Magela Baudoin: «Todo el arte ocurre desde la memoria»

Magela Baudoin, en una fotografía reciente./E. C.
Magela Baudoin, en una fotografía reciente. / E. C.

La escritora publica 'La composición de la sal', una colección de cuentos con la que ganó el premio García Márquez

ELENA SIERRA

Venezolana de nacimiento y de crianza (pasó su niñez y su adolescencia allí, hasta los 18 años), Magela Baudoin (1973) fue después a vivir a Bolivia, de donde son sus padres. Esto no es solo un detalle biográfico. Es una clave para entender su trabajo literario y periodístico. «Hay una mirada de ambas patrias o de ninguna, sí. Puede que en mi narrativa, más que un no-lugar, esté presente el lugar de la 'migrancia', de construirte allá donde te toque. Esa es la patria, y probablemente sea una más inclusiva, más tolerante y más consciente de la otredad», reconoce la autora, que con las catorce narraciones de 'La composición de la sal' se hizo con el Premio Hispanoamericano de Cuento Gabriel García Márquez en 2015, aunque Navona no lo ha publicado hasta el año pasado en España, uno de los últimos países en editarse.

- Si le parece empezamos hablando de periodismo, ya que usted es periodista y porque está muy presente en algunos relatos. En uno de ellos, a una mujer le preguntan, cuando comenta que sabe que no está escibiendo toda la verdad, que hay algo más que desconoce, qué hizo ella. Y responde: «Lo escribí lo mejor que pude». ¿Es eso el oficio?

- Mucho del periodismo es eso, es la falibilidad, lo falible que es el individuo que recoge lo ocurrido y que tiene que contar una verdad que solo es parcialmente la verdad y que luego está mediatizada por miles de órdenes, a veces nacidas de la buena fe y a veces no. En el libro me interesa mucho ese poder cifrado en un oficio que es tan humano, y tan imperfecto por tanto. Y que es tan importante hoy, cuando la política va a menos y el periodismo es el espacio de confrontación del poder.

«La literatura es un lugar de preguntas, y eso es lo que la vuelve más interesante»

- ¿Es por eso que hoy se vuelve a querer matar al mensajero, o al menos culparlo?

- Sí, no hace falta más que pensar en países como México, ¿no? Pero también ocurre lo contrario: cuando el periodista abusa de ese poder. Podemos mirar a ambos espacios. Es un oficio lleno de tensiones, lleno de conflictividad y por tanto de preguntas para mí.

- ¿Resuelve las preguntas mediante la literatura?

- Para mí la literatura no resuelve nada. Siempre es un lugar de preguntas y esto es lo que la vuelve más interesante. Su alto espacio de especulación humana. De hecho, no me interesa lo más mínimo la literatura que es explicativa, me gustan los lugares del silencio que permiten que reflexionemos y que el texto reverbere mucho tiempo en la conciencia, en esas terminales nerviosas, a veces en un lugar que ni siquiera es consciente.

- Habla de silencio... En estos relatos hay mucho. Muchísimo. ¿Es el lector quien debe rellenar esos huecos?

- Tal vez es mi cercanía a la poesía, pero me gusta la literatura que elude y alude, que ese es el principio del hecho poético. Es el arte de decir sin decir, de sugerir, para que la epifanía ocurra en el otro. A mí me gusta mucho la literatura como un espacio de construcción de sentido compartido, que nace en el escritor pero que es necesario que se complete en el lector. Ocurre afuera del texto. Ese juego es algo que me gusta componer consciente, y que sin duda hago de manera inconsciente.

Adicta a Borges

- ¿Cuáles son sus referencias en este sentido?

- Hay muchas. Hay una presencia de la poesía, están muy presente los clásicos, los simbolistas franceses, del Modernismo latinoamericano y de la poesía contemporánea, soy lectora recurrente y absolutamente adicta a Borges, pero también están los grandes cuentistas y poetas de la tradición rusa, norteamericana y latinoamericana -hubo una época en la que no podía echarme sobre un almohadón sin pensar, recurrentemente, en el almohadón de plumas de Horacio Quiroga (risas)-, y está Poe, y Borges de nuevo... Mi conexión cuento-poesía es muy fluida.

- Ha escrito también novela.

- 'El sonido de la H', sí, y ahora estoy escribiendo otra. Aunque pienso que se inscriben más en el género de la 'nouvelle', novelas cortas, con aliento más de velocista, en el aliento del cuento tal vez. Pero sí, son novelas: son relatos más extendidos que permiten otro tipo de búsqueda en el personaje y de conversación más lenta con el lector. Es otra cadencia, otra música.

- Hay muchas ausencias y pérdidas en estos cuentos, las ausencias y las pérdidas en las vidas de muchos personajes menores, niños y niñas.

- Me interesa mucho la niñez como esa época de conformación de la vida. Alguien dijo «dame un niño de cinco años y yo te entregaré un hombre». En la niñez están cifradas las promesas de lo que vas a ser, las obsesiones, las recurrencias, los fantasmas. También las sanaciones ocurren, muchas veces, volviendo allí. A mí me interesa el presente asaltado por la memoria y cómo se puede explicar desde ella. Y una sociedad se puede explicar por la niñez, además. Auscultar en el pasado, en esa composición ficcional que siempre son la memoria y el olvido, me interesa mucho. Todo ocurre siempre desde una hiperbolización necesaria: recuerdas lo que no has olvidado y por tanto lo haces grande.

- Hablando de eso, me recuerda a Eduardo Halfon, que sigue ese camino en sus 'novelas'.

- Sí, hay un cruce muy referencial. Yo creo que todo el arte ocurre desde la memoria, empiezas a descifrar el mundo por donde lo has aprendido. Necesariamente todo lo que se hace en lo artístico es una fotografía en el pasado, que luego evoluciona. Algunos trabajamos hacia abajo, hacia dentro, y otros hacia fuera, como el zorro. O hacemos ambas cosas. Buscar esa relación entre lo que fue, lo que es y lo que será es lo que compone muchas veces el arte.

- Sobre el origen de los personajes, aunque algunos se sitúan en lugares concretos, otros no, no tienen 'patria'. Pero en ambos casos se van filtrando realidades sociales que usted conoce, Venezuela, Bolivia, Argentina.

- Quiero auscultar en el corazón de los personajes profundamente y por ello necesitan un anclaje, se ubican. Si los conoces bien, el texto se impregna de manera natural de su contexto, su lugar, su tiempo. Y ese contraste de orden político, del poder, de la sociedad, me interesa mucho. Desde lo doméstico a lo público. Las diferencias sociales y culturales son un gran material literario.

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