Vuelven las chumberas

Palas de chumberas con algunos higos chumbos. / Lv
Palas de chumberas con algunos higos chumbos. / Lv

El cultivo se ha sobrepuesto a la cochinilla, que casi acaba con ella, y al decreto que desde hace unos años la categoriza como especie invasora

G. S. FORTE

Ya han desaparecido, y quizá para siempre, las paleras que hasta hace poco crecían en los bordes de muchos caminos, marcaban las lindes de algunos terrenos y adornaban los exteriores de numerosas casas de campo en la Región de Murcia. Las cochinillas, las mismas que se emplean para obtener el tinte E-120 de los pintalabios, han acabado con ellas. Y casi acaban también con aquellas chumberas cultivadas para extraerles un beneficio económico en España desde que llegaron de América en el siglo XVI, curiosamente en un principio para servir de alimento a las mismas cochinillas del carmín, y de las que se puede aprovechar mucho más que sus famosos higos-chumbos. Empresas como Bioarchen están logrando recuperar sus producciones mientras han aprendido a extraer un uso comercial hasta de las propias palas cuando están tiernas. «A taquitos, en una tortilla de patatas, están riquísimas», según dicen.

Después de ver cómo la plaga de cochinillas ha acabado en pocos años con casi todas las chumberas murcianas, y de buena parte de las regiones mediterráneas, los productores han encontrado la forma de mantenerlas a raya y ya están recuperando los números anteriores a la llegada del insecto. En 2017, que es el último año del que hay registro oficial, las estadísticas de la Consejería de Agricultura reflejan de nuevo más de 30 hectáreas en producción de este cultivo en Murcia (en concreto 31, casi todas en el Valle del Guadalentín). Se trata de una superficie similar a la que había hasta hace diez años, justo antes de que se iniciase el declive, y más del triple superior a las extensiones de 2013 y 2014, que son los ejercicios con los registros más bajos. La producción regional está lejos de superar el millón de kilos de higos chumbo en un año que se obtuvo a mediados de los setenta, pero vuelve a aproximarse a los 140.000 kilos de hace una década, y ya quintuplica los números alcanzados en 2013 y 2014, el momento más acusado del azote de la cochinilla, el mismo insecto del que se extrae el color rojo para elementos tan dispares como pintalabios, zumos, bebidas alcohólicas, yogures y otros alimentos.

LOS DATOS

140.000
kilos de higos chumbos produjo la Región en 2017, cinco veces más que en 2014.
31
hectáreas de cultivos de chumberas se registraron en 2017.

Pedro Sánchez, con medio siglo a sus espaldas vendiendo higos de pala, contó a 'La Verdad' hace unos años que la plaga llegó después de que un productor de cochinillas para tintes de Fuente Álamo las soltase tras enfadarse con su pareja, con la que había montado el negocio. Una versión más prosaica del fenómeno dice que el insecto fue propagado por la Comunidad Valenciana para acabar con las paleras en beneficio de la flora autóctona. En todo caso, según los expertos, la plaga se detectó por primera vez en la Región de Murcia hace ahora una década, lo que da un punto más de verosimilitud a la historia de Sánchez.

El insecto que da color al pintalabios ha eliminado la planta del paisaje rural Las palas tiernas comienzan a emplearse hasta en tortillas de patatas

Sea cual sea el origen de la invasión de las cochinillas, lo que los productores de chumberas han aprendido es que el uso de fitosanitarios, en las explotaciones convencionales, y el lavado frecuente de las paleras con una solución jabonosa, en las ecológicas, las mantiene a raya. «No las mata, pero así conseguimos que la planta no se pierda», explica Molina, copropietaria de Bioarchen. Las dos tahúllas (algo más de 2.200 metros cuadrados) del cultivo que esta empresa explota en régimen ecológico en Archena, dan para vivir al matrimonio propietario, que forma Mari Carmen junto a Dionisio Perea. Para no perderlo se ven obligados a hacer al menos cinco lavados con agua a presión y jabón a sus palas cada año. «Antes plantabas una hoja y tenías chumbera de por vida, eso se acabó».

Junto al mal de la cochinilla a los productores de chumberas ecológicas les ha sobrevenido otro contratiempo, en este caso en formato legal. Desde hace un lustro las paleras han pasado a ser consideradas como especie invasiva. «No se prohíbe su explotación», aclara Molina, «pero ya no pueden registrarse nuevas plantaciones ecológicas».

Entre tanto, el negocio de los higos chumbos se ha extendido a la comercialización del nopal, que es como se conoce a las propias palas cuando están tiernas y con las que se elaboran bizcochos, guisos, se cocinan a la plancha y se elaboran batidos, y también se extrae un rendimiento a la flor de la planta, que se seca para hacer infusiones, entre otros usos. Las chumberas ya no volverán al paisaje rural al que han dado forma durante más de cuatro siglos, pero a su cultivo aún parece quedarle mucha cuerda.