Francisco Calvo: «La huerta no es el mundo del rey Lobo»

Francisco Calvo García-Tornel, durante el encuentro con 'La Verdad' en Murcia. / VICENTE VICÉNS / agm
Francisco Calvo García-Tornel, durante el encuentro con 'La Verdad' en Murcia. / VICENTE VICÉNS / agm

El exdirector de la Real Academia Alfonso X ingresa hoy en el comité científico de la Fundación de Estudios Históricos e Investigaciones Locales de la Región de Murcia

Manuel Madrid
MANUEL MADRID

El Centro Cultural Las Claras de la Fundación Cajamurcia acoge hoy, a las 19.30 horas, el acto de ingreso de Francisco Calvo García-Tornel (Lorca, 1940), estudioso del espacio huertano y de su evolución en el tiempo, en el Comité Científico de la Fundación Centro de Estudios Históricos e Investigaciones Locales Región de Murcia. Calvo, catedrático de Geografía Humana de la Universidad de Murcia, exdirector de la Real Academia Alfonso X El Sabio y exconsejero de Política Territorial, Obras Públicas y Medio Ambiente en la CARM (1988-1992), pronunciará un discurso titulado 'Paisaje y valor patrimonial en la huerta de Murcia', que será contestado por Horacio Capel, profesor emérito de la Universidad de Barcelona. Muchos frentes abiertos. Extrema lucidez. Nada de lirismo. Todo oídos ante una eminencia nuestra.

-Está a punto de formalizarse su entrada en esta institución tan respetable, y viene usted a ocupar la vacante de Juan Torres Fontes (1919-2013), el insigne catedrático de Historia Medieval de la UMU. No podía decir que no a semejante cometido.

-Ya lo sustituí en la Academia Alfonso X, donde estuve 8 o 9 años de director, y ahora lo vuelvo a sustituir. Me produce mucha satisfacción porque fue mi profesor y me llevé siempre muy bien con él, y porque me parece una persona de las más relevantes de Murcia en el siglo XX.

«La huerta era solo un sitio de mucho trabajo, incómodo para vivir, con inundaciones... Otra cosa es banalizar ese concepto y que se le den valores que no ha tenido nunca»

-Cuando se matriculó en la universidad no imaginaba que iba a dedicar su vida académica a estudiar los cambios acelerados en la huerta.

-Yo vine a Murcia a estudiar Historia. Y luego me encontré con que los profesores de Historia, con alguna excepción, no me gustaban, y me interesaba más la Geografía y reorienté mi carrera hacia la Geografía. Entonces era un momento bastante pobre en la UMU. Eran los años 60 y se habían acabado los rigores de la posguerra, pero quedaba mucho lastre. No era un ambiente excesivamente interesante ni para trabajar ni para investigar. Pero en fin...

«El peor peligro es usar el patrimonio para crear una ficción»

-¿Cuál piensa que es su mayor enseñanza a tantos estudiantes que pasaron por sus clases en la UMU?

-Son los alumnos los que deben hablar de eso. De mí solo puedo decir que siempre procuré hacerlo lo mejor que podía y que sabía. Pero eso unas veces es suficiente y otras no.

-Usted es un hombre de secano, de Lorca, ¿cuándo se empezó a interesar por el estudio de la huerta?

-Es que en el campus de la Merced entonces estábamos en la huerta, que entraba por nuestras ventanas. Unas veces llegaba el olor a azahar y otras los 'pestuzos' de las mondas de las acequias. En aquella esquina de Murcia eran naranjos lo que había. Había un catedrático de Geografía precisamente, Milá, que de su casa que estaba en lo que entonces era la Ronda de Levante a la Universidad iba atravesando un huerto de naranjos. Lo cual era más agradable que el adoquín maligno de ciertas plazas.

-Hablará en este discurso sobre el camino recorrido por la huerta en el último medio siglo, y me da la impresión de que sus conclusiones están a la vista de todos.

-A la vista de quien quiera verlas...

«Una de las razones de la degradación es la dejadez de las administraciones. Y también la cultura de la indisciplina urbanística»

-Pero, sin embargo, todavía pervive una cierta ensoñación entre los políticos, como si la huerta fuese un espacio todavía recuperable.

-Restaurar el ámbito como era originariamente no es posible. Porque además no era un modelo de nada. La huerta era solo un sitio de mucho trabajo, incómodo de vivir, con inundaciones hermosísimas de cuando en cuando, y eso no ha cambiado. Era un ámbito de trabajo muy intenso, y donde las relaciones laborales no eran particularmente positivas. Otra cosa es que se banalice ese concepto, esa idea de la huerta, y se le den valores que no ha tenido nunca.

-Usted lo explica así: «Una banalización del legado huertano, oculta a veces tras una presunta 'recuperación' de lo irrecuperable, aparece con demasiada frecuencia en muchas iniciativas actuales». No cree que sea del todo inocuo para el futuro esa reconstrucción del pasado que se nos propone desde las administraciones.

-¿Para qué sirve el complejo palaciego del rey Lobo en relación con la huerta? El peor peligro es que se utilice el patrimonio para crear una ficción. Y, sobre todo, porque la recuperación del pasado determina el futuro, y nos dice cómo hemos sido y cómo tenemos que ser en el futuro. Si lo recuperamos banalizándolo, lo perderemos totalmente. Porque no tendrá nada que ver con la huerta. Aquí no había palacios maravillosos, aunque no digo que no tengan interés los restos arqueológicos, pero en su sitio, en su momento y en su contexto. Esto, la huerta, era un territorio de trabajo muy duro.

«Hay momentos en que Beniel y Murcia se echan campeonatos para ver quién deja construir en parcelas más pequeñas»

Rodeados de lagunas

-Siempre fue un territorio hostil.

-Claro, con inundaciones, con encharcamientos permanentes, Murcia estaba rodeada de lagunas, con mosquitos como trimotores, lo mismo que ahora. Hay un momento en que la huerta es un sector pantanoso, la gente vive en el barro, es un mundo de barro, la cultura del barro. Es un mundo donde el huertano trabaja como un loco, y encima cada dos por tres todo se lo lleva una riada y tiene que reconstruirlo. Ese mundo no es el rey Lobo, que queda lejísimos en el tiempo, en el siglo XII. Tenemos un patrimonio más cercano que hemos perdido miserablemente, como todo el entorno industrial de la estación de tren de El Carmen. Solo queda un edificio, y el otro día vi un anuncio donde decía que lo vendían.

-Cómo soporta toda esa involución, ¿no le duele el panorama? Para la administración y para la propia ciudadanía, a veces la impresión que reina es que la huerta es un espacio que no se valora. Y, por lo general, las voces críticas no suelen ser tenidas en cuenta.

-¿Quién ha dicho que no sufro? ¡Me pillo unos cabreos que me subo por las paredes! Una de las razones de la degradación, y desde hace muchos años, y lo confirman los investigadores de la UPCT, es la dejadez de las instituciones responsables. Hablo de una cultura de la indisciplina urbanística. Hay momentos en esta Región en que Beniel y Murcia se echan campeonatos para ver quién deja construir en parcelas más pequeñas para atraer población. Todavía allí algo queda de territorio agrícola, pero por aquí... Me preguntas que si no me cabreo. ¿Qué vamos a hacer si las cosas han ido así? Es muy difícil echar marcha atrás porque el concepto de patrimonio ya no es estrictamente monumental como era antes. El patrimonio es también el paisaje, y así lo reconoce la Unesco desde los años 90, y este era un paisaje muy singular. Laboriosamente construido, y estamos minusvalorando el esfuerzo de nuestros antepasados no respetando realmente su mundo e inventando un nuevo mundo, ¿y para qué?

«El plan de defensa contra inundaciones, que iba a alejar eternamente de Murcia el fantasma, no es suficiente»

-Dice que en la Región existen, o han existido hasta hace bien poco, numerosos terrazgos de gran singularidad, con paisajes elaborados a lo largo de siglos, y entre ellos destaca por su antigüedad, dimensiones y complejidad la huerta tradicional alrededor de la ciudad de Murcia.

-Es que es la primera vez que el Segura se mete en una llanura grande, donde pueden hacerse cosas, porque lo otro son las 'huertecicas' de la Vega Alta, muy pequeñas en espacio. Aquí la llanura llega hasta el mar, y lo que se hace es trabajar y trabajar, desecando, unas veces con cabeza y otras no, con equivocaciones de padre y señor mío. Me hubiera gustado estudiar el plan de drenaje de las vegas tradicionales de los años 80, que le proporcionó bastante más agua a la Vega Baja, y su relación con el episodio de subsidencia de los años 90. Es la primera vez que esto deja de ser un pantano. Aunque los efectos pantanosos llegan hasta 1970. Todo eso se drena y baja el nivel freático una barbaridad. Hay muchos frentes abiertos, lo que me gustaría es que la gente se lo tomara en serio en el sentido de quitar todo lo que es adorno y leyenda, y la huerta como algo bonito, porque esto es una historia de esfuerzo y de resistencia increíble. Eso no nos desdora.

«De Arcadia nada»

-¿Qué quedará de la huerta de Murcia si se persiste en esa búsqueda de la supuesta autenticidad 'natural' y sus pretéritos valores?

-Quedará una ficción literaria y una historia contada por quien sea para servir a unos intereses. Cualquier reconstrucción del pasado se hace para el futuro. Aquí se puede llegar al error de convertir esto en la famosa Arcadia perdida, algo que está muy bien poéticamente pero que no es verdad. De Arcadia nada.

-El poeta de la huerta, Francisco Sánchez Bautista, a sus 94 años, ya nos ha convencido de que la huerta que conoció no volverá.

-Sánchez Bautista es uno de los mejores poetas vivos de la Región, es amigo mío, y una cosa son los valores poéticos y otra cosa es trasladar esos valores poéticos a la realidad histórica. Él habla de una Arcadia perdida. Los que me preocupan a mí no son los que tienen conciencia de que la Arcadia se haya perdido, sino los que se creen los valores naturales aquí, cuando estamos luchando contra la naturaleza desde hace 2.000 años para poder vivir. Aquí se vive luchando contra, no a favor de... en otros territorios llueve la cantidad 'justica', pero aquí no. Es evidente que el 90% de lo mal que sientan las inundaciones en Murcia se debe a errores de planificación normativa, de cómo tiene que ser la ciudad y la huerta. Eso no tiene vuelta de hoja.

-Hay gente convencida de que es un problema de obra pública.

-No es un problema de obra pública ni se soluciona esto metiendo más cemento. La última gota fría ha demostrado que el plan de defensa contra las inundaciones, que iba a alejar el fantasma eternamente de Murcia no es suficiente. Nunca es suficiente una obra pública. Se han pasmado vivos cuando se han puesto a desaguar el pantano de Santomera, obra pública y hecha justo para las inundaciones... Lo que hay que hacer es pensar el territorio de otra forma, mucho más permeable, y no tanto hormigón, y adaptarse a las condiciones del sitio.

Universidad y sociedad

-Dice que parecen poco probables los restos de una colonización agrícola romana (centuriaciones).

-No se ve, porque en Jumilla, por ejemplo, se ve claramente dónde estaban las villas, y aquí en Murcia no se ve a la vista de lo descubierto. Pero eso es cosa de los arqueólogos...

-A modo de conclusión afirma que «perdida la funcionalidad de buena parte de los elementos de regadío tradicional y abandonadas prácticas seculares que se valoran como obsoletas, el abandono o la sustitución es el destino de gran parte del acervo huertano». ¿Eso ha hecho que no sepamos apreciar la herencia que hemos recibido?

-La gente hace lo que cree que tiene que hacer en cada momento. Si no le funciona, lo abandona. Los molinos en Manterola están dentro del cauce, y en el siglo XVIII se diseñan otros molinos más abajo, pero en paralelo al cauce. Eso quiere decir que aquí las cosas no se han quedado para siempre. Si a alguno puedo convencer de eso pondré una raya en el cielo. Porque hay algo que es muy grave en este país: la desconexión entre lo que se trabaja en determinados ambientes de trabajo, como la Universidad, y la sociedad. Los primeros artículos sobre la DANA en Murcia escritos son de los años 60. Y los meteorólogos españoles, y los españoles también, sabían entonces lo que era la gota fría en el Sureste, y parece que se acaba de descubrir. Muchas veces ocurre esa desconexión porque estamos hablando de cosas incómodas.

-Menos imaginación entonces...

-La parte bonita que tenía la huerta estaba donde había agua. Si quitas el agua y la metes en un tubo, ¿qué bosque vamos a tener? El paisaje de la huerta es humano, de trabajo, y el enfoque es sobre un espacio donde se ha trabajado. Todo ha girado siempre alrededor de problemas naturales o económicos, no alrededor de la presencia de reyes.