomiende. Mucha gente me propone que escriba su vida, y yo les animo a que lo hagan ellos. Yo mismo me sorprendo de la cantidad de libros que he escrito casi sin tiempo. Pero cuando algo te apasiona sacas tiempo de donde sea. Una vez me dijeron si tenía un 'negro' en la trastienda. La literatura me ha tocado fuerte, se ha convertido casi en un vicio.

-¿Su último descubrimiento?

-Voy a los colegios e institutos, con una maleta con objetos, contando historias, que quizás pueda ser para los chavales la argamasa cultural que tanto necesitamos para unir a la gente. Sabía que el único sitio de la Región donde durmió el Cid fue en Molina. Pero es sorprendente que parte de 'El conde Lucanor', obra cumbre de la literatura medieval, está escrito en Molina. Hablamos de 1330-1335. La frontera entre el reino de Aragón y el de Castilla era el Segura. El infante Juan Manuel, sobrino de Alfonso X, cuando se asoma al castillo de Molina lo que ve es otro país, otro reino. Lo contaré en la presentación de los Moros y Cristianos de Molina el 5 de octubre.

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