La Verdad

En el nombre de Victoria

Pedro Alberto Cruz, ayer en Murcia rodeado de maniquíes.
Pedro Alberto Cruz, ayer en Murcia rodeado de maniquíes. / Enrique Martínez Bueso
  • Pedro Alberto Cruz presenta hoy en Murcia su poemario 'De la nada a tu carne'

«Me he propuesto amar hasta no dejar indiferente una sola célula de mi cuerpo», dice Pedro Alberto Cruz (Murcia, 1972), poeta, ensayista, profesor de la UMU y exconsejero de Cultura y Turismo bajo el mandato de Ramón Luis Valcárcel. Hoy se presentará en Murcia su nuevo poemario, 'De la nada a tu carne' (editorial Amarante), que le dedica a su compañera, Victoria, «el destino de todos los sentidos».

Cruz ha escrito un poemario de amor «porque solo sé hablar de lo que siento y me sucede, de aquello que protagoniza el día a día». «Y, en este sentido», añade, «el amor determina una cotidianidad de la salvación. Pero no una salvación en un tono grandilocuente, edulcorado, lírico, sino pequeñas salvaciones que afectan a la manera de tocar, de respirar, de tragar, de ocupar el espacio, de superar el frío interno, de sentarme, de andar». Y precisa, a su modo: «El amor me procura exactitud».

Para Cruz, «el amor no es nunca condena. Pero sí tiene una dimensión de padecimiento: lo que se ama se teme perder. Es más, solo se ama cuando se tiene miedo a la pérdida». Así es que, veloz, reconoce que «me gustaría que todo lo que quiero se detuviera en un punto fijo y que jamás se moviera». Amor, defiende, necesario para «vivir los únicos momentos de cada día que, cuando te acuestas cada noche, justifican jornadas la mayoría de las veces desoladoras y sin sentido. El amor no es algo evidente; está en los intersticios, en las grietas, en los detalles que se pierden en la generalidad de lo grosero. Pero sin esos detalles, sin esa microrrealidad, no soy nadie, solo una pobre persona, un gilipollas que solo quiere producir y producir».

Escribe en 'De la nada a tu carne': «La diferencia entre tú y los otros / es que habitas la casa que nadie quiere. / Los días sin prestigio». Cruz explica que «la persona amada me sirve de referente exterior, de esa realidad no contaminada por mis mierdas y mis decepciones. Por eso no quiero interferir en su pureza, quiero dejarla intacta, tal y como es, que no se manche con todas las neuras y fantasmas que arrastro. Ella es lo absolutamente otro».

Sigue temiendo el poeta a la muerte «de una manera obsesiva, enfermiza. Cada segundo su previsión lo contamina todo. Intento circunscribirme al presente, al ahora, pero no dejo de pensar que en algún momento -dentro de mucho, mucho tiempo, espero- la muerte acaba separándote de lo que quieres. Me gustaría ser budista y naturalizar más este hecho. Pero no puedo. Me traumatiza y me hace un cobarde mayúsculo».

-¿Cómo vive ahora?

-Mucho más tranquilo y con mayor paz interior, pero no con mayor optimismo. En primer lugar, porque intelectualmente no lo tolero. El optimismo se ha llegado a convertir en un recetario de autoayuda para bobalicones y en una forma de anestesiar a la sociedad con esperanzas de futuros que nunca serán. Y, en segundo, porque no veo a qué nivel social las cosas vayan a mejor. La educación es un desastre, la inteligencia y la cultura se penalizan, la diversidad provoca pavor... Y me indignan los juicios y los prejuicios. Que cada uno haga con su vida lo que quiera mientras no afecte a la de los demás. El grado de cotilleo y de infamia de esta sociedad ha llegado a la depravación. La intolerancia no cabe en las ciudades.

-¿Qué no merece la pena?

-No vale la pena trabajar por la sociedad porque la sociedad no quiere cambiar. Es genéticamente ultraconservadora. Me he dado por vencido en todo aquello que implica inteligencia colectiva y transformaciones sociales.

-¿Logró olvidarse de su -delirante- etapa como político?

-Lo consigo. De hecho ya hace tiempo que me formulé esta pregunta: '¿Pero cómo pude estar siete años en la política?'. España no es un país para el ejercicio del servicio público: te linchan, te juzgan sin conocerte, te construyen una vida que no es la tuya y, sobre todo, si de verdad quieres cambiar las cosas, te fulminan. La gente solo quiere el cambio en la barra de bar. Como oses alterar el 'status quo', te demonizan. No volvería a la política bajo ningún concepto. Esa puerta está cerrada a cal y canto, con silicona en las cerraduras y cemento en las bisagras.

-Le he escuchado decir que se plantea votar a un partido animalista.

-Nunca se sabe. De un tiempo a esta parte estoy sensibilizado contra el maltrato animal. No me puedo considerar animalista porque no soy vegano, aunque como poca carne. Pero me parece alucinante que, todavía, se maten toros en las corridas. Mi mayor traición a mis convicciones más íntimas fue que se aprobara, mientras que era consejero, la declaración de los toros como BIC [en la Comunidad Autónoma de Murcia]. Pero estaba tan cansado, tan harto de luchar yo solo, como un Quijote, contra todos, que claudiqué. Estaba agotado. Y fue una incoherencia mayúscula.

-¿Cuál es su teoría sobre el origen extraterrestre de la Tierra?

-[Risas] Supongo que la de mucha gente: la del comienzo de la vida biológica en la tierra como consecuencia del impacto de un meteorito. Pero reconozco que me considero un ufólogo frustrado. Si volviera a nacer, me dedicaría a ir por el mundo cazando ovnis. De hecho, le puse a mi gato UFO para tener cada día encuentros en la tercera fase en el pasillo de mi casa.