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Bajo La Pila, Lúgar y El Águila

Las crestas rojizas de la Sierra del Águila y la inconfundible silueta de La Pila en forma de silla de montar, desde el mirador de La Loma./
Las crestas rojizas de la Sierra del Águila y la inconfundible silueta de La Pila en forma de silla de montar, desde el mirador de La Loma.
Molina de Segura

Un paseo por el Parque Ecológico Vicente Blanes, en la Molina desconocida. Una finca municipal de casi 40 hectáreas restaurada con vegetación autóctona y destinada a actividades de educación ambiental

Miguel Ángel Ruiz
MIGUEL ÁNGEL RUIZMolina de Segura

Haga la prueba: arranque el coche y dedique una mañana a recorrer -despacio y con el cinturón puesto- el campo de Molina de Segura, una comarca árida que sube hasta la Sierra de la Pila entre barrancos, ramblas y montes pelados.

Circulamos sin prisa entre bancales de olivos, caseríos, ramblas por las que corre -¡milagro!- un hilo de agua, y de pronto alcanzamos un lugar que se llama Comala, como la ciudad mítica del Pedro Páramo de Juan Rulfo. Ojo: en estas tierras también hay magia.

A mitad de camino entre Molina de Segura y Fortuna, en El Fenazar, giramos al norte siguiendo el rastro de La Hurona y El Rellano, dos pedanías situadas en un pequeño altiplano entre las sierras de La Pila, Lúgar, el Águila y la Espada: montañas inhóspitas en la solana pero que guardan sorpresas en su cara norte en forma de grandes manchas forestales, generosas y húmedas, donde prospera incluso la encina.

En El Rellano vale la pena detenerse para conocer el Parque Ecológico Vicente Blanes, una finca municipal de casi 40 hectáreas que el Ayuntamiento de Molina de Segura ha restaurado con vegetación autóctona para dedicarla a actividades de educación ambiental. Una iniciativa poco usual en los tiempos que corren.

En su interior ha habilitado una serie de senderos para recorrer el espacio natural, en el que crecen pinos, acebuches, algarrobos, lentiscos, enebros, coscojas y espino negro, junto con el todavía abundante esparto.

La fauna está representada por el abejaruco, el alcaudón real, la abubilla, el águila perdicera, la lagartija colilarga y el zorro.

Albergue municipal.
Albergue municipal.

Tres itinerarios

El parque ecológico ofrece tres itinerarios señalizados que suman algo más de tres kilómetros -los tres parten desde el centro del recinto-, aunque varias ramblas y decenas de sendas permiten caminar durante horas por la finca.

La Senda del Águila- 1.200 metros, de ida y vuelta- sube hasta el mirador de La Loma, donde se disfruta de una panorámica excepcional de las sierras del Águila y La Pila.

La Senda de la Cueva -900 metros, circular- pasa por el mirador de Lúgar, orientado a esta sierra.

Y la Senda del Ramblizo -2.100 metros, ida y vuelta- penetra en la zona oeste del parque para dejarnos al descubierto los secretos geológicos del terreno.

En este sector, caminando sobre un lecho salino, disfrutaremos de zonas umbrías y frondosas. Una sorpresa.

En la zona central del recinto hay un área de acampada, un arborétum y varias mesas para comer, además de un pequeño estanque artificial y un observatorio de aves. Todos estos equipamientos están detrás del albergue y las caballerizas -donde no hay caballos por la cercanía de la piscina-.

Fuera de los senderos señalizados, el Parque Ecológico Vicente Blanes muestra su cara más auténtica.

En las cotas más bajas de este modesto espacio natural, cerca de las ramblas y entre las perdices y los conejos que se levantan a nuestro paso entre las acibaras y los palmitos, late el espíritu más cabal de esta tierra austera y auténtica.

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