No era Samsa

ANTONIO PARRA SANZ

No lo era, era el primo de George Simurg, un hombre medio checo medio español que es requerido de urgencia para acudir a Praga, ante los extraños acontecimientos que por allí le están ocurriendo a su rama europea de la familia. Y eso precisamente es lo que convierte a este hombre en un personaje idóneo para Pedro Pujante, un autor acostumbrado a manejarse hábilmente entre la ficción y la realidad, entre lo objetivo y lo kafkiano, entre los diferentes planos de lo increíble y la verosimilitud. Lo ha demostrado anteriormente en sus relatos y en sus novelas, y ahora lo ha vuelto a hacer.

No es fácil adaptar la realidad a la ciencia ficción, a lo paranormal, y mucho menos hacerlo manteniendo altos niveles de ironía y una línea narrativa coherente; el delirio es complejo de manejar, tanto para quien lo practica como para quien lo lee, pero el autor alhameño se ha convertido ya en todo un experto, tanto, que cuando abrimos una de sus novelas no nos queda otra que dejar que nos lleve de la mano por el paisaje que su mente se empeñe en construir, y permitir también que poco a poco vaya respondiendo a la multitud de preguntas que pasarán por nuestras cabezas.

La más intensa de ellas tiene que ver, en este caso, con el título, porque una vez que nos sumergimos en esta historia debemos asumir que nuestras conciencias son endebles, que tal vez no seamos quienes creemos ser, y lo que aún es más contundente, que quizá nos gustaría habitar otra realidad muy diferente a la que nos acoge. La búsqueda, por tanto, es algo inherente al ser humano, casi tanto como las dudas, y Pedro Pujante nos abre una puerta, o cientos de ellas, en un laberinto de espejos en el que casi lo de menos es que al final nos aguarde un escarabajo gigante, sino que no nos guste el reflejo que en realidad veamos. Además, lo hace con una prosa de calidad, para que el viaje, además de inquietante, pueda disfrutarse desde la plenitud literaria.