Diario de escritura (XIX)

'Formas autónomas detectadas'. /Juan Sánchez
'Formas autónomas detectadas'. / Juan Sánchez
Miguel Ángel Hernández
MIGUEL ÁNGEL HERNÁNDEZ

Lunes 26 de agosto

Comienzas las sesiones de rehabilitación del menisco. Cada vez te duele menos y tienes más movilidad.

Por la tarde quedas con Leo y planificáis el primer trimestre del taller del Club Renacimiento. Os contáis cómo avanzan vuestras novelas y ensalzáis la maestría de David Fincher en 'Mindhunter'. Todavía os dura la resaca y el vacío de la serie. Leo te recomienda que regreses a 'Mad Men'. No entiendo cómo pudiste dejarla, dice. Y tiene razón. La has ido viendo a pequeños sorbos y siempre te ha gustado, pero por alguna razón se te han ido colando en medio todas las demás.

Martes 27 de agosto

Continúas escribiendo el texto sobre la obra de Patrick Hamilton. Hoy parece que, por fin, la escritura fluye. A media tarde, antes de la rehabilitación, ya tienes una primera versión a falta de la conclusión. Al regresar a casa, lo retomas, pero has perdido la concentración y prefieres dejarlo reposar hasta el día siguiente.

Entonces vuelves a 'Mad Men'. La dejaste en la cuarta temporada. Apenas recuerdas lo que sucedió, pero no importa; entras rápido en el mundo de Madison Avenue. Y en menos de cinco minutos ya estás fascinado por Don Draper. Por sus gestos, el modo en que mira, fuma, se sienta, coge el vaso, se pone el sombrero... Es la masculinidad en estado puro. Del mismo modo que Joan Harris es la apoteosis de la feminidad. Sus curvas, su manera de moverse, su tono de voz y sus caídas de ojos... Todo es una gran 'performance'. Modelos destilados de identidad. Modelos fraguados culturalmente gracias precisamente al cine y a la publicidad. Hombres y mujeres que actúan en el límite de la parodia. Tan exagerados que llaman la atención sobre sí mismos. Hoy, desde luego, la llaman. Y lo hacen porque hoy ya no funcionan del todo.

El machismo, el racismo, el alcoholismo o el tabaquismo de 'Mad Men' descolocan al espectador porque ya no se corresponden con el 'modo de ser' actual -ese que ahora se cree más cercano al 'natural', a lo justo, pero que sigue siendo cultural, construido-. Y al mismo tiempo lo fascinan, porque aún laten en su interior. Secretamente, uno se reconoce en algunos comportamientos de Don Draper.

'Mad Men' trae al presente un mundo que hace un tiempo que se fue, aunque de alguna manera perviva. Y lo hace más allá de cualquier moralina, en las antípodas de la corrección política. Se estrenó en 2007 y acabó en 2015. Hace apenas nada. Y, sin embargo, esa serie hoy ya no podría hacerse. La epidemia de paternalismo visual y dulcificación de la realidad de los últimos años se ha introducido como un virus en la mente de los creadores y ya nadie se arriesga a que sus creaciones puedan ser tildadas de machistas, racistas, homófobas... 'Mad Men' habla de una época que sí lo era. Y lo verdaderamente perturbador y brillante de la serie es entrar ahí suspendiendo la moral actual. Esa es la verdadera clave del 'shock' que sufre el espectador frente a lo que se muestra. No la manipulación burda del mundo para adulterarlo y que todos queden contentos. Sino las cosas como fueron. Como siguen -de modo soterrado- siendo.

Miércoles 28 de agosto

Lees prácticamente del tirón 'El coste de vivir', el segundo volumen de la autobiografía en construcción de Deborah Levy. Leíste la primera parte en el balneario y te relaja pensar en esos días. De nuevo, te interesan sobre todo las reflexiones sobre el proceso de escritura, sobre todo la noción de persistencia, de algo que se extiende en el tiempo y que necesita constancia: «Escribir una novela exige muchas horas de estar sentada quieta, como un vuelo de larga distancia, con destino desconocido, pero una ruta más o menos trazada». «La vida del escritor gira básicamente en torno a la resistencia. Llegar a la frase final exige que la escritura resulte más interesante que la vida cotidiana». También anotas una frase de Kierkegard que te deja unos minutos pensativo: «La vida solo puede entenderse en retrospectiva; pero hay que vivirla mirando hacia delante».

Por la noche continúas viendo 'Mad Men'. Antes de que acabe el episodio sientes la necesidad de prepararte un whisky con hielo.

Jueves 29 de agosto

Te sientas frente al ordenador temprano y logras acabar por fin el texto sobre Hamilton. Ha sido una agonía. Pero estás satisfecho. Lo envías al artista y rápidamente te agradece el esfuerzo. Te ha costado, es cierto. Pero también has aprendido. Al final, su obra te ha servido como plataforma para repensar las relaciones entre ficción e historia y para dar otra vuelta de tuerca a la idea del artista como historiador. En el fondo, escribir es una forma de recapacitar. A veces las ideas se forman en el papel al mismo tiempo que en la mente.

Despejas la mesa del despacho y vuelves a colocar los libros en las estanterías. Es lo que querías haber hecho en julio para sentarte a escribir la novela. Pero ha sucedido el 29 de agosto, cuando se agolpan también otros textos por entregar que tampoco pueden esperar.

Viernes 30 de agosto

Rehabilitación por la mañana. El fisioterapeuta fue alumno tuyo en la UCAM. Se acordaba de tus clases de Humanidades y las lecturas que enviaste. 'Davalú o el dolor', de Rafael Argullol, y 'Antropología del dolor', de David Le Breton. Te alegra que conserve buenos recuerdos de aquel tiempo.

Al llegar a casa comienzas a esbozar el nuevo texto que tienes que entregar. Te has desfondado con el texto de Hamilton y necesitarías al menos dos o tres días para reposicionar la cabeza, pero te sientas y escribes. Como si durase la inercia de los días anteriores. A veces escribir es como correr. Después de un largo periodo sin parar no puedes frenar en seco. Los dedos y la cabeza se mueven solos. Necesitan superficie de desaceleración.

Por la tarde, intentas devolver dos chaquetas que te compraste hace unas semanas y te dicen que, por un día, se te ha pasado el plazo de devolución. No sirves para el mundo. Eres un inútil para las cuestiones prácticas.

Sábado 31 de agosto

Después de desayunar te apetece visitar a tus hermanos y tomas un café con ellos en El Yeguas. Después, visitas a la Julia, que no te esperaba esta mañana. El tiempo también se frena allí.

No sabes qué hacer. Por dónde empezar. Es la calma antes de la tormenta por venir. Como si todo se hubiera frenado. Un momento de descanso.

Sigues obsesionado con 'Mad Men'. Hay un momento en que la serie te posee y ya no puedes salir de ella. La ves incluso después de la siesta. Varios capítulos seguidos.

Domingo 1 de septiembre

Mañana de natación. Regresas al gimnasio después de varios meses. Has estado pagando para nada.

Por la tarde, comienzas a leer el manuscrito de un amigo. Y abres también varios libros, pero ninguno te apresa. Mañana acaban las vacaciones. Te sientas frente a la mesa vacía y abres el cuaderno. Vuelves a planificar la semana, el mes y el curso. También el futuro. El tiempo por venir. La letra de una canción de Editors no se te va de la cabeza: «What is this thing called love that we speak? We're out of it, we're out of it». Una melancolía extraña te invade estos días. Son pequeños latigazos que llegan de forma inesperada. Luego se van, pero la herida sigue ardiendo. Intentas no mostrarla. Pero no puedes evitar escribir.