'Ellas brillaron en la penumbra'

Pintura y escultura.Dos de las obras que pueden contemplarse en el Muram. Un óleo de María Dolores Andreo y una escultura de Elisa Séiquer. /
Pintura y escultura.Dos de las obras que pueden contemplarse en el Muram. Un óleo de María Dolores Andreo y una escultura de Elisa Séiquer.

Con tan solo 17 años de edad, la escultora Elisa Séiquer (Murcia, 1945; fallecida en 1996) respondía así a la pregunta de '¿cuál es tu estilo?': «Mostrar a los demás lo que no les interesa conocer; el ángulo pesimista de la vida». Pesimista, insatisfecho, doloroso... Su obra no solo no escapa al dolor, no solo no elude la amargura, sino que los recrea y los reafirma en el espacio: les da carne, no les niega la luz. La escultora es una de las tres protagonistas de 'Ellas brillaron en la penumbra', una exposición, comisariada por la galerista Mari Ángeles Sánchez, que intenta «visibilizar el trabajo de las mujeres artistas de la Región en la primera mitad del siglo XX». La muestra, que podrá visitarse, hasta el 27 de este mes, en el Museo Redional de Arte Moderno (Muram) en Cartagena, está centrada en tres figuras indiscutibles: junto a Elisa Séiquer, la pintora Sofía Morales (Cartagena, 1915; fallecida en 2005), y la también pintora María Dolores Andreo (Alhama de Murcia, 1934; fallecida en 2006). Tres artistas que, en esta exposición, la comisaria vincula con otras creadoras como Maruja Díez, Ana de Tudela, Josefa Luna, Aurora Mateos o Teresina Valdivieso, que tienen presencia en la muestra a través de su parte documental.

Se trata de artistas, explica Sánchez, «que emergen de la penumbra acercándonos a la sensibilidad artística más allá de una historiografía que ha olvidado que en sus trabajos también se condensó el espíritu de una época». «Una época y un contexto», añade, «el de la historia del arte en la Región, que se ha circunscrito tradicionalmente a la visión que los artistas hombres propusieron en cada una de sus etapas». Tiene razón: «Como en el resto del contexto internacional, son pocos los casos en los que la mujer ha tenido un fuerte protagonismo en la escena artística». Sí, «incluso en los momentos de más esplendor y proliferación de la práctica artística murciana -años 20, generación de posguerra-, son escasos los ejemplos que nos permiten trazar un mapa de posibilidades sobre el papel femenino dentro del arte regional».

Pintura y escultura.Dos de las obras que pueden contemplarse en el Muram. Un óleo de María Dolores Andreo y una escultura de Elisa Séiquer.
Pintura y escultura.Dos de las obras que pueden contemplarse en el Muram. Un óleo de María Dolores Andreo y una escultura de Elisa Séiquer.

«El objetivo fundamental de la muestra», precisa, «es reunir parte del legado de estas artistas para arrojar luz sobre su producción, dándolas a conocer al gran público, al tiempo que nos permiten conocer cuáles fueron las cuestiones esenciales de su trabajo. Es una necesidad insertar su devenir dentro de la historia para tener una visión general de nuestro pasado».

La exposición, que coincide en el tiempo con las dedicadas a Sofía Morales en el Mubam (Murcia), y a María Dolores Andreo -de la que se muestran sus 'Marinas'- en el Museo Arqueológico Los Baños de Alhama, es una gran oportunidad para disfrutar de la obra de Elisa Séiquer, algo nada frecuente. La escultora se retrató así al hablar de los primeros tiempos de su vida: «... era una niña normal hasta los once años». Entonces, cuenta el veterano crítico de arte Pedro Alberto Cruz, tropezó «con una piedra en el camino» y descubrió que su destino «era esculpir y esculpir. Tenía un destornillador y un martillo, y con esa piedra amarilla de construcción se puso a jugar y consiguió hacer un rostro de ella».

Mundos

A ese primer rostro siguieron muchos más: de seres queridos, de seres que de alguna manera habitaban en el mismo mundo que ella nunca llegó a comprender, y contra el que a veces se relacionaba a martillazo limpio, a golpes. Cruz muestra su admiración ante las cabezas esculpidas por Séiquer: «Cada una de esas cabezas es un mundo, no estamos ante un trabajo en serie o ante una repetición de lo ya hecho y logrado». La muerte, como final; la enfermedad, como camino -murió de un cáncer en junio de 1996-; los sentimientos, como dolor.

Si bien, en mitad de su producción, sorprenden obras que rompen con esa atmósfera invernal, incluso infernal en ocasiones, que se instala sobre su trabajo. Hay, por ejemplo, un anhelo de inocencia, de volver a la infancia, al paraíso destruido, en su bellísimo 'Retrato de Ernesto' (1982).