La Verdad
Verano

«Yo no provoco, solo hago lo que me da la gana»

Sita Abellán, solazándose en su piscina de Milán.
Sita Abellán, solazándose en su piscina de Milán. / S. A.
  • Sita Abellán, modelo y DJ

  • La murciana ha tenido tiempo de acabar la carrera de Publicidad y Relaciones Públicas en la UCAM, ser fichada por Loewe primero y después por Rihanna -vía Instagram- para uno de sus últimos videoclips y convertirse en una de las modelos españolas más reclamadas del panorama internacional

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Llegó a Milán hace tres años por una beca Erasmus y ha acabado fijando allí su residencia tras conocer a su «amor». Entre medias, Sita Abellán (Murcia, 1993) ha tenido tiempo para volver a Murcia y acabar la carrera de Publicidad y Relaciones Públicas en la UCAM (aunque empezó Periodismo), ser fichada por Loewe primero y después por Rihanna -vía Instagram- para uno de sus últimos videoclips y convertirse en una de las modelos españolas más reclamadas del panorama internacional. «No paro», admite esta murciana de Santa María de Gracia. «En menos de un año he viajado todo lo que no había viajado en mi vida. He estado en casi todos los lados, pero me quedan muchos más», sonríe. ¡Sonríe! Parecía imposible después de ver el millón de fotos de Sita Abellán en internet. Pero sí, se ríe y hasta suelta alguna carcajada. Aunque incluso su madre tenga que reclamar vía whatsapp, de vez en cuando y para regocijo familiar, alguna foto (privada, pero sonriendo) de la benjamina de la familia Abellán del Rey, que atiende a 'La Verdad' desde su nido de amor de la ciudad de la moda. Su pelo, hoy, es azul oscuro.

-Sita, ¿de?

-Mi nombre real es María, pero ya de pequeña no me gustaba. ¡Todo el mundo se llamaba María! Mis amigas y yo nos poníamos 'nicks' (apodos), y una amiga empezó a llamarme Marysita. Desde ese momento me quedé con Sita, pero mi familia me llama María.

-¿Qué hacía ahora mismo?

-Buscando un collar, que tengo 8.000 y los tengo todos por el suelo.

-¿Puede definirse?

-Soy muy creativa. Intento no ponerme límites y no tengo miedo a lo que piensen los demás. Soy inquieta, curiosa, me encanta viajar y descubrir cosas nuevas.

-¿Recuerda cuándo empezó a vestirse como le daba la gana?

-Cuando tenía unos cuatros años salí del cole y me metí en una tienda de zapatos de la calle Constitución con mi cuidadora. Era una tienda donde mi madre me solía comprar zapatos. Pues aquel día vi unas botas con unas cremalleras y unos osos, le dije a mi cuidadora que encargara las botas a la dependienta, que ya pasaría mi madre a recogerlas después (risas). ¡Mi madre me ha dicho después que esas botas no me las quitaba para nada! Las utilicé hasta que no me venían, aunque a mi madre no le gustaban mucho (risas). De pequeña también cogía las pinturas y la ropa de mi madre y me hacía fotos... Así empezó un poco todo.

-¿Muchas broncas en casa por culpa de la ropa?

-Bueno, me dio una época por vestir muy de negro y mi madre me decía que si iba a salir así a la calle, que iba muy gótica, decía ella. ¡Yo no soy gótica, aunque lo parezca! Alguna bronca en la adolescencia, aunque mi madre es muy moderna, siempre le ha gustado la moda y siempre ha sido muy abierta. Si me pasaba, me llamaba la atención, pero no más allá. Nunca he llegado a cambiarme en el ascensor, pero a lo mejor sí he salido un poco más rápido de casa para que no me vieran, sí... (risas).

-Bajar a comprar el pan en Murcia con esos modelitos provocaría más de una mirada, ¿no?

-Sí, pero en Milán también me pasa, y eso que es la ciudad de la moda. Cuando era más pequeña sí me preguntaba '¿por qué me mira la gente?'. Ahora me da exactamente igual.

-¿Le gusta provocar?

-Yo no busco provocar, no busco llamar la atención de la gente. Solo busco no ponerme límites a mí misma. Básicamente, hago lo que me da la gana (risas). Me da igual lo que digan los demás. Eso provoca reacciones, pero yo no lo hago intencionadamente. Pasa porque tiene que pasar.

-Usted es la pequeña de tres hermanos. ¿Cómo le ha influido posteriormente ser la benjamina de la familia?

-Sigo siendo la más mimada (risas). Y soy un poco caprichosa.

-¿Y cuál ha sido su último capricho, si se puede saber?

-Un bolso de Chanel que compré en un acto benéfico de Vogue en Milán para ayudar a personas con sida. Más que el capricho fue el hecho de ayudar. Bueno, y un poco por capricho también (risas).

-¿Para qué sirve la fama?

-Espero que la mía me sirva para hacer un mundo mejor.

-Viaja más que el baúl de la Piquer. ¿Tiene tiempo para volver a Murcia de vez en cuando?

-Intento ir lo máximo posible, porque lo necesito. Por ejemplo, cuando estoy en Estados Unidos y vuelvo a Europa, necesito pasar por Murcia antes de volver a Milán. Necesito ver a mi familia, comer por Murcia... ¡Me relaja muchísimo! Lo primero que tengo en la cabeza cuando me bajo del avión es ver a la familia, a los amigos, tomarme una caña al sol y comer salchicha seca, huir al Valle o tirarme en la playa. ¡Pero es que la comida es..!

-Perdone, ¿en qué playa?

-Yo siempre he veraneado en Santiago de la Ribera. Pero si encuentro a alguien que me lleve, o están mis amigas con el coche, porque yo no conduzco, me encanta pasar el día en Calblanque.

-¿Qué recuerda de sus veranos?

-Íbamos con el barco de mi padre atravesando el Mar Menor y comíamos en la Escuela de Pieter. También las regatas, porque estábamos apuntados todos a la escuela de vela. Me costaba un poco ir allí, pero al final me lo pasaba muy bien. Recuerdo veranos muy familiares.

«La mujer detrás de la diva»

-Del barco de su padre... al barco de Rihanna.

-Sí (risas). En el videoclip de Rihanna salgo en un barco, sí.

-¿Acabará teniendo su propio velero?

-Pues mire, no lo descarto (risas). Me gustaría tener mi barco. Pero no tengo ni el carné de patrón que sí tienen mis dos hermanos. Me tendría que haber puesto a ello en su momento.

-¿Qué aprendió de una estrella como Rihanna?

-Yo la verdad es que no era muy fan de Rihanna, ¡no me gustaba mucho su música! (Risas). Después la conocí trabajando y me sorprendió la mujer que hay detrás de la diva. De esta experiencia aprendí que nada es imposible, que nadie debería ponerse límites. Que todo lo que soñamos puede suceder. Todo el mundo puede llegar donde quiere con constancia y trabajo.

-Si Rihanna viniera a la Región, ¿a dónde la llevaría?

-A cenar a las tascas. Y luego a La Boca del Lobo, que es uno de mis bares favoritos. Es un sitio auténtico. También la llevaría a la playa, que le encanta. También a ver el Teatro Romano de Cartagena. ¡Vaya ruta!

-¿Qué echa de menos?

-Las relaciones personales que tenemos en España, más cálidas que en Italia, por ejemplo.

-¿Qué producto de la Región vende con más ahínco por el mundo?

-Lo primero, el grupo de mi hermano Juan, Analogic, que es un grupazo. Después, la salchicha seca.

-Y la empanada que le tiene preparada su abuela, ¿no?

-¡Sí! ¡Es que mi abuela..! Me compra la empanada en Carlos, y está buenísima. Pero es que además me hace un arroz al horno... ¡Es mi plato favorito!

-Con su abuela, ¿guarda un poco más las formas a la hora de vestir?

-No. En general toda mi familia está curada de espanto (risas). Mi abuela también es muy moderna. Recuerdo una vez que llegué con unos pantalones rotos y mi abuela me los cogió para arreglármelos. Me tapó todos los rotos con retales estampados (risas). Esos pantalones me los puse después varias veces, claro (risas).

-Y en la UCAM, ¿tuvo algún problema con su vestuario?

-No. La relación con los profesores siempre fue muy buena. Incluso alguna vez me crucé con [José Luis] Mendoza y no hubo ningún problema (carcajada). Fíjese, el padre Emilio [Luis Emilio Pascual], que era mi profesor de Teología, nunca me ha juzgado a pesar de conocer mis creencias. Una persona maravillosa conmigo. ¡Después de la carrera también! Me lo he encontrado por Murcia y.... ¡Más bueno que nada!

-¿Sabe quién es el presidente de la Comunidad Autónoma?

-(Piensa, sorprendida) No. El anterior sí que me lo sabía.

-¿Ha votado en las últimas elecciones?

-No. A lo mejor tenía que haberme preocupado un poco más por votar.

-A sus 23 años, ¿cuál es su mayor decepción?

-Lo cruel que puede llegar a ser el ser humano. Lo que está pasando en el mundo con el tema de los atentados, las guerras... el odio. Toda la gente inocente que muere. Es terrible.

-¿Qué hace contra la infelicidad?

-Intentar poner una sonrisa y no pensar demasiado.

-No será en las fotos de sus redes sociales...

-(Risas). Mi madre me pide que le mande fotos sonriendo. Nunca me ha gustado sonreír en las fotos. ¡Y eso que no me gusta nada la gente que no sonríe! Pero una cosa son las fotos y otra ya... Si conozco una persona y no sonríe, malo.

-¿Un valor irrenunciable?

-La honestidad. Me gustan las personas que no intentan ser lo que no son. No me gusta la mentira. No la tolero. Me gustan las personas transparentes.

-¿Le han clavado ya muchas puñaladas por la espalda?

-Sí, sí. Y afecta mucho. Pero esto sirve para diferenciar quiénes son los verdaderos amigos, las personas que importan. De todas formas, yo soy educada. A esas personas las sigo saludando (risas).

-¿Críticas o halagos?

-A ver, los halagos gustan, pero las críticas son más importantes porque también ayudan a crecer. Me quedo con las críticas, que en el fondo también son halagos.

-¿A qué tiene miedo?

-No sé.

-Ábrase, Sita.

-(Risas) A la muerte no, por ejemplo. A morir no, pero sí a sufrir. Al sufrimiento.

-¿Le han hecho muchas proposiciones indecentes?

-¿En qué contexto?

-En cualquiera.

-Pues sí, alguna vez. Pero yo creo que eso le pasa a todo el mundo.

-¿A quién admira?

-A mi madre. Y a mi abuela, que es una santa, la persona más buena del mundo.

-¿Cuál es el mejor consejo que ha recibido?

-Que tuviera siempre los pies en el suelo.

-¿Qué ve usted cuando se mira al espejo?

-Pues depende del día (risas).