La eterna juventud de la literatura amorosa

La eterna juventud de la literatura amorosa

¿Qué tiene el género para que consiga renovarse de forma periódica y mantenerse en lo alto en cuanto a ventas? 'Ababol' explica las razones su éxito

ELISABETH G. IBORRA

La novela romántica es uno de los géneros de mayor éxito comercial. Tanto que en 2018, en España, las ventas de libros comprendidos en ese capítulo crecieron un 18%. Sin embargo, y de esto es algo de lo que se lamentan las autoras -porque es un género casi exclusivo de escritoras-, son obras denostadas por la crítica, que no solo cuestiona su calidad literaria sino también el contenido, las historias, los patrones y valores que transmiten en cuanto a las relaciones de pareja y los modelos de hombre y mujer que representan...

Pues bien, vamos a analizar la evolución del género de la mano de Aranzazu Sumalla, editora de la colección de novela romántica de Ediciones B, de Penguin Random House Mondadori; Carme Sánchez, psicóloga y codirectora del Instituto de Sexología de Barcelona; y la escritora alavesa de romántica Marta Lobo, que publicó en primavera su novena novela, 'Todos mis desastres'.

La primera cuestión es definir el género. Porque, como se pregunta Carme Sánchez, «¿qué se considera literatura romántica: la escrita solo por mujeres o también la de hombres? Lo que parece evidente es que obliga a un final feliz, que es como la mayoría acaba». Pone como ejemplo «las de Jane Austen, que se consideran literatura romántica pero de alto nivel literario... Ahora bien, ¿'Madame Bovary' o 'La regenta' lo son, aunque las dos protagonistas tengan un final desdichado y estén escritas por hombres?». Una respuesta pasa por recordar que, dentro de los best sellers del género, están Blue Jeans (Francisco Fernández González) y Federico Moccia, considerado el rey Midas de la literatura romántica. Así que el reduccionismo de que está escrita por mujeres no parece sostenerse en pie.

La de Jane Austen es considerada por muchos literatura romántica. ¿Entonces no lo son 'Madame Bovary' o 'La regenta'?

Desde luego, es una literatura que vende. Vende y sostiene un sector que pasa por momentos críticos hoy sí y mañana también. Marta Lobo se cuestiona «por qué se machaca a un género que mueve nueve millones de euros» y saca a colación que «el 75% de los libros que se venden son de literatura y un tercio de ellos es novela romántica, situándola la segunda en las listas, por detrás solo de la novela contemporánea». La editora Aranzazu Sumalla concuerda con ella en que «dentro de la novela romántica siempre ha habido una venta continuada, constante, de lectoras muy fieles al género, muy fans y que compran mucho. En lengua española está Corín Tellado que ha vendido millones de ejemplares de sus libros». Ahora mismo esa compra es más digital que en papel, pero el género vive un momento de auge y renovación. «Es verdad que se vivieron momentos increíbles con la trilogía de '50 sombras', pero se dio más en género estrictamente erótico».

El hito de '50 sombras'

A pesar del pelotazo de dimensión global de E. L. James, ha costado incluso que su novela se lea a cara descubierta. Marta Lobo reconoce que a este género le ha costado salir del armario y mostrar músculo, «si es que la lectora decide mostrar lo que lee, porque son muchas las personas que aún lo ocultan por miedo o vergüenza». Aranzazu Sumalla confirma que «siempre se ha leído novela romántica. Antes, con ediciones más baratas o con cubiertas menos discretas que muchas veces las lectoras forraban con papel de periódico o revista para llevar en el metro o en el autobús disimuladamente. Eran esas cubiertas de parejas a medio vestir en edición de bolsillo que seguro que muchas generaciones recuerdan».

Carme Sánchez, sin embargo, recuerda que «no tan antiguamente, había ejemplos como Corín Tellado en España y Bárbara Cartland en Inglaterra que certifican que muchas mujeres más allá de la postguerra leían libros que estaban catalogados como literatura romántica. No en vano, triunfaban también programas radiofónicos como el de consultorio de Elena Francis o más tardíamente radionovelas como 'Lucecita'. No creo que en esta época se ocultara; de hecho, muchos de estos libros eran de intercambio...».

El problema fundamental de aquellas novelas es que tenían, según la psicóloga, «una estructura muy concreta de relaciones afectivas llenas de impulsos irrefrenables, sufrimiento y ausencias, pero con un final feliz; imagino que cautivaban a unas mujeres educadas en la sumisión y en la peligrosa idea de que para conseguir el amor había que sacrificarse». La editora reconoce que «en general, el patrón que guía una novela romántica es el de chica salvadora de chico atormentado, un modelo que desgraciadamente también se da en la vida real. El patrón básico ha cambiado poco: chica y chico que pasan mil vicisitudes hasta lograr consolidar su amor».

Pero la sociedad sí ha cambiado, y, en ese sentido, Carme Sánchez apunta que «en los años 70 y ya en la Transición comienzan a cuestionarse los valores muy tradicionales que estos libros promovían, aunque eso no significa que no se siguieran leyendo. Quizás la lectura se cambió por determinadas películas románticas que tienen el mismo argumento, por ejemplo, 'Pretty Woman'», que consigue enormes cuotas de pantalla cada vez que se da en TV, lo que suele suceder cada pocos meses.

Aranzazu Sumalla se muestra optimista respecto de los nuevos tiempos que está viviendo el género: «Ahora mismo, ha evolucionado muchísimo y las protagonistas son mucho más osadas, atrevidas y afines a las mujeres de hoy día». Interviene por alusiones Marta Lobo: «Estábamos acostumbrados a novelas almibaradas, portadas con hombres con torsos desnudos y una damisela en apuros rendida a sus pies. El cuento ha cambiado, señores y señoras. Ahora son ellas las que luchan y pelean por lo que quieren. Las que, por fin, dibujan y persiguen sus sueños, ya sea formar una familia o viajar por el mundo. Ellas son las que deciden cada paso que dan. Estamos en una sociedad más feminista que nunca y, en estas historias, ellas son las que llevan la voz cantante». A lo que la psicóloga y sexóloga aduce que «como en la literatura erótica o la mezcla romántica-erótica, las autoras y algún autor, intentan que las relaciones sean más igualitarias, que la mujer tome sus decisiones de manera más libre... pero parece que lo del final feliz es casi obligatorio».

Más que obligatorio es que para las editoras, autoras y lectoras del género es una gran ventaja. Lobo valora que el «final feliz está asegurado y ¿quién no quiere un 'Y fueron felices' al acabar una historia romántica? No por estar aseguradas esas 'perdices' dejamos fuera los problemas por los que pasa una pareja en su vida real, pero la novela romántica da pequeñas píldoras de felicidad, tan necesarias hoy en día». Sumalla la secunda: «Estoy completamente de acuerdo. Me encanta lo que comenta de la felicidad y del buen rollo y las endorfinas. Es verdad que coges una novela que sabes que va a acabar bien porque a todos nos gustan los finales felices. Es garantía de que vas a pasar un rato agradable y de que vas a conocer a personajes inolvidables».

En cualquier caso, en 'Todos mis desastres', Lobo apuesta por mujeres fuertes, con problemas actuales y muy reales, como el 'bullying', el maltrato o las relaciones por Tinder, protagonistas de las que, al final, salvan al 'príncipe' de sus problemas. Sumalla asegura que eso es habitual: «Las protagonistas son todas ellas también más abiertas y la sexualidad se vive con normalidad, así como la variedad de parejas».

¿Hasta qué punto han influido en eso los movimientos feministas que critican los patrones machistas y conservadores que podían transmitir las autoras de antaño? La editora de Ediciones B considera que «la influencia no es tanto de los movimientos feministas sino del cambio de la mujer actual, sin necesidad de seguir un movimiento concreto. El mundo ha cambiado; afortunadamente, las mujeres hemos cambiado y el género evoluciona».

Por el contrario, la sexóloga asevera que «han sido fundamentales y creo que en estos últimos dos años se ha renovado el discurso, con lo cual más jóvenes se han sumado al movimiento feminista y ponen en cuestión estos patrones tan tradicionales de sumisión, sacrificio y abnegación respecto a su pareja o marido».

Sumalla incide en que «los modelos de hace décadas están caducos. No creo que las autoras de género envíen mensajes feministas sino que reflejan la realidad, que es otra. Ahora mismo vamos a publicar a una autora estadounidense de muchas ventas, Sarina Bowen, y en el modelo de pareja que establece tanto ella como él luchan por conseguir sus objetivos profesionales e incluso ella es más ambiciosa y más atrevida que él, profesionalmente hablando».

Ventajas y beneficios

Para Carme Sánchez, es cierto que desde hace años hay autoras sorprendentes por su apertura mental luchando por la libertad femenina, «algunas críticas que retrataban de manera clara las desigualdades y las pocas salidas que tenían las mujeres que se alejaban del patrón establecido. Y las que se diferenciaban pagaban cara su osadía: 'Madame Bovary' es un buen ejemplo. Algunas han hecho el esfuerzo por adaptarse y lo han conseguido, aunque a mí me siguen chirriando algunos aspectos de renuncia y 'buen rollismo' que destilan, aparcando la crítica o suavizándola».

Pero es que esa es otra de las ventajas que apunta Marta Lobo: «La lectura estimula, eso lo sabemos. Pero la novela romántica hace que el corazón lata mucho más fuerte, que el cerebro genere las ya mencionadas endorfinas y que nuestro cuerpo responda positivamente. No hay estudios que lo certifiquen, pero la romántica hace que las personas sonrían más, sean más felices y hace que se evadan de la realidad por un momento y disfruten realmente. Hasta mejora la actividad sexual en pareja (o de forma individual). Todo son beneficios».

Otro beneficio que encuentra la alavesa es que «se han creado amistades gracias a lecturas conjuntas que se realizan en Clubes de lectura, en Bibliotecas, en Facebook o en Instagram. Ha sido algo así como flechazos virtuales entre personas de diferentes puntos de España. Aparte de leer historias de amor que hacen suspirar y emocionarse, conocemos a personas con nuestros mismos gustos y con las que podemos mantener conversaciones de horas y horas». Celebra lo mismo Sumalla, para quien es «un lujo ser editora del género»: «El hecho de que sea una lectura que mueve fans hace que las lectoras se conozcan entre ellas, también las autoras. Así que hay como una especie de gran comunidad del Género Romántico que vive, vibra, sigue, participa».

En efecto, como escritora, Lobo encuentra muy positivo que «gracias a estas redes sociales, también podemos tener un contacto mucho más directo con nuestras autoras y autores favoritos. Antes era impensable mandarle un mensaje a la escritora o escritor del que no te perdías una historia. Ahora están al otro lado de la pantalla».

La psicóloga, por su parte, prefiere «que las novelas incluyan relaciones afectivas y sexuales en contextos más amplios de la trama, y no me parece positivo el final feliz de obligado cumplimiento...» A su juicio, «es más positivo que haya situaciones realistas que faciliten estrategias de resolución a los conflictos actuales que tenemos las mujeres con respecto a las relaciones afectivas y sexuales». Añade que se tendría «que incluir toda la variedad existente a nivel de orientación, identidad... y edad, sobre todo, la variedad en la edad; no me vale el tópico de treintañera simpaticona».

Una novela sobre relaciones afectivas que le ha emocionado sobremanera últimamente ha sido 'Nosotros en la noche', de Kent Haruf, porque hay muchas maneras de leer sobre relaciones y de vivir el romanticismo. Y, por cierto, nadie diría que es una novela de género romántico.

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