Fernando Savater y el libro de Sara

Fernando Savater, en su casa. / íñigo arizmendi
Fernando Savater, en su casa. / íñigo arizmendi

'La peor parte' no es solo el libro del duelo del filósofo vasco por la pérdida de su compañera, sino el retrato de esta y el relato de una relación que ha sido «la mejor parte» de su vida

IÑAKI EZKERRA

Si tú no lo cuentas, nadie sabrá lo que hemos sido el uno para el otro». Es la frase que Sara Torres pronunció en una cama del hospital de Pontevedra cuando, en los primeros días de julio de 2014, le acababan de diagnosticar el tumor cerebral que acabó con su vida. En ella está la clave del testimonio que ahora publica su inseparable Fernando Savater. En ella encontró este la justificación y las fuerzas para escribirlo. Y en ella está el motivo por el que no estamos únicamente ante un libro de duelo, un texto que desgrana los sentimientos y sensaciones del hombre que ama al afrontar el inconcebible trance de la pérdida del ser amado, sino ante una voz capaz de salir de sí misma y quebrar las aduanas de su interioridad para contar cómo era esa persona y devolverle la vida en el retrato, la memoria, el lenguaje. 'La peor parte' no es solo el libro de la desventura de Fernando Savater sino también el del homenaje, el recuerdo, el diálogo con la que fue, o sigue siendo sin licencias literarias, su mujer; el que recoge sus rasgos temperamentales, sus frases, sus gustos, las pasiones compartidas, sus manías, su forma especial de ser y de estar, el libro de Sara, en fin.

Sin duda, el dolor está presente en estas páginas y de un modo descarnadamente explícito en la primera parte, la titulada 'Caer en desgracia', pero incluso en ese tramo que hace de introducción ya empiezan a expresarse con fuerza los colores y matices de un puro y desnudo sentimiento amoroso que ignora la finitud física y que irá ganando terreno según avanza su lectura hasta imponerse y triunfar en el texto sobre el propio desaliento, como sucedía de manera progresiva en la elegía de Hernández a Ramón Sijé. Es ya en esta primera parte donde, junto a la vivencia de ese pesar que «no es como los demás», surge otra razón para vivir: «Amarla con toda la fuerza y todo el dolor del recuerdo que desafía su pérdida». Y es así como, pese a la sombra demoledora de la muerte, el texto tiene momentos distendidos y hasta capaces de arrancarte una sonrisa, como ese en que el autor comenta con tierna indignación los consejos del club de los viudos que le dicen haber pasado por su experiencia: «'¡Yo he rehecho mi vida!' Disimulo mi mueca de asco al escuchar a estos reciclados, sobre todo cuando insinúan que ahora debo seguir el mismo camino, que debo buscarme 'novia' (uno llegó a decirme: 'Ahora vuelves a estar en el mercado del amor', y no le estrangulé en el acto, lo que prueba que puedo controlar mi carácter mejor de lo que algunos dicen)...».

El grueso del libro lo compone la segunda parte ('Mi vida con ella') y es en la que cuenta desde su enamoramiento de la alumna a la que llamaban Pelo Cohete en la época de Zorroaga, al calvario de la enfermedad, el postoperatorio en el centro Johns Hopkins de Baltimore, la película de sustos en tres dimensiones que vieron felices y cogidos de la mano, las falsas esperanzas, las sesiones de quimioterapia y radiología, las idas y venidas entre Madrid y San Sebastián, el llanto, los momentos de debilidad, las reacciones que le avergüenzan, la franqueza con la que se trataron, la dureza con la que ella lo describió en un momento de reproche: «A mí solo me gustaba jugar, había jugado a la filosofía, a la literatura, a la política, incluso al amor, y había buscado en ella a la mejor compañera de juegos. Pero ahora estábamos ante un reto mortalmente serio, con el que no se podía jugar, y yo estaba deseando zafarme de cualquier modo de él para volver a acurrucarme en mis rutinas lúdicas». En este libro no hay nada gratuito. Mantiene el pulso de la más rotunda confidencialidad hasta el final y nos da en cada línea reflexiones que subrayaríamos por su honestidad o su lucidez. Es un libro que le deja a uno tocado.

Valiente

En las manifestaciones por alguien que ha sido asesinado o es víctima de una injusticia, las pancartas suele repetir un lema: 'Todos somos fulanito'. El libro de Savater nos lleva a la antítesis de ese lema: no todos somos Sara ni todos hemos tenido una Sara a nuestro lado. Pero, sin embargo, uno siente que todos deberíamos haber tenido una Sara en nuestras vidas y ser Sara para alguien, gozar del privilegio de ver a alguien y de que este nos vea como irreemplazables. Eso es lo que nos dice este excepcional libro que es un desgarrado canto a la condición insustituible del ser humano; una conmovedora declaración de amor; una oda a lo digno y lo valioso de la existencia; obra rebosante de sinceridad, rebelión y ternura que nos acerca al mejor, más cercano y más valiente Savater.