Santiago Posteguillo, entre Hipatia y Lady Macbeth

Santiago Posteguillo, cuando se anunció el Planeta. / EFE
Santiago Posteguillo, cuando se anunció el Planeta. / EFE

En la novela ganadora del Planeta 2018, el escritor valenciano toma como personaje a la emperatriz romana Julia Domna, que fundó una dinastía de césares con Septimio Severo

IÑAKI EZKERRA

Desde hace unos años, y en sintonía con el asentamiento social de las reivindicaciones feministas, se ha puesto de moda el legítimo y saludable redescubrimiento para la literatura y el cine de mujeres que, pese a su valía y su importante papel entre los bastidores del pasado, no ocuparon el lugar que merecían, ni en su época ni en los libros de Historia. Como pasa con todas las modas, esta tiene sus aciertos y desaciertos. Entre los primeros, cabe citarse la realista y delicada película 'Nannerl, la hermana de Mozart', que dirigió el francés René Féret en 2010 con un exquisito guión propio que se sumaba a una amplia bibliografía sobre el tema, en la que se cuentan por lo menos cinco autoras: Alison Bauld, Carolyn Meyer, Nancy Moser, Rita Charbonnier y Sharon Chmielarz. Entre los desaciertos, se pueden citar 'Aspasia, amante de Atenas', una novela de Medem que no pudo llevar al cine, y que estaba inspirada en 'Ágora', la película que Amenábar estrenó en 2009 y en la que reivindica la figura de la filósofa y matemática Hipatia de Alejandría, nacida en el siglo IV d.C. En su película, Amenábar incurría en la trampa, hoy tan extendida, de hacer una lectura de un personaje de hace diecisiete siglos a la luz de los valores de nuestra época, y de presentar como un icono de la liberación sexual a una mujer que, según las referencias de ella en la 'Suda' bizantina, decidió mantenerse virgen pese a estar casada.

En este contexto cultural, hay que situar inevitablemente 'Yo, Julia', la novela con la que ha obtenido el Planeta de este año el escritor valenciano Santiago Posteguillo, y que tiene como protagonista a Julia Domna, la mujer que llegaría a gobernar Roma de la mano del emperador Septimio Severo en el año 193 d.C. en un marco incomparable de guerras civiles, en el que cinco hombres se disputan el trono tras el asesinato del emperador Cómodo. La acción narrativa del libro se desarrolla precisamente entre el año 192, en el que Cómodo será ejecutado, y el año 197 en el que logrará consolidar su poder Septimio Severo al derrotar a Clodio Albino, su último oponente, en la batalla de Lugdunum. Antes de ese último episodio bélico, Severo tendrá también que vérselas con Pertinax, con Didio Juliano y con Nigro en Issos.

Enemigos inmerecidos

El planteamiento novelesco que hace Posteguillo de todas aquellas luchas, y que justifica la relevancia que concede a Julia Domna en este texto que alcanza las 700 páginas, es la hipotética inteligencia política de esa mujer, a la que aquí se le atribuye la capacidad de insuflar la ambición de mando en el esposo. De mando y de crimen, pues no estamos ante un hombre inocente que debe protegerse de enemigos inmerecidos, sino ante un arribista exgobernador de Panonia que marcha contra Roma para deponer a Juliano y dictar su muerte, en un tiempo que los historiadores rememoran como singularmente sangriento. Al darle tanta vela en esos entierros, el autor convierte a Julia Domna en una suerte de precursora de la Lady Macbeth shakespeareana pese a que, por otra parte y de un modo contradictorio, trata de arroparla de unos rasgos psicológicos y unos valores políticamente correctos que la hagan atractiva a los ojos del lector: su inquietud por las cuestiones intelectuales y su afán por rodearse de las mentes más lúcidas de su tiempo, que le otorgan la condición de emperatriz filósofa; su fidelidad conyugal, que es puesta en duda por los desleales; su amor sincero por el emperador que supuestamente la convierte en una excepción histórica, o su procedencia siria que despierta la desconfianza y la hace víctima de un racismo y una xenofobia un tanto forzados, que para sí los quisieran los refugiados provenientes, en nuestra época, de ese mismo rincón del mundo.

Aunque la heroína de Santiago Posteguillo hace algunos guiños innegables a una doctrina de la corrección política que ni se olía en su verdadero contexto histórico, y aunque presenta algunos lazos de parentesco ficcional o simbólico con la Hipatia de Amenábar, dicho planteamiento colisiona con una trama argumental que no es otra que la lucha políticamente incorrecta, descarnada y encarnizada por el poder. A esa objeción de contenido se suma otra en el plano técnico, como es el salto que da Galeno de Pérgamo del estatus de narrador en primera persona a la tercera omnisciente y al estatus de personaje al que se refiere ésta. Esta discordancia desconcierta en un autor que ha estudiado literatura creativa en EE UU, la patria de Henry James, el creador de la 'teoría del punto de vista'.

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