A un metro sobre el agua

Victoriano Jiménez en la pasarela de entrada al balneario San Antonio, en la playa Manzanares de Los Alcázares. / A. SALAS
Victoriano Jiménez en la pasarela de entrada al balneario San Antonio, en la playa Manzanares de Los Alcázares. / A. SALAS

El balneario San Antonio, con 118 años de historia, acoge el único restaurante sobre el Mar Menor. Victoriano Jiménez, su gerente, sabe que «en las casetas de baño hacían agujeros para mirar»

ALEXIA SALAS

Esa regla que define el erotismo como 'un poco es mucho', no debía de valer en absoluto para Los Alcázares de hace un siglo. «Las casetas de baño estaban totalmente agujereadas, porque algunos iban con un antiguo berbiquí de perforar madera para poder espiar a las señoras que se cambiaban de ropa», cuenta Victoriano Jiménez, uno de los tres hermanos que regentan el balneario San Antonio, monumento a la forma de vivir el mar que tenían en 1901, cuando Alfonso Carrión lo construyó como vestuarios en la intimidad para los bañistas. A su derecha estaba el Real Club Náutico, cuyas dimensiones permitían celebrar bailes con orquesta para la 'jet set' de la época: ricos empresarios de la minería, de los que encendían los puros con billetes, políticos, banqueros y demás esnobs del momento. Aunque estaba conectado con el San Antonio por una pasarela sobre el mar, este último fue concebido más bien para las clases medias que podían permitirse pagar un vestuario para tomar los novenarios en el Mar Menor. Dentro de la caseta, y con unos cuantos ojos espía, se quitaban refajos y pololos con vainicas, se enfundaban bañadores con enaguas y gorros tipo magdalena, más bien poco sensuales, «y se bañaban debajo del balneario para que nadie las viera», cuenta Victoriano del recato perdido.

Al otro lado, el San Antonio estaba escoltado por el balneario Nuestra Señora de los Ángeles, también para uso de los bañistas pero decorado con un gusto más selecto. Y con servicio de bar. Para quedarse en paños menores también importaban las clases sociales. El temporal huracanado de 1949 desmontó con toda su ira estos balnearios nobles tablón a tablón. Solo quedó maltrecho el San Antonio, que fue reconstruido y alberga el único restaurante sobre el Mar Menor. Hace décadas, el santuario de las miradas furtivas funcionó como discoteca con luces de colores y bailoteos hasta el amanecer, pero con la decadencia de las pistas de baile evolucionó a restaurante.

Visita recomendada
Balneario San Antonio, en la playa Manzanares de Los Alcázares.
Qué hacer
Tomar el sol, mirar el paisaje y darse un chapuzón en el Mar Menor sin mancharse de arena. Por supuesto, se puede desayunar, tomar aperitivos, un buen arroz y, de noche, cenar viendo el reflejo de la luna.
El guía ideal
Victoriano Jiménez.

Belle Époque

«Los toldos son para los españoles. A los extranjeros solo les gusta el sol y la terraza abierta» Reyes Caballero ambientó aquí algunas escenas del cortometraje 'La perla blanca'

Sus formas coloniales y su atmósfera Belle Époque atraen a un público constante, que disfruta tomando el sol sobre la plataforma de madera. «Los toldos son para los españoles. A los extranjeros solo les gusta el sol y la terraza abierta», comenta Victoriano. Este balneario es uno de los puntos donde más selfies por segundo se registran en la orilla continental del Mar Menor. «Es un monumento protegido. Cada vez que hay que hacer arreglos, que es constante por el mantenimiento que necesita al estar en el mar, tenemos que presentar informes previos», asegura el hostelero, que ha incluido en la carta el arroz San Antonio como una variedad del a banda. Platos marineros salen constantemente de la cocina para satisfacer el nuevo concepto del 'dolce far niente' en la playa. Si eres capaz de aislarte del bosque de flotadores y los toldos cerveceros de la orilla, podrías ver llegar a Marcello Mastroiani en 'Ojos negros', con su exquisito terno blanco, su sombrero Panamá y esa mueca de adorable vividor. La directora de cine Reyes Caballero sí lo debió ver, porque ambientó en el balneario algunas escenas de su corto 'La perla blanca', que cuela al espectador en la Rusia y la Niza de principios del siglo XX con damas vaporosas y copas de champán. El corto se proyectará el lunes en el parque de la Albohera dentro del ciclo de cine bajo las estrellas. Esto no es Niza, ni hay ya morbo por unos centímetros de piel, pero sirven cerveza fría, marineras y brisa marina.