Los pescadores ensayan 'guarderías de alevines' para evitar que mueran al ser devueltos al mar

Dos pescadores de San Pedro recogen las redes desde uno de sus barcos./A. Salas
Dos pescadores de San Pedro recogen las redes desde uno de sus barcos. / A. Salas

El sector extrema los cuidados en la pesca del langostino para que sea ejemplo de sostenibilidad

Alexia Salas
ALEXIA SALAS

Los pescadores del Mar Menor quieren cuidar esa enorme despensa que sigue siendo la laguna. Se proponen perfeccionar la pesca del langostino para que se convierta en ejemplo de sostenibilidad al tiempo que se mantenga en el trono del producto estrella del Mar Menor, todo un icono de este ecosistema sensible que proporciona a los pescadores el 18% de los ingresos anuales.

Con la financiación de 26.950 euros del Fondo Europeo Marítimo y de Pesca, que les ha aportado la Fundación Biodiversidad, del Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente, acaban de iniciar un estudio que trata de afinar los métodos de pesca empleados con este apreciado marisco para evitar las capturas accidentales de otras especies, y preservar así la biodiversidad de la albufera, que en las últimas tres décadas ha experimentado una merma de especies que aún asombra a los pescadores más veteranos. Los barcos que volvían hace años a la lonja cargados de galupes y pardetes, magres y salmonetes, ya descargan mayoritariamente doradas y lubinas, con una presencia testimonial del mújol y las otras variedades.

«Queremos actuar de la manera más respetuosa para que se conserven las especies», explica el patrón mayor de la Cofradía de Pescadores de San Pedro del Pinatar, Jesús Gómez. Cuando los pescadores levantan al alba las charamitas para comprobar cuántos langostinos han atrapado en los caladeros del borde interior de La Manga, se enganchan en sus redes de forma accidental los alevines de otras especies. Habitualmente, los pescadores suelen apartarlos en una cubeta con agua que llevan en la barca, con el fin de devolverlos al mar si no dan la talla mínima.

«Queremos actuar de la manera más respetuosa para que se conserven las especies», explica el patrón mayor

«Sobre todo en las épocas de calor, cuando hay muchas crías en las zonas poco profundas, es cuando hay que tener más cuidado», explica el patrón. Los pescadores se encuentran, sin embargo, con el instinto depredador de las gaviotas, que sobrevuelan los barcos de pesca a la espera de esos bocados oportunistas. Por eso, uno de los objetivos del estudio será probar distintos métodos para el retorno de los descartes al mar. Una de las primeras ideas es el empleo de un embudo, que permita a los pescadores volcar las crías y que caigan a una profundidad suficiente a salvo de los picos ganchudos de las gaviotas.

Otra alternativa a ensayar será una especie de guardería de alevinaje junto a los caladeros del langostino, de manera que las crías estén protegidas durante su etapa más vulnerable. El estudio, además de ensayar las soluciones alternativas, «desarrollará un protocolo que se presentará a los pescadores por medio de unos talleres», explica la bióloga marina Ana Muñoz Vera, quien junto al biólogo Manuel Trives Escudero, lleva a cabo la investigación en la que participan las cofradías de Santa Pola y Guardamar, que también se beneficiarán de los resultados.

La Cofradía del Mar Menor quiere tener lista la nueva estrategia para aplicarla en la próxima campaña de primavera, que comenzará el 2 de mayo -hasta el 10 de julio- con el fin de lograr una pesquería totalmente sostenible.

El enigma del 'oscuro'

El estudio tratará de desentrañar otro de los enigmas que rodean al langostino, conocido entre los pescadores como 'el oscuro' no solo porque cunde más en las noches sin luna. «De siempre se ha dicho que el langostino no se reproduce en el Mar Menor, que viene de las desembocaduras de los ríos de la costa mediterránea, arrastrado desde el norte por las corrientes paralelas a las orillas hasta que accidentalmente se ve empujado al Mar Menor», explica la doctora en Biología.

La uniformidad de las tallas en cada campaña no hacía dudar de esta teoría, aunque en los últimos años han aparecido langostinos de hasta 18 centímetros junto a otros de la talla mínima de 9 centímetros, lo que hace pensar a los científicos que el penaeus kerathurus, típico del Mediterráneo, pueda reproducirse en la laguna.

Los pescadores creen que en primavera cumplirá con creces con su cita en los caladeros del Mar Menor, donde el agua más salina que en el Mediterráneo -aunque ya no tanto desde que se abrieron las golas-, le confiere un extra de sabor con respecto a sus hermanos de los puertos valencianos. Si abril y mayo no se presentan demasiado ventosos, la campaña se espera abundante, ya que al marisco no le gustan las aguas revueltas. Una buena eclosión de langostinos depende además de otros factores, como si se produjo una buena puesta, si la migración estuvo expuesta a peligros, la calidez del agua o la disponibilidad de alimento.

Es el otro misterio del langostino, que no se desvelará hasta mayo.

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