Génesis García: «El cuerpo a cuerpo con el cante jondo está vivo»

La cartagenera Génesis García, en un momento de la entrevista con 'La Verdad'. / JOSÉ MARÍA RODRÍGUEZ / agm
La cartagenera Génesis García, en un momento de la entrevista con 'La Verdad'. / JOSÉ MARÍA RODRÍGUEZ / agm

La flamencóloga abre este sábado Cartagena Jonda con una ponencia sobre Granada y 1922, el año en que el flamenco se convirtió en arte

Manuel Madrid
MANUEL MADRID

Es un día apacible. Ella está esperando la llamada. Son las nueve y media de la mañana. Pero Génesis García Gómez ya lleva media jornada laboral «al cuerpo». Madruga. Porque en esto de la investigación en el flamenco, donde ella es una eminencia, no hay tiempo que perder. La flamencóloga cartagenera y doctora en Filología Románica pronunciará este sábado en la sede de la peña flamenca Antonio Piñana (Mare Nostrum, 21.30 horas) una conferencia titulada 'Granada. 1922. El año uno del cante jondo'. Será con motivo del arranque de una nueva edición -la sexta- del ciclo Cartagena Jonda, y le seguirá una actuación de la joven cantaora Marián Fernández, acompañada por César Cubero.

-¿Qué ha descubierto durante la preparación de esta ponencia?

-El tema del concurso de Granada ya lo había planteado en cuanto a la filosofía, la capacidad que tuvo de poner en valor el cante flamenco, sacándolo de un ambiente musicalmente despreciado, y socialmente y moralmente condenado y prostibulario. Tuvo esos objetivos claros desde el principio, por parte de Falla y de García Lorca. Ahora me he detenido en aspectos concretos: en los organizadores, de quién partió la idea, quién colaboró... Y es asombroso conocer la cantidad de gente que colaboró, toda una generación de artistas plásticos, músicos, intelectuales, pensadores, periodistas... que se pusieron a los pies de Manuel de Falla.

-¿Eran ellos conscientes de que en ese año 1922 iba a cambiar todo?

«El público de grandes espectáculos, que sabe poco de flamenco, está mantenido por la gente de las peñas, que lleva la llama de la tradición»

-No podían ser conscientes de que fue así, como resultado, pero el objetivo sí era ese, por supuesto. El Patio de los Aljibes lo decoró Zuloaga, hablamos de una participación y de un nivel artístico impresionante. Con presencia de extranjeros, de Francia fundamentalmente. Zuloaga diseñó incluso la ropa de los asistentes, mujeres y hombres, para rememorar el momento que ellos consideraban que el cante había sido jondo y cuya jondura estaba perdida. Era una cosa reivindicativa, volver a la pureza perdida, y así se vistieron.

-¿Había algún nacido en la Región de Murcia entre ese grupo selecto?

-En este tiempo no. Esta búsqueda de la pureza de esta generación era fundamentalmente gitanista. La filosofía era que el gitanismo como estilo flamenco, corto, entrecortado, austero... había sido degenerado por los fandanguilleros, por los cantes de mucho desarrollo vocal, operístico, era la ópera flamenca. De la zona de Levante y de las zonas mineras surgía ese mundo de la taranta que evolucionó hacia los fandanguillos, que ellos trataban de marginar, porque era lo que más éxito tenía en esos momentos. Ellos quieren combatir ese imperio de los cantes de aquí. Eso no tiene nada que ver con que hubiera artistas murcianos. Una cosa es el flamenco como desarrollo de espectáculo, y otra los pensadores e intelectuales que reflexionaban.

«Debería publicarse el informe con el que el flamenco de los cantes mineros y de Levante fue declarado BIC»

-Pero sí hubo murcianos que reivindicaron la cultura jonda esos años.

-Sí, claro. Ramón Gaya sí se interesa por la cultura jonda que se inauguraba en esos momentos por 'El amor brujo', por Pastora Imperio, por toda la obra de Falla. Gaya estuvo muy pronto vinculado a esa extensión de la cultura jonda, y fue muy importante y tiene unas reflexiones sobre la jondura y Pastora Imperio de mucho calado. Además, participaba de esa filosofía del cante jondo como cante profundo, puro y gitano. Luego eso ha evolucionado, hoy la jondura no es así, y se ha ido de la parte blanca, o de Levante del flamenco, pero entonces sí era una lucha contra lo que ellos consideraban que degeneraba el flamenco puro.

-García Lorca es el poeta más flamenco. De eso no hay ninguna duda.

-Por supuesto, todo lo que vino después de él ha sido lorquismo, porque después de él no le llega nadie a la suela de los zapatos. En su poesía flamenca y de otra naturaleza todos sus referentes son reales, todas sus metáforas tienen un referente culto. Son potentes, y basadas siempre en el conocimiento. La mayoría del lorquismo se queda con la floritura y el colorido. Pero Lorca es Lorca por la profundidad de sus metáforas. Manuel Machado fue un poeta flamenco, pero de un flamenquismo completamente superficial. Pero Lorca ha calado porque es más conceptual, con una capacidad de expresión poética que es insuperable. Y, además, Lorca no solo reivindica el flamenco con el concurso, sino que luego lo redimió con un ensayo, 'Teoría y juego del duende', que fue la verdadera redención del flamenco para sacarlo del desprecio.

-Se nota que es una apasionada...

-[Ríe, con sabiduría]. Yo tengo verdadero impulso vital y afectivo por el conocimiento, lo que pasa es que de lo que más demanda tengo es del flamenco, lo que más tira entre mis actividades invisibles. Pero he desarrollado otros muchos aspectos de la pragmática y de la comunicación social, y realmente disfruto con todo el proceso de aprendizaje y descubrimiento, esto ha sido siempre así.

-Usted fue profesora en Cartagena.

-La segunda etapa de mi vida como profesora fue en el IES Isaac Peral, como catedrática, desde que ingresé en enseñanzas medias. He sido de Lengua y Literatura, y me especialicé desde el principio de mis estudios en la Universidad de Murcia en pragmática lingüística, el lenguaje como instrumento de comunicación social.

-¿Qué interés ha encontrado en los jóvenes por el flamenco a lo largo de su vida como catedrática?

-La diferencia con todo lo que llamamos género español, el mundo de la zarzuela, la tonadilla, lo folclórico... es que el flamenco permanece vivo porque evoluciona con la historia, no es una tradición estática como estas otras. El flamenco está constantemente reclutando nuevos públicos en la medida en que evoluciona hacia las formas actuales de la música. Es decir, hoy Rocío Bazán se sube a un escenario y su estilo y su forma de estar, que es muy jondo, no tiene nada que ver con el de La Niña de los Peines, aunque esa fue su fuente. Ahora hay dos públicos: el ortodoxo, que somos los de las peñas, que mantenemos el fuego vivo de la tradición ortodoxa, y el público mayoritario que consume flamenco en grandes escenarios. El público de los grandes espectáculos, que sabe poco porque dice ¡bravo!, está mantenido porque la llama la lleva la gente de las peñas.

-¿Es posible hoy ver en la Región espectáculos de ese flamenco puro?

-La peña flamenca de Cartagena, en el Mare Nostrum, hace espectáculos de una tradición que es imposible de ver en un escenario lleno de luces y sonidos. El cuerpo a cuerpo con el cante jondo está vivo, y se puede vivir, pero en peñas. Merece la pena venir a esta peña de Cartagena.

-Usted tiene una relación biográfica con el flamenco y con La Unión.

-Sí, porque aunque nací en Cartagena cuando me casé [con Ginés Jorquera, célebre letrista] me fui a vivir a La Unión. El festival del Cante de las Minas estaba en sus comienzos, no eran los primerísimos años, pero sí los 70, porque nace en 1961. Enseguida participé, sí, porque me llamaron para la comisión organizadora. Y al mismo tiempo que me acercaba al flamenco empecé a participar en congresos con ponencias sobre los cantes de aquí. Te recuerdo que el flamenco de los cantes mineros y de Levante fueron declarados Bien de Interés Cultural (BIC) por la Comunidad de Murcia, y el informe, todo un estudio de desarrollo de esos cantes en el contexto del cante flamenco, lo hice yo. Y ahí está sin publicar aún.

-¿Por qué no se publica, si puede ser una fuente de gran utilidad?

-Yo no lo he dado a publicar. Lo hice y me lo pidieron como informe para que formara parte de un expediente oficial, que fue la declaración BIC, y como informe ha quedado. No ha habido la curiosidad por decir: 'Vamos a publicarlo'. Pero, sinceramente, creo que debería publicarse. Ahora el público de flamenco sabe poco, pero se sabe poco de casi todo. Y ahí en ese informe está todo ese nacimiento y el camino en el desierto en el tiempo de la reivindicación de la cultura jonda. Y todo el desarrollo concreto del Festival de La Unión.

-¿Sigue yendo al Cante de las Minas con el mismo entusiasmo?

-Ahora voy menos, ha sido una etapa de mi vida muy larga, pero yo ya no sé cuántas corporaciones llevaba al cuerpo [risas]. El festival es muy dependiente de la Corporación municipal, al servicio de una identidad de pueblo, y tiene un desarrollo y una gestión completamente diferente a lo que podría ser una asociación privada. Nació justo cuando venía Juan Valderrama y cantaba una taranta, o algún cante de Levante, y la gente le pitaba porque quería canciones popularizadas. Él se quejó de que no hubiera una afición para eso, y el Ayuntamiento, presidido por Esteban Bernal, puso en marcha un concurso que recuperara ese patrimonio como identidad de un pueblo.

-¿Cómo surge este amor incondicional que siente por lo jondo?

-Mi padre era un industrial amante de la cultura, se lo debo todo. Entonces el flamenco era un arte despreciado porque estaba al margen del desarrollo cultural. Había marginalidad social y cultural, y mi padre de flamenco, en mi casa, ni flores. Fue ya en La Unión, cuando yo empiezo a conocer desde una perspectiva histórica e historiográfica y sociocultural, cuando el flamenco empieza a interesarme de verdad. En cambio, Ginés Jorquera sí, él ha sido un puntal en el nacimiento del Cante de las Minas, y él sí que oía flamenco por la radio. Él tiene un cancionero flamenco de autor que es una auténtica joya. De flamenco hay recopilaciones, pero de creación propia, lo de Ginés está en otra dimensión por su capacidad de recreación del lenguaje flamenco, y ahí estamos, a ver si lo reeditamos a través de la peña flamenca Antonio Piñana. El concurso de letras, precisamente, lleva ya su nombre.

-¿Sigue siendo la responsable de flamenco en Almuzara [sello editorial del exministro Pimentel]?

-Directamente no, la puse en marcha y la diseñé yo, Ana Escarabajal me pidió el diseño de una colección de flamenco y la presentó a varios editores, la acogió con un entusiasmo sin límites Manuel Pimentel, y sacamos unos catorce títulos. Pero todo tiene su ciclo. Yo he publicado la biografía de Menese con Almuzara, en la colección de biografías. Ahora pertenezco al consejo asesor y científico de la editorial de la Universidad de Sevilla, en su colección de flamenco. Yo estoy a demanda, lo que me van pidiendo ahí estoy. Y sigo recibiendo al mismo tiempo que doy.

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