La Bastida, viaje a la prehistoria tardía

Interior de la réplica de una de las casas argáricas de mayor tamaño del yacimiento de La Bastida (Totana)./Javier Carrión / AGM
Interior de la réplica de una de las casas argáricas de mayor tamaño del yacimiento de La Bastida (Totana). / Javier Carrión / AGM

Una visita guiada a la increíble ciudad argárica de Totana para conocer a los ancestros a fondo

PEPA GARCÍA

Acercarse al pie de la grandiosa muralla que protegió la ciudad argárica de La Bastida entre el 2.200 y el 1.550 antes de nuestra era (hace 4.200 años) hace al visitante sentirse pequeño y reflexionar sobre lo poco primitivas y muy evolucionadas que eran las comunidades humanas de los últimos pasos del hombre en lo que conocemos como Prehistoria, la Edad del Bronce Tardío. Por algo en 2012, cuando se excavó, fue elegida por National Geographic como el segundo mejor yacimiento del mundo, recuerda Teresa Fernández, arqueóloga y guía en esta visita.

La Bastida está considerada por los investigadores una de las capitales argáricas mayores y más antiguas (el territorio del Argar abarca unos 33.000 km2 de las provincias de Murcia, Almería, Granada, Jaén, Alicante y Ciudad Real): «Se estima que estuvo habitada por unas 1.000 personas y durante 700 años, algo que no se vuelve a repetir hasta 1.000 años después del abandono de La Bastida», cuenta Teresa Fernández, la arqueóloga que guía nuestra visita.

A los pies de esta sólida muralla, de los que hay excavados hasta cinco torreones en un pequeño tramo de 130 metros de longitud y con una altura de hasta 7 metros, esta defensa doble (muralla y antemuralla) pone de manifiesto los enfrentamientos y la violencia de una sociedad en la que las 'clases sociales' están manifiestamente diferenciadas y que está perfectamente organizada, como ha ido desvelando el estudio de los restos hallados.

Ahora que parece que el equipo de investigadores de la Universidad Autónoma de Barcelona, que trabaja desde 2009 en este yacimiento y que sacó a la luz su muralla única en el contexto de Europa Occidental -solo hay construcciones comparables de esta misma época en Palestina, Siria, Líbano o Troya-, amaga con recoger los bártulos y abandonar esta joya de la civilización argárica por falta de financiación, es cuando visitarla desvela la trascendencia que tiene seguir investigándola para profundizar en el conocimiento de nuestros ancestros. Con solo un 12% de las 4,4 hectáreas que abarca el yacimiento sobre el Cabezo de la Bastida al descubierto, se han revelado las avanzadas técnicas constructivas que permitieron levantar este poblado excelsamente defendido. Fruto de ello, se ha reproducido una vivienda tipo que, a partir de febrero, los visitantes podrán pisar por dentro para conocer las comodidades de las que ya disfrutaban estos hombres de la Edad del Bronce.

Con muros de mampostería, pero enlucida por dentro y por fuera, la acogedora vivienda muestra su hogar y su encimera, los enterramientos en urna o cista que, bajo el suelo del hogar, albergaban a los antepasados de sus moradores, con sus ajuares funerarios para el paso a otra vida. La impronta dejada en los techos de adobe ha permitido recrear las cuerdas que se empleaban, los techados de cañizo..., además de numerosos utensilios: molinos de mano, urnas de almacenamiento con toncillo para facilitar su transporte, punzones de hueso, hachas, lingotes o puntas de flecha realizados en bronce, armas de combate (alabardas y cuchillos), hasta ocho modalidades de recipientes cerámicos, brazaletes y collares ornamentales... Un sinfín de utensilios y costumbres que las huellas enterradas del pasado han ido contando.

Así, se sabe por la investigación que había una clase poderosa o dominante, que acumulaba y poseía los excedentes; una clase intermedia de trabajadores y una clase servil. También la dureza de la vida de cada uno de los argáricos hallados en los enterramientos ha quedado marcada en sus restos óseos. Así ocurre en el Taller de Molienda, con columnas, rodillas y muñecas dañadas por las interminables horas de trabajo.

Precisamente la excavación de algunas de las construcciones pone de manifiesto que nada es fruto de la improvisación; viviendas que son carnicerías y talleres de hueso e instrumentos de sílex; talleres metalúrgicos con yunques de cuarcita, esquirlas y lingotes de bronce; y hasta edificios públicos y almacenes para el reparto de cereal.

La Bastida es una urbe argárica en toda regla: aparecen botones de marfil de elefantes africanos, molinos de mano de lamproíta, abundancia de bronce sin presencia de cobre y estaño, «lo que pone de manifiesto que el bronce llegaba ya elaborado de otro territorio», apunta Teresa. Y añade que el cereal, sobre todo cebada, se cultivaba en el Valle del Guadalentín, donde, «en un radio de unos 6 km. se han localizado hasta 6 yacimientos argáricos, como La Tira del Lienzo, desde donde se vigilaba el territorio y se trae a la ciudad lo que necesitan».

Sin dejar nada a la improvisación y pese a la cercana presencia de agua -en el Barranco Salado y la Rambla de Lébor-, una enorme balsa surtía de agua a la ciudad. La actual, reducida a la mitad en una fase posterior, es capaz de almacenar 360.000 litros.

Todavía son muchos los misterios que La Bastida oculta sobre una gran civilización de la Europa Occidental aún en época prehistórica, y muchos más los desvelados y que la visita guiada les permitirá descubrir en un maravilloso entorno, que contó con innumerables recursos naturales que permitieron un asentamiento humano de esta magnitud. No duden en acercarse a descubrirlo todo y, así, contribuir también a que los responsables regionales sean conscientes de que deben seguir invirtiendo en descubrir y preservar este lugar.

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