'Honky tonk' en la arena

Antonio Luis Parens, con la camarera Mariola, en el chiringuito de la playa de La Azohía. / A. SALAS
Antonio Luis Parens, con la camarera Mariola, en el chiringuito de la playa de La Azohía. / A. SALAS

Rockola Summer Club en La Azohía, el chiringuito con mejor programación musical en directo, recibe a pie o en barco. «Antes, en chanclas y con bañador 'turbo lover', todo era más fácil», reflexiona Antonio Parens

ALEXIA SALAS

Anda Antonio Luis Parens, gerente y creador del Rockola Summer Club, en volandas de estrés veraniego para que todo funcione al pelo un verano más -¡y van 14!-, mientras su camarera Mariola se sumergue en la lectura de 'Rebelión en la granja', de Orwell, durante un impás en el trasiego de clientes en el chiringuito. «El tiempo pasa más despacio en La Azohía», confirma Antonio el deseo inconsciente de tumbarse en una hamaca a la sombra del chiringuito de madera para, simplemente, observar cómo el aire infla los visillos blancos y los vuelve a abandonar en su caída. De vez en cuando alzar la mirada cuando un barco corta el horizonte azul rabioso de esta bahía mediterránea y, si acaso, hacer el esfuerzo de sorber de la pajita una dosis de mojito de la receta tradicional que preparan en este oasis del tiempo. Para qué pedir más.

Cuando no ha sido la compañía eléctrica, era la mano que sella un papelito que se ha ido de vacaciones, el caso es que la yincana para que el negocio funcione a 'full' ha tenido final feliz y todos los pistones del engranaje están listos. Nadie diría, con esta brisa playera, que fuera de la arena, donde el mundo está enlosado, todo es tan fácilmente exasperante. El truco es no salir al asfalto y atiborrarse en el Rockola de Otis Redding y hamburguesas gourmet, Aretha Franklin y Bloody Mary, hummus y Carolina Durante. «Mi tapa especial es la música, desde indie a rock'n'roll, de día y de noche», comenta Antonio, espabilado en el barrio cartagenero de San Félix y rodado en unos cuantos negocios de hostelería antes de volver a su hogar en La Azohía para montar el chiringuito con la mejor programación de música en directo de toda la costa murciana. Este fin de semana se subirán al escenario 365 grados -«como el de U2 pero en pequeño», se enorgullece el gerente- Sergio Galián, Nunatak y ÁngelPop. La próxima semana aplaudirán el pop de Cooper, la pareja Cat You & Jukebox Johnny, y el rock soul de Aurora & The Betrayers. Hasta que el Rockola no dé su último concierto no se puede acabar el verano, que disparará tracas indiepop de despedida en la última semana de agosto con The Yellow Melodies y Rafa Skam, entre otros.

Visita recomendada
Rockola Summer Club, en la playa de La Azohía.
Qué hacer
Dejar pasar las horas contemplando el mar y escuchando buena música rock, mientras pasas de la cerveza del aperitivo a una hamburguesa gourmet y te metes en el 'tardeo' con un mojito para esperar el concierto en directo del día.
El guía ideal
Antonio Luis Parens Navarro, gerente del Rockola.

Por la arena del Rockola han pasado ya bandas como Second, Los Coronas, los británicos Wedding Present, los bostonianos Gigolo Aunts o los gallegos Triángulo de Amor Bizarro. No es raro encontrarse acodado en la barra una noche al cantante Carlos Tarque, al locutor Toni Garrido, al actor Ginés García Millán o al cantante Nacho Ruiz. «Aquí llegan a pie o en barco, que fondean cerca de la orilla para tomar una copa y escuchar un concierto», anima Antonio las noches de decibelios.

«Mi tapa especial es la música, desde indie a rock'n'roll, de día y de noche» «El tiempo pasa más despacio en La Azohía»

A pesar de las dificultades para mantener una programación exigente cada verano, no se arrepiente del paso que dio hace 14 años. «Antes, todo era más fácil, terminabas el curso y te ponías las chanclas, tu bañador turbo lover, tu camiseta y a disfrutar sin preocupaciones», le tienta a veces volver a la vida sencilla bajo la torre de Santa Elena, donde se arremolinaba el olor de romero de la sierra. Pero no se pueden borrar tantos agostos memorables. «Lo peté desde el primer día porque en La Azohía no había nada. Música y diversión hasta las siete de la mañana. Fueron los años más divertidos, más interesantes y más humildes», escarba en la memoria noctámbula.