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El rock se reivindica en el Mad Cool

Robert Smith, durante el concierto de The Cure en el Mad Cool./Álvaro Rabadán
Robert Smith, durante el concierto de The Cure en el Mad Cool. / Álvaro Rabadán

Greta Van Fleet y Prophets of Rage sobresalieron en el festival madrileño, en el que The Cure sonó mejor que nunca e Iggy Pop dio una nueva lección a los jóvenes

MIGUEL ÁNGEL MUÑOZ , CARLOS GARCÍA y ÁLVARO RABADÁN

Todo un triunfo del rock. Ese es el mejor resumen de la cuarta edición del Mad Cool que, afortunadamente, solo dejará para el recuerdo sus conciertos (más de 110 grupos y de 36 horas de música en directo) una vez subsanados la mayoría de los problemas organizativos del año pasado (fluidez en los accesos, mejor servicio en las barras y en la zona de restauración, reducción del aforo y del número de escenarios, transporte…) para así mejorar la experiencia de los festivaleros. En total, 186.128 asistentes, una cifra muy por debajo del 'sold out' y las 80.000 personas por día de 2018, pero que realmente se agradece para vivir la música con mayor comodidad. Y una buena noticia para el futuro, la única línea roja que el festival nunca cruzará es la del reguetón.

El Mad Cool apostó este año por una mayor diversidad, especialmente en su fiesta de bienvenida, incluyendo a artistas y grupos como Rosalía, Lykke Li –el público cantó hasta el éxtasis su himno 'I follow rivers'–, The Cat Empire, Ms. Lauryn Hill, Jorja Smith, Gossip y Robyn pero, al final, los conciertos que quedarán en el recuerdo de todos son los de rock, como en las ediciones anteriores (Neil Young, Foo Fighters, Pearl Jam, Nine Inch Nails...). El más mediático y el que albergó la mayor concurrencia de público fue el de The Cure, que ofreció el mejor sonido de todo el festival y confirmó que la voz de Robert Smith suena como nunca. La banda británica regaló a sus fans más de dos horas de concierto y una última traca de grandes éxitos épica, con 'Lullaby', 'Friday I'm in love', 'Close to me' y el cierre perfecto con 'Boys don't cry'.

Era lo esperado, pero quizás no tanto lo de Greta Van Fleet minutos después en el tercer escenario. Gran estreno en España de los hermanos Kiszka –tras cancelar su concierto en Barcelona meses atrás–, que demostraron que el futuro del rock está más que asegurado con estos herederos de Led Zeppelin. Mención aparte para Josh, una voz que, de cuidarse, hará historia. El mejor concierto en los cuatro días de música.

Tampoco defraudó en la última jornada del festival la superbanda norteamericana Prophets of Rage, con un espectacular 'setlist' en el que no faltaron las grandes canciones de Rage Against the Machine ('Testify', 'Guerrilla radio', 'Know your enemy', 'Take the power back', 'Bullet in the head', 'Bulls on parade', 'Bombtrack' y Killing in the name') y los éxitos de hip hop de Cypress Hill y Public Enemy, además del estreno de una canción, 'Made with hate'. La oportunidad de ver a Tom Morello en acción es simple y llanamente una bendición.

Y lo mismo sucede con Iggy Pop, que protagonizó el mejor concierto del jueves en el Mad Cool. Tan enérgico como siempre, a sus 72 años, y tirando de sus clásicos en solitario y con The Stooges desde el inicio –no faltó su homenaje a David Bowie con 'The Jean genie'–, la 'Iguana' llenó como nadie el escenario Comunidad de Madrid. Un ejemplo de qué es realmente ser una estrella del rock.

Otro artista que recurrió a los himnos del pasado fue Noel Gallagher con sus Flying High Birds, que brindó un concierto con mejor sonido que en su reciente visita al Warm Up murciano y que en esta ocasión sí incluyó en su repertorio 'Wonderwall', además de otros temas imprescindibles de Oasis como 'The importance of being idle' y 'Don't look back in anger' y una de las caras B más míticas de los de Mánchester, 'Half the world away'.

Vampire Weekend es otra de las bandas que triunfó en el Mad Cool. Los norteamericanos pusieron patas arriba el festival con su pop bailable y virtuosismo técnico. Su versión extendida en directo de 'Sunflower' es para escucharla una y otra vez. En el caso de The National, su concierto fue una continua lucha entre el inmovilismo musical que les caracteriza y el 'estrés jaranoso' de su cantante, Matt Berninger, que levantó la pasión del público con sus incursiones entre el respetable. Estuvo a la altura de lo esperado.

La moneda voló por el aire con los Smashing Pumpkins y cayó cara, aunque con un sonido mejorable. 'Setlist' repleto de los grandes éxitos de sus álbumes más emblemáticos, 'Siamese dream' y 'Mellon collie and the infinite sadness', y un Billy Corgan en plena forma con la guitarra –lo de la voz nunca fue su fuerte– y muy profesional, que acompañó a una producción espectacular, con tres muñecos gigantes que parecían sacados de una película de Tim Burton. Cabezas de cartel más que justificados del festival.

Aunque para montaje espectacular el de Bring Me the Horizon, cada vez más 'mainstream', en la fiesta de bienvenida, con un 'show' que mezcló el metalcore de sus inicios con lo meloso, pero con la actitud como bandera en cualquier caso. Un ejemplo de lo que se puede ofrecer cuando se dispone de un escenario gigante: fuego, lanzallamas, grandes visuales, bailarines, confeti... Los pogos más 'cool' del festival.

El concierto de Miles Kane fue uno de los más destacados del segundo día del festival. Puro rock and roll por parte del británico, muy necesario en cualquier festival. Y para cerrar la lista rockera, también hay que destacar a unos inmensos Wolfmother. Los australianos se aprovecharon del tono nostálgico de la jornada del viernes y sus guitarras afiladas fueron bienvenidas cual agua de mayo. 'Woman' y el cierre con 'Joker and the thief' se quedarán en nuestras retinas. El bote, para ellos.

Y dentro de la poca representación española en el festival, Vetusta Morla repitió en el cartel después de tres años. Como de costumbre, Pucho y los suyos mostraron por qué su liga es distinta a la de cualquier otra banda nacional.

Tash Sultana, la gran sorpresa

En el apartado de sorpresas hay que incluir a varios australianos. La primera, Tash Sultana, una veinteañera multinstrumentista que ayudándose de su mesa de efectos y 'loops' consiguió llenar el inmenso escenario principal con su reggae rock espiritual. Una artista a la que hay que seguir la pista.

Con The Cat Empire sucede que cuando la calidad musical está al servicio del buen rollo y la fiesta, el resultado es un concierto de los que se quedan grabados. Los 'gatos' se llevan a las antípodas una nueva legión de fans de Madrid. En el caso de Rolling Blackouts Coastal Fever, los componentes de la banda sufrieron los 40 grados de temperatura que caían sin piedad en Valdebebas a primera hora de la tarde, pero ofrecieron un concierto correcto, aunque deslucido por el ambiente y las adversidades. Primera visita a la capital, donde volverán en mejores condiciones.

Los escoceses más conocidos del festival eran Mogwai, que como siempre no decepcionaron, pero The Twilight Sad también maravillaron con su postpunk lleno de emoción, sobre todo por la impresionante voz de su carismático y enérgico cantante, James Graham. El escenario Mondo Sonoro, una de las dos carpas del festival, se les quedó pequeño.

Mención aparte para la sorpresa merece el espacio Vibra Mahou, donde Los Chichos puso patas arriba la pista de coches de choque en la que estaba ubicado. «Vamos a cantar en español, vamos a sentar cátedra», avisaron a los guiris alucinados por lo que pasaba, mientras que los españoles lo daban todo. También actuaronMuchachito Bombo Infierno y Tomasitoen este escenario.

Aunque no todo fue redondo en lo musical. Programar a Bon Iver en un festival mastodóntico tiene su aquel. La música de Justin Vernon y los suyos requiere de un recogimiento que no se dio. Su repertorio deambuló entre lo nuevo y electrónico y lo clásico y sentido.

Rosalía, en la fiesta de inauguración del Mad Cool 2019.
Rosalía, en la fiesta de inauguración del Mad Cool 2019. / Kiko Huesca/Efe

En el caso de Rosalía, su talento es innegable. Sin embargo, dejó un sabor agridulce a aquellos que acudieron simplemente por la curiosidad de ver a la artista del momento. No se puede ser minimalista y espectacular a la vez, ser Björk y Beyoncé. Se echa en falta más música en directo y menos pregrabado, pero ahí sigue triunfando en todo el mundo, aunque Noel Gallagher todavía no la conozca, y a ver quién se atreve a bajarla de las alturas.

Otro que últimamente está en boca del excompositor de Oasis es Lewis Capaldi, que dio el pistoletazo de salida al festival. Un número uno en el Reino Unido que aún tiene poco tirón en España, lo que se tradujo en una hora intempestiva y un público ampliamente extranjero. Gran voz y actitud muy alejada de su aparente fragilidad.

Lo de American Authors parece sacado de una película yanqui. Chicos guapos con pinta de malotes haciendo pop chicloso con estribillos facilones. Lo mejor, su versión de 'Mr. Brightside' y los intentos de Zac Barnett por involucrar al público en su 'show'. En cambio, la música introspectiva de Sharon van Etten invitaba a tumbarse en el césped y vivirla de un modo alejado del cliché festivalero. Un punto por debajo de lo que esperábamos de ella, pero apunta maneras de artista de altura.

Y hasta aquí nuestro resumen de lo que vimos y escuchamos en el festival, con muchos grupos que se quedaron en el tintero, pero los solapes son inevitables en este tipo de macroeventos. Ya pueden comenzar las quinielas para el año que viene: Radiohead, Muse, Coldplay, The Black Keys, The Killers…