Pío Baroja, el retratista de España

El escritor vasco en un paseo por el Parque del Retiro, en Madrid, en 1950. /Nicolás Muller
El escritor vasco en un paseo por el Parque del Retiro, en Madrid, en 1950. / Nicolás Muller

Iñaki Ezkerra destierra los tópicos sobre el gran escritor donostiarra en 'La voz de la intemperie'

Manuel Madrid
MANUEL MADRID

«No perder el contacto con los libros es muy sano», afirma Iñaki Ezkerra (Bilbao, 1957). «El activismo está muy bien cuando toca, pero no hay que descuidar la literatura. Porque es de lo que más queda». El crítico literario y fundador del Foro de Ermua, autor de una cuidadosa obra que abarca la poesía, el ensayo y la novela, y habitual en las páginas de 'Ababol', firma 'La voz de la intemperie' (Ipso Ediciones, 2019), un libro que rescata a un escritor obcecado en expresar con claridad ideas y sensaciones: Pío Baroja ( San Sebastián, 1872-Madrid, 1956), el «escritor de la calle» o, abreviando, «un fauno reumático que ha leído un poco a Kant», decía de sí mismo el autor de trilogías como 'Tierras vascas', 'La lucha por la vida' o 'Los saturnales' y de la serie de narraciones 'Memorias de un hombre de acción'.

Baroja, que nunca se dejó llevar por el optimismo de la falsificación y de la mentira que entusiasma a tanta gente, pensaba que «el país necesita conocer lo más perfectamente posible su geografía, su étnica, su historia, su industria, su comercio, su literatura y su arte. Yo creo que nadie que sea un iluso puede pensar que nosotros los españoles conocemos todas esas materias». El conocimiento del país y de la historia fue una de sus principales vocaciones. «Yo creo que para España -escribió Baroja en su discurso de acceso a la RAE en 1935-, como para todos los países, su primer problema es el conocimiento profundo de su manera de ser. Estamos en un período histórico en que todo está en crisis, religiones, democracia, parlamentarismo y libertad. No hay nadie con sentido profético para vislumbrar si detrás de este crepúsculo viene otra aurora, o viene la noche. Para muchos, los dogmas y los sistemas doctrinarios tienen gran valor; para otros, no lo tienen más que por sus resultados».

No es casualidad que el crítico se ocupe ahora de uno de los novelistas más importantes del siglo XX, ligado -incluso a su pesar- a la Generación del 98. La madre de Ezkerra escondía los libros de Baroja bajo llave; su abuela era también barojiana. Despreciaba, como el autor de 'El árbol de la ciencia', la hipocreía, los convencionalismos y la intolerancia hasta emparentar, en el sentido más fiel, con un narrador «sin ocultaciones ni artificios, y con el hombre que opinaba sin necesidad de apoyarse en ningún credo o coartada, sin querer representar a nadie más que a sí mismo». Así lo ve el editor navarro Joaquín Ciáurriz, director de Ipso Ediciones, que antes de Ezkerra llamó para esta misma colección, 'Baroja & yo', a Luis Antonio de Villena, Eduardo Mendoza, Sergio del Molino, Bernardo Atxaga, Soledad Puértolas y a una decena de escritores más. «Es un editor -refrenda Ezkerra en alusión a Ciáurriz- que no se ha quedado en la labor de editar, sino que ha propuesto un modelo, y tiene sentido. Cuando me propuso entrar en la colección, lo acepté porque Baroja no es un escritor más: ha influido mucho en otros escritores. Me hizo pensar por qué para mí era importante. No es un libro que tuviera pensado. Era importante recapacitar por qué Baroja es valioso y qué vigencia tiene hoy».

Ernest Hemingway visitando a Pío Baroja en 1956, en su lecho de muerte. Pío Baroja, en la huerta de Itzea, con su madre, Carmen Nessi, y su hermana Carmen Baroja -en la imagen con sus hijos Julio y Ricardo Caro-. Las manos del autor de 'El árbol de la ciencia' (1911). / ABC | SUR | Nicolás Muller

-¿Y a qué conclusión llega?

-Baroja aún tiene muchas cosas que decirnos. No es un escritor caduco, sus obras nos dicen cosas sobre el presente. Leyendo su trilogía 'La lucha por la vida', hay páginas que producen vértigo por la cercanía de muchos de los escritos. Hay cosas que nos distancian, claro. Aquella era una sociedad con hambre, atrasada, donde una parte importante de la población no tenía una preparación cultural, una sociedad con hambre y sin bachiller. Sin embargo, pese a que algunos de esos aspectos han sido superados, uno se encuentra con que cuando describe aquel asamblearismo tumultuario en 'Aurora roja', donde cada uno decía lo que se le ocurría, hay rasgos del populismo de hoy que son perfectamente reconocibles en muchos de sus textos y contra los que Baroja se pronunciaba. Personajes como el de Juan de 'Aurora roja', que hoy representaría a un actor del anarquismo, alguien que sigue abrazando una causa porque cree en sus ideales, muchas veces estas personas son ya la excepción, pues frente a eso lo que hay es el arribismo, la demagogia, los intereses personales, el que quiere trepar... ¡Todo eso está en Pío Baroja!

Alarmas

-En 'La voz de la intemperie' aparece un Baroja alejado de un sinfín de tópicos.

-Baroja es lo contrario a todos los tópicos que se han manejado hoy sobre la memoria histórica. Él ve la guerra civil sin partidismo. Describe, de una forma que sobrecoge, el cainismo nacional de la sociedad del momento. Lo que no hace es partidismo. Él recorre la España de la guerra civil como un paisano, y no hay mejor memoria histórica que las novelas de Baroja sobre la guerra civil. Mejor no vamos a encontrar. Estaba horrorizado por muchos aspectos de la violencia en la que estaba sumido el país en ese momento. A veces lo que nos sobrecoge es la España de la desolación, de las venganzas y de los malos quereres, y todo eso está en Baroja, y es lo que no queremos que vuelva. Sobre todo, para que cuando veamos hoy un rasgo de aquella mala herencia se nos enciendan las alarmas y quedemos alertados. Él se irrita cuando el día que estalla la guerra civil los mozos del Bidasoa van todos a la romería, esa inconsciencia le irrita. Está bien que los tengamos en cuenta. Sus memorias y sus novelas sobre la guerra nos dicen mucho.

«Muchas veces lo que nos sobrecoge es la España de los malos quereres y de la desolación. Todo eso está en Baroja»

-Eligió, prácticamente, llevar una vida en solitario.

-En solitario, sí, pero su vida de soltero le permitió recorrer el mundo. No llegó a cruzar a América, como era su deseo, pero tiene un conocimiento del mundo, de la sociedad y de las mujeres que no tienen otros autores. Hay una falsa imagen de Baroja, a quien imaginamos junto al brasero, con la boina, la bufanda y la bata. Alguna vez he dicho que es como un gato vocacional, que le gusta la seguridad de la casa en invierno, pero hay un Baroja que se mueve por toda Europa. La soltería le permitió un contacto muy directo con la sociedad. Describe todos los oficios, en las novelas de 'La lucha por la vida', en el primer tercio del siglo XX, todavía joven, y hace una descripción de la vida nocturna madrileña de alguien que ha vivido. Si yo lo comparo con Unamuno, Unamuno no tiene experiencia en ese sentido, porque sus personajes son más infantiles. El personaje de 'Niebla' es casi adolescente, sus temas son los celos... En 'Amor y pedagogía', y otras novelas, en lo referente al trato del hombre con la mujer, hay mucho hermetismo, mientras que en Baroja respiras por todas partes. Ese aire que entra en la novela de Baroja fue uno de los aspectos que me sugirió el título, 'La voz de la intemperie'.

-Su dedicación inicial fue la Medicina, pero la abandona.

-Deja la Medicina para siempre porque nunca le había entusiasmado. Lo más importante para él era la libertad y la independencia, y está dispuesto a sacrificar todo su prestigio social. En aquellos años ser médico no era ser cualquiera, porque era pertenecer a una clase social con posibilidades. Sin embargo, Baroja abandona la Medicina y se hace cargo de una panadería que hereda. Pensaba que le iba a permitir escribir desahogadamente, pero se encuentra con que eso no le da más que problemas, con los obreros en huelga y con verdaderos quebraderos de cabeza. Hasta que lo deja también. El prestigio económico tampoco le importaba nada, y eso es un rasgo que le distingue.

«Mistificar lo vasco lleva a presentar al escritor como una especie de druida o sacerdote. Esa es la antítesis de Baroja»

-¿Cómo se le recuerda hoy?

-No es un escritor hoy tan reivindicado o conocido como merecería. No es un escritor estigmatizado, pero creo que el desconocimiento lleva a caer en los tópicos facilones, que si era misógino, que si era antivasco, o su mala relación con los nacionalistas. Esos tópicos son falsos. Baroja fue un escritor realista y reflejaba el País Vasco con realismo. No halaga falsamente al País Vasco. Transmite mejor que nadie el paisaje vasco y navarro, y lo que no hace es sublimarlo, ni mistificarlo ni enrarecerlo. El mistificar lo vasco lleva a presentar al escritor como una especie de druida o de sacerdote que estuviera en posesión de una sabiduría telúrica y de unas esencias técnicas, el escritor como sacerdote. Bueno, pues esa es la antítesis de Baroja, él no va de poseer una categoría sacerdotal o de estar en contacto con secretos, es un escritor realista que tiene una visión escéptica y pesimista de la condición humana.

Condición humana

-¿Qué es el desarraigo para un escritor como Baroja?

-Todo escritor tiene que sentirse un desarraigado, porque la condición humana es el desarraigo, aunque no salgas de tu casa. Y hay muchos desarraigos. Si uno no se siente un desarraigado en el mundo de hoy, aunque no viva en la ciudad en la que nació, si no entiende el mundo de hoy o no ve la realidad en clave de desarraigo no ha entendido bien. La esencia del ser humano es el desarraigo, porque la vida nos arranca seres queridos y acaba con el acto definitivo de la muerte.

-¿Qué narradores con esa mirada amplia tendrían hoy algún parangón con Baroja?

-Baroja es un escritor que deja respirar a los personajes, y éstos no representan una ideología concreta. Deja que tengan contradicciones, que hablen, es el gran retratista de la mujer de su tiempo, la escucha, la refleja y le tiene un gran respeto. Soledad Puértolas, que inauguraba esta colección, a mí me gusta porque no va con un esquema ideológico, y deja a sus personajes que fluyan. Acaba de publicar una novela, 'Música de ópera', donde sus personajes no representan nada, tienen contradicciones, y hay herencia literaria. Si la literatura de hoy se pareciera a la de Baroja ganaría mucho. Porque es antítesis de esa realidad, de esa literatura y ese cine que falsea la realidad en nombre de lo ideológico.

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