José Alfonso Pérez Martínez: «Sin leer yo no puedo vivir»

José Alfonso Pérez Martínez, en Cartagena. / josé maría rodríguez / AGM
José Alfonso Pérez Martínez, en Cartagena. / josé maría rodríguez / AGM

El autor cartagenero José Alfonso Pérez Martínez publica en Colección Sudeste 'El camino del héroe', un compendio de poemas sobre la vida, la muerte y la valentía

Manuel Madrid
MANUEL MADRID

El poeta Juan de Dios García hizo esta reflexión tras leer 'El camino del héroe', el último libro de José Alfonso Pérez Martínez (Cartagena, 1976): «Un héroe vive siempre en el conflicto consigo mismo y termina por convertirse para los demás en alguien que incomoda». Escribe Juan de Dios en su blog esta síntesis exquisita: «El autor vindica a Larra; insiste en releer a Rubén Darío, cuya aristocracia no se desgasta; exhibe su admiración a la épica antigua, a los aventureros modernos del pensamiento y la acción, al poeta Cavafis o a su contemporáneo José María Álvarez en un hermoso homenaje titulado 'Villa Gracia'».

La timidez de José Alfonso Pérez en el frente a frente no afecta a la profundidad de sus versos y, sobre todo, a la amplitud de su mirada, tan próxima al romance y a la odisea. Este libro editado por Colección Sudeste/Editorial Balduque recoge poemas escritos entre 2018 y 2019 que aparecen para el lector divididos en tres partes: 'Eros', 'Thanatos' y 'El camino del héroe', además de unas notas aclaratorias y dedicatorias, en las que destacan nombres tan variopintos como Abdalonim Barca -«uno de los poetas cartageneros ficticios del libro de José María Álvarez 'La edad de oro' (Editora Regional, 1980)-; Aidé Barbosa Cruz, maestra de primaria de Oaxaca (México); sus abuelos maternos, Concepción y José; Konstantino Cavafis, el poeta de Alejandría; Rosario Guarino Ortega, filóloga y poeta, profesora de la UMU y autora del prólogo de esta edición; Antonio Juan Molero García; Beowulf («es el héroe protagonista del poema épico homónimo escrito en la primera mitad del siglo VIII. Es el más antiguo poema de los anglosajones, los germanos que invadieron Britania»); Chindasvinto, rey de Hispania entre 642 y 653, y su hijo y sucesor Recesvinto, rey entre 653 y 672; o Janusz Korczak, médico pediatra, pedagogo, escritor y oficial del Ejército polaco fallecido en el campo de exterminio de Treblinka.

-¿Qué tienen en común todos ellos? ¿Qué tiene en la cabeza un poeta para darles a todos ellos cabida en textos tan extraordinarios?

-Son poemas que comencé allá por el principio del verano de 2018 y los terminé a principios de 2019. Los envié a José Alcaraz [poeta y editor de Balduque] y me los ha publicado. Me encontré con un volumen respetable de poemas escritos y me dije: a ver qué hago ahora con esto. Había unos, los que aparecen en la parte de 'Eros', que no hablan solo de amor, sino de lo positivo de la vida, de la alegría también y del gozo de vivir. La segunda parte es 'Thanatos', justo lo contrario, la muerte, el dolor, todas las cosas negativas de la vida. Y en la tercera parte, la que da título al libro, hablo sobre una forma valiente de enfrentarse a la vida, de todo eso que hace especial a las personas.

-¿Por qué las referencias a sus abuelos maternos, Concepción García Roca y José Martínez Hernández?

-Mi abuelo materno fue un minero de La Unión que murió joven, con 35 años, la mina le mató de un cáncer de pleura. Y mi abuela se quedó viuda joven, con cinco hijos, y tuvo que afrontar la vida, y sacar a toda la familia adelante. Él murió cuando mi madre tenía 8 años, y nos han contado siempre quién era, y yo creo que sé cómo era su carácter, un tipo simpático, siempre contando chistes.

-Fue alumno de la profesora de la UMU Rosario Guarino [su último poemario publicado se titula 'Los márgenes del tiempo', MurciaLibro, 2019]. Ella le dedica un prólogo que es una adornada invitación a adentrarse «en el camino de palabras que ante nosotros se abre tentador y sugerente», donde el lector descubre valores como la solidaridad y la empatía, recibe lecciones de historia y conoce las tinieblas, porque la vida de cualquier ser no se libra de la luz de la luna.

-Yo fui uno de sus primeros alumnos en la Universidad de Murcia, porque estaba empezando a dar clases entonces. Fue allá por el 95 o 96. Ella tenía 26 o 27 años y yo 18 o 19. Nos llevamos ocho años. Nos hicimos amigos gracias a la poesía. Es una mujer a la que yo admiro.

Mitología

-En sus libros [ha publicado anteriormente 'Vida y hazañas de Arturo de Britania' y 'Bajo el yugo del tiempo' (Calblanque, 2017) y ha participado en diversas antologías colectivas, además de cultivar la reflexión y el relato en su blog, uno de los más activos del panorama regional] siempre redescubre al lector anécdotas y curiosidades ocultas tras los mitos de carne y hueso.

-Yo pertenezco a la 'generación de la EGB', y la Historia me empezó a gustar en ese tiempo. Una profesora que tenía, Mercedes Trujillo, me empezó a aficionar a la Historia. Incluso llegué a estudiar la carrera en la Universidad, aunque no la acabé. Y suelo recurrir a la Historia en mis textos de creación, pero también a la mitología. Precisamente Charo Guarino me daba la asignatura de Mitología.

-Habla en 'El camino del héroe' del alma y del cuerpo, de grandes y pequeñas hazañas de la civilización, de conquistas terminadas, de dioses y azares, del vacío, de la eternidad, de las velas consumidas... ¿Cómo es su experiencia vital?

-Bueno, como todos, como la mayoría de gente, con altibajos, vives como puedes. Vamos tirando, como se suele decir. Para mí la literatura es fundamental, no ya como escritor, sino como lector. Borges decía que él se consideraba lector antes que nada, y yo también. Puedo pasar sin escribir mucho tiempo; mi último poema quizás lo escribí hace dos meses, pero sin leer yo no puedo vivir. Es fundamental desde que era un niño. Me gusta la ficción, los libros de fantasía y aventuras, autores como Herman Melville o mi paisano Arturo Pérez-Reverte, y leo bastante ensayo. Y, por supuesto, poesía.

Valor

-Y en la amplia familia de rapsodas de la Región, ¿cómo se siente?

-Yo soy un miembro menor. Por encima de mí está Juan de Dios García o el propio José Alcaraz. A mí con ir sacando mis cosas me basta. Yo escribo según lo que leo o vivo, y espero que alguien encuentre siempre valor en ello. Es difícil de explicar lo que cada uno siente cuando lee algo que le emociona o que le gusta. Es como que te toca una tecla dentro, porque el autor ha vivido cosas que tú también las has vivido. Es una sensación que se vive.

-La poeta cartagenera María Teresa Cervantes siempre alaba su estilo, su capacidad creativa y su personalidad poética. Y, además, le tiene por gran persona. ¿Se reconoce así?

-Ella me tiene mucho aprecio, pero es algo mútuo. Cuando yo nací ella tendría 45 años, pero pasa con ella lo que con otras personas que no son de tu generación, y con María Teresa me ocurre eso. Es una mujer estupenda y ha escrito buenas cosas.

-Dos meses dice que lleva sin escribir. ¿Eso es mucho o poco tiempo?

-Lo que me llena es leer, insisto. Si algo me sugiere escribo, siempre llevo en mi cartera libreta y bolígrafo.

-¿Con quién se queda de todos los personajes reales de este libro?

-Hay un poema dedicado a dos reyes godos, Chindasvinto y Recesvinto, que hicieron el esfuerzo de unificar las leyes de los romanos y de los godos, y yo creo que ahí, en cierta manera, nació el pueblo español, cuando dos pueblos decidieron tener una sola ley. A mí me gustan mucho esos momentos en que las cosas cambian, el momento en que la República romana se convierte en Imperio, o el momento en que las sociedades indígenas de América se encuentran con los españoles. Hay unos poemas que hablan de eso.[Como 'En Tenochtitlán, tras la conquista': 'Hace tiempo que no sacrificamos./ Ya no corre sangre por la pirámide,/ pues el gran Rey de España lo ha vetado./ pero el sol ha continuado saliendo./ Cuánto tiempo estuvimos, ¡ay!, matando/ sin sentido a nuestros pobres hermanos'].

-Y en este periodo, en el que tanto se discute la democracia, ¿qué es lo que le sugiere esta forma de gobernar este mundo de extremos?

-Soy bastante crítico con la democracia, este sistema es bastante imperfecto, y quizás puede que sea el menos malo que podemos tener. Pienso que en la Transición hay cosas que no se hicieron bien, pero eso sería largo de discutir. ¡Daría para otro libro! (risas).

UN POEMA DEL LIBRO

En tinieblas iba mi vida,

lejos de la risa, de la alegría,

lejos de la esperanza, del amor.

Ensombrado y nublo iba yo.

Ya sepultado estaba,

y de sombra era el alud.

Pero tú, con tu palabra,

me has devuelto la luz.