La pipa de la paz entre las Hurdes y Buñuel

Dos viñetas de 'Buñuel en el laberinto de las tortugas'. /Reservoir Books
Dos viñetas de 'Buñuel en el laberinto de las tortugas'. / Reservoir Books

Una película y el libro que sirve como base a la cinta concilian a la recóndita región con el cineasta aragonés

Javier Bragado
JAVIER BRAGADOMadrid

Luis Buñuel resuena con estruendo. Cinéfilos y 'cinéfagos' reaccionan con pasión a un nombre vivo en las artes medio siglo después de su muerte. Porque el maño nunca causa indiferencia. Puede ser veneración absoluta. Pero también hay quienes le han cuestionado y señalen puntos oscuros como el rodaje del documental 'Las Hurdes: Tierra sin pan' en 1933.

Página de 'Buñuel en el laberinto de las tortugas'. / Reservoir Books

¿Por qué existía este recelo? «La cinta consiste en un recorrido por los más miserables pueblos dominados por el paludismo, la anemia, la tuberculosis, el bocio, el cretinismo, el enanismo, la discapacidad, la sordomudez y la peor de todas las enfermedades: el hambre. El espectáculo resulta muy impactante», explica el crítico de cine Boquerini. Así que al escándalo del estreno, siempre buscado por Buñuel, le sucedió la prohibición republicana de que se proyectara el mediometraje en España. Sus detractores argumentaron que se había aprovechado de unos aldeanos para alborotar, el objetivo sin ética de los surrealistas.

Sin embargo, con el nuevo siglo llegó alguien que ayudaría a cambiar la imagen del artista de Calanda. El ilustrador extremeño Fermín Solís se interesó por primera vez por las circunstancias de rodaje de la primera película de Buñuel en España y creó en el año 2009 una historia ficticia con su cómic 'Buñuel en el laberinto de las tortugas'. El libro derivó casi una década después en una película, dirigida por Salvador Simó, que ha sido premiada en varios festivales internacionales y que estuvo en la terna de tres candidatas a representar a España en los premios Óscar -finalmente, la aspirante será 'Dolor y Gloria', de Pedro Almodóvar-.

Página de 'Buñuel en el laberinto de las tortugas'. / Reservoir Books

Fermín Solís (Madroñera, 1972) lo ha he tenido complicado. Si no era sencillo separar la polémica de la obra en 1933, tampoco lo es actualmente. «Buñuel es molestar, remover y provocar incluso contradiciéndose a sí mismo con tal de que molestase», resume el ilustrador. El artista ha tratado de acercar su figura con un libro de ficción basado intensamente en la realidad. Y no fue fácil. Se encontró con que no había nada escrito sobre el rodaje de 'Las Hurdes, tierra sin pan' y se afanó en excavar en archivos de la filmoteca local y descartes del documental. Tardó un año en recopilar el material necesario para comenzar. También fue un viaje personal porque él, residente en Cáceres durante décadas, se acercó por primera vez a esa región que estaba a una hora de su casa. Empezó a entender a Buñuel. «El primer viaje fue bastante intenso porque estuve entrevistándome con gente y en este momento se conserva alguna alquería, algunos de esos caparazones de tortuga (que dan título al libro)», recuerda el ilustrador.

Página de 'Buñuel en el laberinto de las tortugas'. / Reservoir Books

Conciliación

La tarea de conciliación fue complicada. Tampoco es fácil defender a Buñuel en esas Hurdes que el director describió en su memorias como «una región montañosa desolada en la que no había más que piedras, brezo y cabras». Durante el rodaje, el director provocó que las abejas devoraran a un burro moribundo y disparó a una cabra para grabar cómo se despeñaba por un barranco. Recogió el analfabetismo de un lugar recóndito y lo mostró sin suavizar. No obstante, Solís cuenta que el director de cine explotaba el surrealismo por «el camino de la búsqueda interior del ser humano». Y también lo saben los hurdanos que han leído el libro reeditado por Reservoir Books (antes fue publicado por Astiberri) o han visto la película de Simó que le ha vuelto a acercar a Hollywood.

Página de 'Buñuel en el laberinto de las tortugas'. / Reservoir Books

«El tiempo ha puesto a cada uno en su sitio con su intención. No ha ido ni a reírse ni a humillar la gente, sino a intentar que se viese eso que sucedía ahí y en otros sitios de España», argumenta el artista extremeño. «Su intención era seguir haciendo documentales denuncia por España y por otro lugares de Europa pero estalló la guerra y se fue a México. Siempre digo que Buñuel hoy en día hubiese hecho 'Callejeros'», recuerda. Pasados unos años en el exilio, el director recuperó sus ambiciones. Rodó 'Los olvidados' (1950) en el país americano, algo que para Solís es otra prueba de las pretensiones del director surrealista.

Página de 'Buñuel en el laberinto de las tortugas'. / Reservoir Books

Lo que está claro es que en el año 2019 el norte de Extremadura ya no es igual. Cada vez que Solís regresa a la zona, el ilustrador confirma que su mensaje avanza y es algo que le reconforta. «Espero que mi granito de arena haya sido poner la pipa de la paz entre las Hurdes y Luis Buñuel, que se haya entendido el sentido de esa película, que se haya roto esa barrera, ese tabú entre los hurdanos y Buñuel, y que le miren con otros ojos ahora». Para confirmarlo puede aportar evidencias mundanas del éxito. «Últimamente, esta nueva plaga que es el turismo ha llegado aquí», cuenta con una sonrisa.

Así que las Hurdes ya no es tierra sin pan ni zona de odio a Buñuel. Y en parte es gracias al surrealismo. «Creo que la gente está muy receptiva a romper con ese mito y esa leyenda negra de Buñuel y a hacer rutas, presentaciones, etc. Hasta hay un restaurante con un 'menú Buñuel' para aprovechar la coyuntura».

Del papel a la pantalla y de la pantalla al papel
Portada de 'Buñuel en el laberinto de las tortugas'. / Reservoir Books

Solís publicó su libro por primera vez hace diez años, pero la película rescató su tebeo. De acuerdo con la nueva editora, aprovechó para cambiar algunas cosas y emplear algunas soluciones de la cinta de animación. «La decisión de Penguin Random House era hacer una 'comic-movie'. He añadido el color, he trabajado con la paleta de color de la película de una manera paralela a cómo se trabajaba en el cine y he corregido alguna cosilla. Me hubiera puesto a redibujarlo completamente porque el trabajo de hace diez años era complicado y eso pasa cuando eres dibujante. Cuando yo empecé a trabajar no había nada de material gráfico ni de Eli Lotar ni de Pierre Unik. Me lo inventé yo y he corregido los detalles, pero prácticamente la edición es la misma con el color de la película», explica Solís.