¿Qué fue de la Fundación Molina Sánchez?

Acto de entrega del Premio de las Artes y las Letras de la Región de Murcia al pintor José Antonio Molina Sánchez de manos de Ramón Luis Valcárcel./Rafa Francés
Acto de entrega del Premio de las Artes y las Letras de la Región de Murcia al pintor José Antonio Molina Sánchez de manos de Ramón Luis Valcárcel. / Rafa Francés

P. SOLERMURCIA

Esa tristeza que, posiblemente, acompañó al pintor en sus últimos instantes se debía al nefasto resultado que había acompañado a la Fundación Molina Sánchez. El entonces presidente de la Comunidad, Ramón Luis Valcárcel, aseguraba que con la muerte del pintor desaparecía «una gran figura del panorama artístico nacional y un auténtico referente a nivel internacional de la pintura murciana contemporánea»; y, años antes, también había dicho que Molina Sánchez, «con su talento, siempre llevó a lo más alto el nombre de la Región de Murcia, allá donde expusiera los frutos de su genial creatividad y singular manera de entender la pintura». Esto lo afirmaba el 3 de abril de 2007, cuando fue presentada oficialmente la Fundación Molina Sánchez, que surgía con las pretensiones de «favorecer la divulgación y exposición permanente» de la obra del pintor. Los trámites para constituir la Fundación se habían iniciado, a finales de febrero de 2006, durante una reunión que mantuvieron la consejera de Hacienda, Inmaculada García, y los de Cultura y Fomento, Juan Ramón Medina Precioso y Francisco Marqués, con Molina Sánchez. En aquel acto de presentación, Valcárcel también aseguraba que estábamos ante «uno de nuestros más grandes artistas, un gran maestro, uno de nuestros grandes clásicos contemporáneos». Y añadía que la Fundación, en la que se había integrado la Comunidad Autónoma, pondría en marcha «un espacio expositivo para la obra que tan benemérito artista se compromete a aportar». Se trataba, nada menos, que de 153 obras del propio Molina Sánchez, junto a cuadros de otros pintores y objetos personales. Valcárcel expresaba sus «mejores deseos para esta Fundación» y su «gratitud en nombre de los murcianos hacia la gentileza de tan gran artista, de tan ilustre murciano». Molina Sánchez, siempre humilde y generoso, respondía que tan cuantiosa donación no era más que un modo de saldar «la gran deuda que tengo con mi ciudad».

Pese a tanto arrebato inicial, pasaban los meses y, en una carta remitida por la Fundación a Valcárcel, en octubre de 2007, se afirmaba que «hasta la fecha, los compromisos adoptados por la entidad que representa no han sido cumplidos». Entre estos compromisos se encontraba la cesión de la Casa Díaz Cassou como sede oficial de la Fundación, donde sí estuvo instalada, provisionalmente durante algún tiempo, hasta que fue ocupada por la Consejería de Cultura. Hubo otros rifirrafes, que, definitivamente, dieron al traste con aquella entidad, en la que tan ilusionadamente había creído Molina Sánchez. Aquellas 153 obras del pintor, tasadas muy apresuradamente en 551.000 euros, siguen apiladas en algún recinto oficial, del que solo unos pocos saben dónde, sin respeto alguno a quien el propio Valcárcel había definido como «uno de nuestros más grandes artistas». Ahora, al cumplirse el centenario del nacimiento de Molina Sánchez, ¿harán algo los representantes de la Comunidad por recuperar tan valiosa donación?

 

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