Entrevista

Carlos Bardem: «Estoy muy orgulloso de mis enemigos»

Carlos Bardem ha escrito una novela llena de acción sobre la esclavitud. /José Ramón Ladra
Carlos Bardem ha escrito una novela llena de acción sobre la esclavitud. / José Ramón Ladra

El actor acaba de entregar a la imprenta una nueva novela, 'Mongo Blanco'

Antonio Paniagua
ANTONIO PANIAGUAMadrid

Carlos Bardem cree que no existe tanta diferencia entre los oficios de escritor y actor. Al fin y al cabo, los dos viven de contar historias. Descendiente de una saga de cómicos, Bardem hizo la carrera de Historia y vive entre libros. Su última novela casi la ha escrito en hoteles de Los Ángeles, Austin y La Habana, ciudades que ha recorrido por diversos rodajes. Acaba de entregar a la imprenta 'Mongo Blanco' (Plaza y Janés), libro en el que recrea las andanzas de Pedro Blanco Fernández de Trava (1795-1854), un negrero aterradoramente inteligente y cruel que revolucionó el negocio del tráfico de esclavos. Criado en El Perche, un barrio malagueño de pescadores, amasó una inmensa fortuna gracias a la esclavitud. El libro se anuncia como una epopeya preñada de acción. Bardem está ilusionado porque los hermanos Jorge y Alberto Sánchez-Cabezudo, creadores de series como 'Crematorio' y 'La zona', han adquirido los derechos de la obra con el fin de que alguna plataforma se atreva a producirla.

-¿Cómo descubre a Pedro Blanco, el protagonista de esta historia?

-Soy licenciado en Historia y leo muchos libros sobre esa materia. Estando liado con una monografía que no tenía mucho que ver con la trata de esclavos, vi un pie de página en el que el autor se refería a Pedro Blanco como «el gran negrero malagueño». No había oído hablar nunca de este personaje. Me puse a investigar porque el tráfico de esclavos por parte de españoles no es un asunto muy publicitado. Y eso que el origen de muchas de las grandes fortunas de este país proviene de la trata.

-¿Por ejemplo?

-La Bolsa de Barcelona se creó con dinero de tratantes catalanes que regresaban de Cuba, y parte del Eixample se financió con inversiones en bienes inmuebles de negreros que operaban en aquel país. La reina regente María Cristina de Borbón fue la mayor propietaria de esclavos de España. Tenía el ingenio azucarero 'Santa Susana', el más grande de la Cuba colonia. En el origen de las élites económicas de este país hay dos grandes cataclismos: uno es la trata de esclavos y el otro el franquismo.

-También hubo otros desastres antes de Franco, como el 98 y la Guerra del Rif.

-Sí, y te puedes remontar al siglo XVI, por supuesto, pero hay una continuidad muy visible, rastreable y muy sólida entre el siglo XIX y nuestra actualidad.

-Ha definido a Pedro Blanco como un virtuoso de la explotación de esclavos. ¿Por qué nos fascina el mal? Pienso en 'Los Soprano', Pablo Escobar, Walter White, el protagonista de la serie 'Breaking Bad'...

-Como actor suelo interpretar a señores muy malvados. Los malos son siempre atractivos porque nos conectan con algo que, afortunadamente, nos negamos a vivir en el día a día, que es el lado oscuro que todos llevamos dentro. Y nos reconocemos en pulsiones muy animales que ellos se permiten. Los personajes bondadosos, aparte de dificíles de interpretar, suelen ser muy aburridos.

El actor y novelista, en un hotel madrileño
El actor y novelista, en un hotel madrileño / José Ramón Ladra

El Pablo Escobar de la trata

-¿Qué hace diferente a Pedro Blanco de otros negreros?

-Es el Pablo Escobar de la trata de esclavos, un tipo que, como hizo Escobar con el tráfico de cocaína, multiplicó el negocio por mil. Llegó a amasar una fortuna absolutamente obscena.

-¿Cómo lo hizo?

-Los barcos que cargaban a los esclavos tenían que esperar anclados frente a la costa, a veces durante semanas y meses, para llenar las bodegas, con lo que las tripulaciones enfermaban y se amotinaban. Así se perdían muchas embarcaciones y cargamentos. Además, esos barcos anclados eran blancos muy fáciles para el imperio británico. Como no había continuidad en el suministro, Blanco empezó a estabular esclavos. En este sentido es precursor también de los campos de concentración, pues llegó a tener corrales con miles de prisioneros, con lo cual nunca faltaba mercancía.

-¿Qué piensa de la leyenda negra? Unos dicen que es inmerecida, pero también hay quienes aducen que el libro 'Imperiofobia', de María Elvira Roca, blanquea el pasado colonial español.

-Creo que la verdad está en el medio. Todos los procesos coloniales imperialistas son brutales, son choques irreconciliables en que una civilización siempre conquista a la otra por la fuerza. En ese camino ocurren atrocidades y surgen culturas y sociedades nuevas, con sus luces y sombras. La leyenda negra se creó efectivamente por los enemigos del imperio español, pero sería ingenuo pensar que la conquista de México o Perú fue una cosa maravillosa llena de paz y flores y que los expedicionarios se dedicaron a proteger a los indios. Todo tiene que ver con el escamoteo de nuestra historia. España es una excepción histórica: es el único país de Europa occidental donde triunfó una dictadura fascista que se mantuvo en el poder durante 40 años.

-¿Está muy abatido por la reciente derrota de Unidas Podemos en las elecciones?

-Estoy abatido no por la derrota de Unidas Podemos, a quienes he apoyado, sino por el triunfo de la ultraderecha en este país. La discusión ahora parece que está en dirimir si esos señores son de derecha o extrema derecha. Para mí no hay tal debate, son fascistas, y si se les dejara hacer llegarían a imponer el fascismo carpetovetónico, es decir, el franquismo. Lo que de verdad me preocupa es cómo se ha dilapidado un impulso maravilloso que fue el 15M.

Amados y odiados

-¿A los Bardem se les quiere y odia a partes iguales?

-No sé la proporción. Me gustaría pensar que es un 'fifty-fifty'. Mucha gente odia la libertad de opinar y decir lo que piensas. La democracia, además de una forma de gobierno, es una cultura, y no estamos formados en el respeto a la opinión del otro. Todavía pervive el servilismo y el 'sí, señorito'. Cuando alguien se desmarca, lo que se hace con él es embarrarle y denigrarle. No estoy de acuerdo con eso de que el pecado nacional sea la envidia; coincido con Fernán Gómez en que el pecado nacional es el desprecio. La envidia puede ser positiva, emulativa; se puede envidiar la excelencia de alguien en lo que hace. Pero aquí se desprecia al que no piensa como tú y consigue cosas importantes. Estoy muy, pero que muy orgulloso de mis amigos, pero aún lo estoy más de mis enemigos.

-A su hermano le zurran mucho por ser rico y rojo. ¿Ser rico y rojo es contradictorio?, ¿es un oxímoron?

-No, ojalá todos los ricos fueran rojos, ojalá que todo el mundo al que le ha ido bien en el trabajo tuviera la empatía para preocuparse por los que no han tenido esa suerte. Lo que es una cosa bastante absurda es ser obrero y de derechas. Me remito a lo anterior: hay una falta de educación en los valores reales de la democracia.

-¿Acabará Netflix con las salas de cine? 

-No lo sé, tengo la suerte de que trabajo bastante con Netflix. Sí creo que es algo incontenible. Tampoco hay que rasgarse las vestiduras, es el signo de los tiempos. Ha cambiado absolutamente la manera de consumir audiovisual, y eso es imparable. No creo que Netflix acabe con las salas, pero quizás estas se conviertan en reductos para un tipo de cine, mientras que otros productos audiovisuales encontrarán fácil acomodo en las plataformas digitales. A mí me cuesta muchísimo seguir una serie en un canal generalista o en abierto. Aparte de tener que esperar una semana al siguiente capítulo, no me gustan los cortes publicitarios caigan donde caigan. Evidentemente tampoco se puede ver una buena serie en un móvil.

-Muchas veces hace de malvado latino.

-Sí, tengo cara de por allí y unos rasgos que me permiten interpretar un amplio rango de personajes; desde el río Grande y Pirineos para abajo no hay ningún problema, he hecho de casi todos. No tanto de suecos y alemanes.

-¿Y ha encarnado a personajes de otras latitudes? Lo digo porque sus ojos son un poco achinados.

-De pequeño me llamaban 'el Chino', pero de oriental no he hecho todavía, aunque no me cierro a ello.

-Viaja mucho por cuestiones de trabajo. El libro lo ha escrito en Austin, Los Ángeles, Bogotá, La Habana... ¿Quiere labrarse una carrera internacional como actor o es que en España no hay trabajo?

-Hombre, a todos nos gusta trabajar en otros sitios y rodar en otras cinematografías, pero no hay un plan, voy donde me contratan y me ofrecen cosas interesantes. Además tengo cierta capacidad para interpretar otros acentos.