Vivir en la clasicidad

Vivir en la clasicidad

Dionisia García se aleja de las modas y de los convencionalismos de la actualidad

PASCUAL GARCÍA

Como en todos y cada uno de sus libros, también en este, una hermosa colección de relatos, género al que la autora, Dionisia García, ha dedicado ya un par de libros anteriores, destaca esa particular elegancia literaria tan suya que procede, sin duda, de una raíz humanista, de un empeño ético insoslayable y de una armonía constante que gobierna con mesura pero con pasión contenida todas las esferas de su existencia.

El manejo solvente del idioma, tan natural en una poeta de su calibre, la frecuentación de escenarios y de personajes que pertenecen, en muchas ocasiones, a su propio mundo o a un mundo cercano, la inquietud por seguir indagando en lo humano, en el sentimiento de seres que parecen perdidos, pero a los que siempre los mueve un mismo desasosiego, el de la existencia, el del amor de las últimas luces y, sobre todo, el de mujeres fuertes, ejemplares y bellas, como la propia autora, que se echan al mundo decididas a participar activamente en él y a ser parte necesaria de la vida.

Explica Ana Luis Baquero en el esclarecedor prólogo a la obra: «Una reunión de cuentos que se constituyen como un verdadero caleidoscopio de temas y personajes, en gran medida tomados de la realidad que envuelve a la autora». Aunque podríamos añadir que el mundo que rodea a la autora es tan vasto y rico como sus propios intereses intelectuales y humanos y todo parece afectarle de una manera o de otra con esa extremada sensibilidad de la que hace gala, tal vez venida de la poesía, con la que se acerca a sus criaturas y a sus pequeños o grandes conflictos, sin un tono definitivo y cerrado, sino más bien como en una fuga continua que caracteriza el paso de los días, con finales abiertos en ocasiones, ambiguos y repletos de emoción como en el titulado 'No es tarde para el viaje', acaso uno de mis relatos preferidos. Se repiten, como no podía ser de otro modo, constantes de toda su obra, entre las que sobresalen la defensa de la mujer, el valor de la familia, un optimismo a ultranza que no entorpece ese tono melancólico y brillante de alguno de estos textos.

Plantea Ana Luisa también en el prólogo la cercanía de los dos grandes géneros literarios que ha abordado la escritora de Fuente-Álamo (Albacete), afincada tantos años en Murcia, durante su carrera literaria. La semejanza del poema y del cuento, la brevedad y la intensidad con la que ambos juegan: «Como muchos autores han admitido, el cuento, como el poema, se caracteriza en su génesis por una impronta espontánea que la genialidad del autor sabe aprovechar y someter a la conseguida depuración literaria».

También Dionisia, como no podía ser de otro modo, imprime su huella y su estilo en ambos géneros, se aleja de las modas y los convencionalismos de la actualidad, se sitúa literariamente en épocas pasadas, sobre todo en el tono, en esa música íntima de sus versos y de los párrafos de su prosa. La mirada de Dionisia es serena, en ocasiones compasiva, lúcida y siempre diferente, original y nueva. Si hubiese una definición apropiada a esa forma de vivir y de escribir en la clasicidad sería esta. Enhorabuena siempre.